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|name=Information field
|name=INTRODUCCION AL
CONOCIMIENTO HISTORICO
Conocimiento Histórico
La historia es la ciencia que estudia los hechos o fenómenos (de todo tipo y de
toda duración) de la vida de la humanidad, en todas sus conexiones, tanto sincrónicas
(con hechos de la misma época), como diacrónicas (con sus antecedentes y causas, y
con sus consecuencias).
La historia examina las primeras muestras de vida de dichos grupos humanos,
ve cómo adquieren conocimientos, cómo sus integrantes entran en relación con otros
seres humanos, cómo progresan, o cómo retroceden en ocasiones. La historia permite
observar, al mismo tiempo, lo que cada hombre o cada pueblo, han dado para el
enriquecimiento de la cultura de la humanidad, y cómo ese enriquecimiento ha podido
beneficiar a los demás.
Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, historia en el lenguaje
usual es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de
mentiras. A su vez, llamamos historia al pasado mismo, e, incluso, puede hablarse de
una historia natural en que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en
desuso, que se utilizaba para referirse no sólo a la geología y la paleontología sino
también a muchas otras ciencias naturales; las fronteras entre el campo al que se
refiere este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la
paleo antropología)
La historia como ciencia
Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se tiende a
clasificar a la historia entre las disciplinas humanísticas junto con otras ciencias
sociales (también denominadas ciencias humanas); o incluso se le llega a considerar
5
como un puente entre ambos campos, al incorporar la metodología de éstas a aquéllas.
La ambigüedad de esa división del conocimiento humano, y el cuestionamiento de su
conveniencia, ha llevado al llamado debate de las dos culturas.
No todos los historiadores aceptan la identificación de la historia con una ciencia
social, al considerarla una reducción en sus métodos y objetivos, comparables con los
del arte si se basan en la imaginación. Los partidarios de su condición científica son la
mayor parte de los historiadores de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI
(incluyendo, de entre los muchos que han explicitado sus preocupaciones
metodológicas. Buena parte de ellos, desde una perspectiva multidisciplinar (Braudel
combinaba historia con geografía, Bracher con ciencia política, Fogel con economía,
Gay con psicología, Trigger con arqueología), mientras otros investigadores la
vinculaban como la sociología y la antropología. Esto no quiere decir que entre ellos
hayan alcanzado una posición común sobre las consecuencias metodológicas de la
aspiración de la historia al rigor científico, ni mucho menos que propongan un
determinismo que (al menos desde la revolución einsteniana de comienzos del siglo
XX) no proponen ni las llamadas ciencias duras. Por su parte, los historiadores menos
proclives a considerar científica su actividad tampoco defienden un relativismo estricto
que imposibilitaría de forma total el conocimiento de la historia y su transmisión; y de
hecho de un modo general aceptan y se someten a los mecanismos institucionales,
académicos y de práctica científica existentes en historia y comparables a los de otras
ciencias (ética de la investigación, publicación científica, revisión por pares, debate y
consenso científico, etc.).
La utilización que hace la historia de otras disciplinas como instrumentos para
obtener, procesar e interpretar datos del pasado permite hablar de ciencias auxiliares
de la historia de metodología muy diferente, cuya subordinación o autonomía depende
de los fines a los que estas mismas se apliquen.
6
División del tiempo histórico
Prehistoria
Edad de Piedra Edad de los Metales
P a l e o l í t i c o Mesolítico
NEOLITICO
Edad DEL COBRRE
Edad DEL RONCE
Edad
P
DEL HIERRO
A
L
E
O
L Í T I C
O
I N
F
E
R I O
R
P A L E O L Í T I C O M E D I
O
PALEOLÍTICO SUPERIOR
Epi-PALEOLITICO
Proto-NEOLITICO
Historia (Occidente)
Protohistoria
Edad
Antigua
Edad Media
siglo
XV
Edad
Moderna
siglo
XVIII
Edad
Contemporánea
Antigüedad clásica
Antigüedad tardía
Alta Edad Media
Media
Edad
Baja
Plena Edad
Media
Crisis
siglo XVI
siglo XVII
siglo
XIX
siglo XX
siglo XXI
Periodización Universal de la Historia
Prehistoria
7
Desde la aparición del hombre (diferenciación de las distintas especies del
géneroHomo, sub tribuhominina, superfamilia Hominoidea, orden de los primates), de
fechas inciertas, hace más de dos millones de años; hasta la aparición de la escritura, en
torno al IV milenio a. C.
Paleolítico (etimológicamente Antigua Edad de Piedra, por la piedra tallada). Los hechos
más decisivos son los ligados a la evolución humana, en lo físico, y a la evolución cultural
primitiva (utilización de herramientas y del fuego y desarrollo de distintos tipos de
colaboración y conducta social primitiva; destacadamente el lenguaje). Los grupos sociales
no superarían el tamaño de hordas, con una población inferior a un habitante por kilómetro
cuadrado. La economía se limitaba a una relación depredadora con el medio ambiente
(caza, pesca y recolección), lo que no impedía un impacto notable (primera humanización
del paisaje natural y extinciones provocadas por la presión de la actividad humana en los
ecosistemas donde se introduce).
Paleolítico inferior. Primeros modos de talla lítica de instrumentos, asociados a restos
fósiles de homínidos: Australopitecus, Homo habilis y Homo ergaster (África sudoriental),
Homo erectus (extendido por todo el Viejo Continente); Homo antecesor y Homo
heidelbergensis (específicos de Europa -yacimiento de Atapuerca-).
Paleolítico medio. Ligado a cambios en la cultura material (Musteriense o modo 3) y en las
especies de homínidos (Hombre de Neanderthal en Europa, Homo sapiens arcaico en
África -Hombres de Kibish-), desde hace 130.000 años hasta hace 35.000 años
aproximadamente.
Paleolítico superior. Ligado a la cultura material asociada al Homo sapiens moderno: el
modo 4 (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense -en Europa-, Clovis y
Monte Verde -en América, donde por primera vez aparecen homínidos-); desde hace
35.000 años hasta hace 10.000 años aproximadamente. Ya no hay cambios significativos
para la paleo antropología en el registro fósil; las variaciones entre distintos grupos son
mucho más sutiles: las estudiadas tradicionalmente por la antropología física y que se
conocían como razas humanas, y que la moderna genética de poblaciones estudia con
renovadas metodologías (genética molecular). Junto con la paleo-lingüística pretende
reconstruir las migraciones primitivas
8
Neolítico (etimológicamente "nueva Edad de Piedra", por la piedra pulimentada). Del VIII
milenio a. C. al IV milenio a. C. aproximadamente. Su inicio en cada zona está ligado al
desarrollo de la denominada Revolución Neolítica: sustitución de la economía depredadora
(caza, pesca y recolección) por la economía productora (agricultura y ganadería), lo que
intensificó extraordinariamente la densidad de población (de crecimiento limitado -régimen
demográfico antiguo-) y el impacto en el medio ambiente. Aparición de la cerámica,
sustitución del nomadismo por el sedentarismo (asentamientos estables o aldeas). Tuvo
lugar a partir del VIII milenio a. C. en el Creciente fértil del Oriente Próximo, y se difundió
hacia el norte de África y Europa (en España a partir del VI milenio a. C.) y Asia. La
aparición de la agricultura y la ganadería se produjo de forma endógena en otras zonas del
mundo (con seguridad en América, de forma menos clara en otras zonas).
Edad de los Metales. Desde el IV milenio a. C. (o más tarde, según la zona), que aunque
es una época ya histórica en el Próximo Oriente Antiguo, es aún prehistórica en la mayor
parte del mundo. Tecnológicas de difusión paulatina (metalurgia, rueda, arado, vela).
Algunas aldeas se amurallan y aumentan de tamaño hasta transformarse en ciudades. La
economía y la sociedad se hace más compleja (excedentes, comercio a larga distancia,
especialización del trabajo, social con una élite dirigente caracterizada por la exhibición de
riqueza en forma de armas y monumentos funerarios). El tránsito a la historia se dará
cuando se complete la formación de las sociedades complejas (civilizaciones) con estado y
religión institucionalizada, que producirán la escritura.
Calcolítico o Edad del Cobre (III milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental).
Edad del Bronce (II milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental).
Edad del Hierro (I milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental, hasta la
romanización).
Edad Antigua
- Antigüedad temprana. Primeros estados (templos, ciudades-estado, imperios hidráulicos) en
Mesopotamia (Sumeria, Acad, Babilonia, Asiria), Antiguo Egipto, Levante Mediterráneo (Fenicia,
Antiguo Israel) y el resto del Mediterráneo Oriental (civilizaciones anatólicas -hititas-, y egeas -
minoica y micénica-); con muy poca relación con esos núcleos en India (cultura del valle del
Indo), China; y de forma endógena en la América precolombina y en algunas culturas del África
Subsahariana
9
- Antigüedad clásica: Entre el siglo VIII a. C. y el siglo II d. C. De validez restringida a las
civilizaciones griega y romana, caracterizadas por la cultura clásica (término de gran
ambigüedad, que en su aspecto espacial y temporal puede considerarse ampliado a todo el
Próximo Oriente por el helenismo posterior al imperio de Alejandro Magno y al Mediterráneo
occidental por el helenizado Imperio; o restringido al período clásico del arte griego -siglo V a. C.
y siglo IV a. C.-; o de forma aún más estricta reducido al siglo de Pericles -la Atenas de
mediados del siglo V-), y unos precoces conceptos de libertad, democracia y ciudadanía que se
basaban paradójicamente en la sumisión de otros pueblos y la utilización intensiva de la fuerza
de trabajo esclava. Ambas civilizaciones contaban sus eras desde fechas del siglo VIII a. C. (la
primera olimpiada o la fundación de Roma, respectivamente). Simultáneamente se desarrolló el
Imperio persa, que ocupa el espacio intermedio y pone en contacto las civilizaciones
mediterráneas con las civilizaciones asiáticas, especialmente la hindú, mientras que las
civilizaciones de Extremo Oriente, como la china, se desarrollan de forma prácticamente
independiente, y las americanas en total desconexión.
- Antigüedad tardía: De validez restringida a Occidente, es un período de transición, desde la
crisis del siglo III hasta Carlomagno o la llegada del Islam a Europa (siglo VIII), en que el imperio
romano entra en decadencia y sufre el impacto de las invasiones germánicas, nuevas religiones
monoteístas (cristianismo e Islam) se imponen como religiones dominantes y el modo de
producción esclavista se sustituye por el modo de producción feudal. En Oriente sobrevive el
Imperio bizantinorehelenizado.
Edad Media
De validez restringida a Occidente, desde la caída del Imperio romano de Occidente
(siglo V) hasta la caída del Imperio romano de Oriente (siglo XV). En un período tan
prolongado se produjeron dinámicas muy complejas, que poco tienen que ver con los
tópicos de aislamiento, inmovilismo y oscurantismo con que se la definía desde la
perspectiva de la modernidad, que la infravaloraba como un paréntesis de atraso y
discontinuidad entre una mitificada edad antigua y su renacimiento en la moderna.
▪ Alta Edad Media: siglo V al siglo X. Una época oscura por la escasez de fuentes
escritas, debida al retroceso de la vida urbana y de la descomposición del poder político
que caracterizan al feudalismo. La Iglesia, sobre todo a través del monacato, se convierte
en la única continuidad de la tradición intelectual. La nobleza y el clero, vinculados
familiarmente, son los señores que ejercen el poder político, social y económico sobre los
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campesinos sometidos a servidumbre. Castillos y monasterios se imponen en un paisaje de
bosques, baldíos y pequeñas aldeas casi incomunicadas.
▪ Baja Edad Media: Del siglo XI al siglo XV. A veces se restringe al siglo XIV y al
siglo XV, como crisis de la Edad Media o Crisis del siglo XIV; denominándose el período del
siglo XI al siglo XIII como plenitud de la Edad Media. Se produce una revolución urbana y
un aumento de la actividad comercial y artesanal de una incipiente burguesía, al tiempo
que se fortalece el poder de las monarquías feudales. Los poderes universales (Pontificado
e Imperio) se enfrentan y entran en crisis. Las Cruzadas demuestran la capacidad de
expansión europea hacia el oriente del Mediterráneo, mientras en Andalucía (España
musulmana) se imponían los reinos cristianos del norte peninsular. La universidad medieval
reelaboró el saber antiguo a través de la escolástica (revolución del siglo XII). En los siglos
finales se conforman los rasgos que caracterizarán todo el período del Antiguo Régimen:
una economía en transición del feudalismo al capitalismo, una sociedad estamental y una
monarquía autoritaria en transición a la monarquía absoluta.
Edad Moderna
De mediados o finales del siglo XV a mediados o finales del siglo XVIII. (Para los
anglohablantes, Early Modern Times, es decir, "Primera Edad Moderna" o "Edad Moderna
Temprana"). Se toma como hitos que marcan su comienzo la imprenta, la toma de
Constantinopla por los turcos o el descubrimiento de América; como final, la Revolución
francesa, la independencia de los Estados Unidos de América o la Revolución industrial. Es
por primera vez, un período de validez casi mundial, puesto que para la mayor parte del
mundo (con la excepción sólo parcial de China o Japón -que tras unos primeros contactos
optan por cerrarse a la influencia exterior en mayor o menor medida- o de espacios
recónditos de América, África y Oceanía -colonizados en el siglo XIX-), significó la
imposición de la civilización occidental y la denominada economía-mundo. Se inició con la
era de los descubrimientos y la expansión del imperio español y el portugués, mientras el
mundo de las ideas experimentaba las innovaciones del Renacimiento, la Reforma
Protestante y la Revolución científica; contrapesadas por la Contrarreforma y el Barroco.
Mientras en la Francia de Luis XIV triunfaba el absolutismo, en otras partes de Europa
noroccidental lo hacían las primeras revoluciones burguesas que desafiaban al Antiguo
Régimen (revolución holandesa, revolución inglesa) y en el sur y este del continente se
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observaba un proceso de refeudalización. El eje de la civilización se desplazó de la cuenca
del Mediterráneo al océano atlántico.
Edad Contemporánea
Desde mediados o finales del siglo XVIII hasta el presente. (Para los anglohablantes
Later Modern Times, es decir, "Segunda Edad Moderna" o "Edad Moderna Tardía"). Una
inicial era de las revoluciones (revolución industrial, revolución burguesa y revolución
liberal) acabó con el Antiguo Régimen y dio paso en la segunda mitad del siglo XIX al
triunfo del capitalismo que se extiende con el imperialismo a todo el mundo, al tiempo que
se veía contestado por el movimiento obrero. Las guerras napoleónicas dieron paso a un
periodo de hegemonía británica durante la era Victoriana. El comienzo de la transición
demográfica (primero en Inglaterra, poco después en el continente europeo y
posteriormente en el resto del mundo) produce una verdadera explosión demográfica que
altera de forma radical el equilibrio social y el del hombre con la naturaleza, sobre todo a
partir de la segunda revolución industrial (paso de la era del carbón y de la máquina de
vapor a la era del petróleo y el motor de explosión y la era de la electricidad). La primera
mitad del siglo XX se marcó por dos guerras mundiales y un período de entreguerras en el
que las democracias liberales enfrentadas a la crisis de 1929 se ven desafiadas por los
totalitarismos soviético y fascista. La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por el
equilibrio del terror entre las dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética), y la
descolonización del Tercer Mundo, en medio de conflictos regionales de gran violencia
(como el árabe-israelí) y una aceleración de la innovación tecnológica (tercera revolución
industrial o revolución científico-técnica). Desde 1989, la caída del muro de Berlín y la
desaparición del bloque comunista condujeron al mundo actual del siglo XXI presidido por
la globalización tanto de la economía como de la presencia política, militar e ideológica
(poder blando) de la única superpotencia, así como de sus aliados (potencias clásicas -
Unión Europea, Japón-), socios o posibles rivales (potencias emergentes -China-) y
opositores (potencias menores, como algunos países islámicos, y movimientos a veces
expresados en terrorismo.
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NIDAD N°1:
LAS SOCIEDADES ANTIGUAS
MESOPOTAMIA
El término hace referencia a una tierra entre ríos; específicamente la región
comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, entre las mesetas de Irán y la zona
conocida como Asia menor. Los ríos posibilitaron el establecimiento de los hombres en
medio de una zona de desiertos y montañas. Los hombres transformaron los pantanos
del lugar en campos sembrados y en aldeas y ciudades de piedra.
La Mesopotamia Asiática podemos dividirla en dos sectores:
▪ Al sur: baja Babilonia con tierras arcillosas y fértiles, productora de abundantes
cosechas.
▪ Al norte: alta Asiria, una llanura accidentada rica en bosques, minerales y
piedras.
La Mesopotamia fue durante mucho tiempo el centro del mundo antiguo, el único
paso importante entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Las ricas llanuras del Tigris y
del Éufrates siempre estuvieron expuestas a las invasiones de los nómadas del
desierto y al ataque brutal de los montañeses. La historia de la Mesopotamia es una
sucesión de guerras, de invasiones y de dominaciones que no duraron mucho tiempo.
Hacia 4000 a.C., un pueblo de origen desconocido, los sumerios, ocuparon el
sur de la Mesopotamia. Grandes constructores de diques y de canales de riego, los
sumerios fundaron ricas ciudades, que comerciaban con las costas del Mediterráneo y
el valle del río Indo. En muy corto tiempo, los sumerios conquistaron todo el sur de
Babilonia. Sin embargo, las ciudades sumerias actuaban como principados
independientes (ciudades- Estado) gobernadas por un príncipe, trataron de mantener el
separatismo, mientras disputaban las sangrientas guerras con las ciudades vecinas.
Mientras ocurría todo esto en Sumer, en el norte de Babilonia, un pueblo llegado
de los desiertos cercanos, el pueblo acadio, dominaban la zona fundando ciudades.
Con el tiempo, los acadios dominaron con mano de hierro a los sumerios,
estableciendo el primer reino unificado de la región, la primera Babilonia. Sin embargo,
13
el reino babilónico duró menos de cien años, pues nuevos invasores acabaron con su
poder, reiniciándose así un período donde cada una de las ciudades se mantuvo
independiente.
Hacia el siglo IX, la Mesopotamia era un sólo reino. Nos encontramos ante el
imperio Asirio y la capital fue la ciudad de Nínive. Pese al triunfo, los habitantes de
Babilonia, decidieron terminar con el dominio. Se estableció un nuevo imperio llamado
Nueva Babilonia. Este llegó a conquistar las costas mediterráneas, pero, menos de cien
años después, desapareció la independencia de los pueblos.
La historia de las culturas que se desarrollaron en la Mesopotamia, es confusa,
pueblos victoriosos que sometieron a otros, luchas sucesivas para lograrla hegemonía
en el territorio, para acabar finalmente dominados por nuevos invasores que provenían
de otras tierras.
La sociedad mesopotámica se componía de los siguientes grupos:
▪ LOS NOBLES: el rey, los sacerdotes, los escribas.
▪ LOS HOMBRES LIBRES: comerciantes, artesanos, campesinos.
▪ LOS ESCLAVOS: prisioneros de guerra.
EGIPTO
Numerosos grupos de origen semitas norafricanos, negroides del sur, invadieron
el valle y el delta del Nilo atraídos por la fertilidad del suelo. Luego valoraron las
condiciones del suelo mejorando técnicas agrícolas. Aprendieron a disciplinar la
fertilidad de la tierra en que vivían. La población heterogénea se unió en amplias
comunidades con dirigentes para llevar a adelante la adaptación al medio geográfico.
Organización política y social: teocracia y absolutismo.
Una característica más saliente de la sociedad egipcia era la marcada
desigualdad social (monarquía centralizada).A la cabeza de la sociedad el faraón, que
era un dios sobre la tierra y como tal era reverenciado y temido; su poder era por
herencia y origen divino. Solía realizar sus matrimonios dentro de su misma familia o
con mujeres de la alta nobleza. También estaban los escribas (clase social al servicio
del estado, mediante costosos estudios accedían a la escritura jeroglífica. La inmensa
mayoría de la población eran pobres campesinos y artesanos sometidos a la
explotación por parte del estado para el sostenimiento de cultos y grandes templos.
14
Existió la esclavitud, reclutada entre los prisioneros de guerra ocupaban el último
escalón de la escala social.
Religión
Dedicaron una gran parte de sus riquezas al culto de los reyes muertos, porque
por medio de sus ofrendas esperaban desde una gran cosecha hasta un bienestar más
grande en otra existencia después de la muerte. Su religión era politeísta, pensaban
que las divinidades estaban presentes en las estatuas que las representaban y algunos
animales sagrados como el buey.
El faraón, considerado como un dios viviente y un hijo del máximo dios, el dios
sol, denominado Ra. Cada soberano, desde el inicio de su reinado, comenzaba a
preparar la tumba en el cual sería sepultado, una de las mayores preocupaciones de
los egipcios era proveerse de una morada para después de la muerte.
Las tumbas reales podían ser mastabas, las más antiguas y modestas (con una
cavidad rodeada por una pared de ladrillos con una capilla para las ofrendas);
pirámides, enormes construcciones de piedra; o hipogeos, tumbas subterráneas
cavadas en la roca de las montañas cercanas al valle del Nilo, son la sepultura más
moderna disimuladas en la montaña para evitar el robo de las riquezas que se
depositaban en ellas. Los cuerpos muertos se encontraban momificados.
Legado Cultural
La cultura egipcia, desde las primeras épocas de Menes, el faraón unificador, se
desarrolló a lo largo de tres mil años, antes del nacimiento de Cristo.
Este pueblo ha dejado para la posteridad un rico legado que va desde las
famosas pirámides y colosales hasta esculturas de todo tipo, algunas hasta "hablaban";
con una extraordinaria literatura y, sobre todo, su sistema de numeración y amplios
conocimientos científicos. Para evitar los latrocinios de los saqueos de tumbas se
trasladaron al Valle de los Reyes donde pueden verse tumbas excavadas en la roca
viva, templos funerarios como el de la reina Hastsepsut. El faraón Akenatón, impuso el
monoteísmo, reglas artísticas y construyó una ciudad extraordinaria con avenidas y
puentes. Los sacerdotes no dejaron que estas ideas prosperaran y su hijo fue obligado
a continuar con las ideas anteriores.
La obra más famosa son las estatuas colosales de Memón, en épocas de
esplendor egipcio estas estatuas "hablaban", en realidad un ingenioso dispositivo
15
basado en la inclinación de los rayos solares, utilizaban la condensación de la
humedad en un cierto día del año, lo que provocaba un efecto casi igual al habla. Las
paredes de las tumbas estaban cubiertas por pinturas que describen con total realismo
escenas cotidianas y del mundo religioso.
Maravillosos poemas de amor, consejos para los gobernantes, himnos religiosos
y también verdaderas historias de aventuras, ("memorias de Sinuhit", adaptada en una
famosa película: Sinué en egipcio. Todas estas obras están escritas en jeroglíficos,
sistema de escritura basado en ideogramas. Más adelante se agruparon las
consonantes aisladas, sin incluir vocales. En segundo término se utilizó la hierática.
Más adelante fue creada la escritura demótica.
LA ANTIGUA GRECIA
Los griegos daban el nombre de pelasgos a los primeros habitantes de su país.
Estos labraban la tierra y se les atribuyó la fundación de las más antiguas poblaciones.
A fines del siglo XV se produce una civilización de pueblos más civilizados que hablan
un dialecto indoeuropeo, es decir emparentado con los idiomas que hoy se hablan en
Europa. Las inscripciones egipcias y los poemas homéricos llaman a estos pueblos
aqueos y son antecesores de los helenos.
En el último período de la edad del bronce en Grecia (1500-1200 a. C.), el
continente fue absorbiendo paulatinamente la civilización cretense. Hacia el 1400 a. C.,
los aqueos conquistaron y controlaron las islas y poco después también dominaron el
continente, en especial la región de Micenas. Debido a las exhaustivas investigaciones
de sus ruinas, la ciudad da su nombre a los antecesores aqueos, aunque también
destacaron en importancia otras ciudades-Estado. La guerra de Troya, descrita por
Homero en la Ilíada, comenzó alrededor del 1200 a. C. y probablemente fue uno de los
conflictos bélicos que tuvieron lugar entre los siglos XIII y XII a. C. cuando la civilización
micénica estaba en su apogeo. Puede que tuviera relación con la última y más
importante invasión del norte, que ocurrió en aquel tiempo e introdujo la edad del hierro
en Grecia gracias a los dorios.
Los dorios abandonaron las montañas del Epiro y descendieron al Peloponeso y
a Creta, utilizando armas de hierro para conquistar y expulsar a los anteriores
habitantes de estas regiones. Los dorios derrocaron a los monarcas aqueos y se
asentaron sobre todo en las regiones meridionales y orientales de la península. Esparta
y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Muchos aqueos
16
buscaron refugio al norte del Peloponeso, zona que más tarde se llamó Aquea. Otros
resistieron duramente a los dorios, y tras ser sometidos, fueron reducidos a
servidumbre y denominados ‘ilotas’. Los que lograron huir se refugiaron en el
Peloponeso, se reunieron con sus parientes en Ática y en la isla de Eubea, pero
después emigraron al igual que los eolios a las costas de Asia Menor.
En los siglos posteriores al 1200 a. C.C. la progresiva colonización de las costas
de Asia Menor, primero por los refugiados procedentes de zonas ocupadas por los
dorios y más tarde por los mismos dorios, convirtió la región en parte política y cultural
de Grecia. Por cada una de las tres divisiones étnicas griegas se creó una gran
confederación. La parte norte de la costa de Asia Menor y la isla de Lesbos formaban la
Confederación Eólica. La Confederación Jónica ocupaba el distrito medio, llamado
Jonia, y las islas de Quíos y Samos. Al sur de las islas de Rodas y Cos se estableció
una Confederación Dórica. Varios siglos después (750-550 a. C.), el rápido aumento de
la población, la escasez de alimentos, el florecimiento de la artesanía y el comercio y
otros factores conllevaron una nueva oleada colonizadora. Se fundaron colonias en
lugares tan lejanos como la costa oriental del mar Negro y Massilia (actual Marsella,
Francia), y tuvieron lugar asentimientos en Sicilia y la parte meridional de la península
Itálica. Esta última tenía tal densidad de población griega que se la conocía como la
Magna Grecia.
A lo largo de la formación de Grecia se distinguen una Continental y otra
Marítima.
Grecia Continental : También denominada Hélade, comprendía la parte inferior de la
península de los Balcanes región caracterizada por ser la más montañosa de las tres
penínsulas mediterráneas de Europa esta se unía con la península del Peloponeso
(hoy Morea) por el istmo de Corinto. El territorio griego se hallaba entre los mares Egeo
y Jonico, hacia el norte no se conocía una frontera natural pero según Estrabon
(geógrafo griego), esta podía marcarse con una línea que iba desde el golfo de Arta
hasta el golfo de Salónica. El territorio de Grecia se caracterizó por presentar un
conglomerado de montañas de rocas calcáreas y frecuentemente desnudas, las cuales
se hallan separadas por valles estrechos y profundos o por llanuras, verdaderas
cuencas de antiguos lagos donde abundan los olivares; entre tales llanuras podemos
nombrar las de Tesalia, Tebas, Atenas, Argos y la Esparta. Entre las montañas más
célebres podemos nombrar el Pindo, el Olimpo, el Osa, el Pelión, el Parnaso, el
17
Helicón, el Himeto y el Pentélico. En Peloponeso se alza la alta planicie de Arcadio
terminada hacia el sur por la poderosa cadena del Taigeto.
Grecia marítima: Grecia tenía una posición marítima privilegiada pues presentaba
posibilidades de comunicación marítima a lo largo de todo el territorio gracias a sus
golfos, entre los cuales los más relevantes son de Corinto y de Egina, que apenas
estaban separados por una lengua de tierra de 5 Km. Grecia poseía más de 2000 Km
de costa, de manera que no existía cantón o república que no tuviese bahías y
promontorios bañados por el mediterráneo.
Grecia estaba envuelta por las islas algunas tan próximas del continente que
parecen su prolongación, lo cual sucede con la Eubea, y las Cícladas esparcidas por el
mar Egeo, las que señalaban el paso entre Europa y la costa de Asia, donde otros
griegos poblaban las grandes islas de Lesbos, Quío, Samos, y Rodas. El mar formó
marinos y comerciantes poniendo a los griegos en contacto con todos los pueblos de
oriente de quienes tomó los primeros elementos de civilización. El mar fue el que les
dio riquezas e hizo que Estados de muy corta extensión, reducidos casi a una ciudad,
fueran el centro de verdaderos imperios mediterráneos.
La época arcaica
Hacia el año 1100 a. C. penetraron en el territorio griego los dorios llegando a
constituir la cultura centro micénica. Es en esta época cuando empieza la llamada
"edad media griega" y fue una larga etapa de formación que se prolongó hasta el siglo
VIII.
Uno de los procesos más importantes que se dieron fue el de la formación de los
Estados griegos, surgidos de la fusión entre la población indígena y los invasores.
Abarcaban pequeñas comarcas con una ciudad como centro, la Polis. En
general, todos ellos pasaron por etapas parecidas en cuanto a la evolución de su forma
de gobierno. Al comienzo de esta época eran monarquías, a las que sucedió un
gobierno aristocrático, que en buen parte de ellos derivó hacia la democracia.
La expansión comercial, el crecimiento demográfico y el endeudamiento del
campesinado, entre otros motivos, obligaron a los griegos a abandonar sus lugares de
origen, se instalaron tanto en Oriente como en Occidente y fundaron colonias; hubo dos
clases de colonias: las plazas comerciales y las agrarias, mantenían fuertes lazos
culturales con la metrópoli, pero disfrutaban de una total independencia político
administrativa.
18
La expansión por Oriente la realizaron en dos etapas. En la primera colonizaron
las islas del Egeo y las costas del Asia menor. En la segunda, tras conquistar el norte
del Egeo y el Helesponto, llegaron hasta Crimea y el mar de Asov. Los griegos llegaron
incluso hasta el país del Nilo, en cuyo delta instalaron también una factoría.
Seguidamente se dirigieron hasta Occidente. Fundaron colonias en Sicilia y en el sur
de Italia, en un área que fue conocida con el nombre de Magna Grecia. Llegaron hasta
las costas del Mediterráneo español donde entraron en contacto con Tartesos, y las del
sur de Francia. Estas colonias en parte de poblamiento y en parte puramente
comerciales, difundieron la técnica y el arte helénicos
La época helénica
Una vez finalizadas las grandes migraciones al Egeo, los griegos desarrollaron
una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos ‘helenos’, nombre derivado,
según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término griegos, empleado
por posteriores pueblos extranjeros, provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín
de una pequeña tribu helénica del Epiro con la que los romanos tuvieron contactos. Al
margen de la mitología, que era la base de una compleja religión, los helenos
desarrollaron una genealogía que remontaba sus orígenes a héroes con carácter semidivino.
A pesar de que los pequeños Estados helénicos mantenían su autonomía,
seguían un desarrollo similar en su evolución política. En el período pre-helénico los
jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados.
Entre el 800 y el 650 a. C. estas monarquías se fueron sustituyendo por oligarquías de
aristócratas, ya que las familias nobles compraban las tierras y éstas eran la base de
todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a. C. muchas de estas oligarquías
helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desafectos,
llamados tiranos. La aparición de las tiranías se debió sobre todo a un factor
económico. El descontento popular surgido frente a las aristocracias se había
convertido en un importante factor político a causa del aumento de la esclavitud de los
campesinos sin tierras; la colonización y comercio en los siglos VIII y VII a. C. aceleró
el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que supieron aprovecharse del
gran descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las
ciudades-Estado.
19
Después de las guerras médicas, Atenas, orgullosa de gloria y rica por las
conquistas, brilló con esplendor extraordinario. Esa es la época en que nos ofrece el
cuadro más perfecto de la vida griega. El bienestar y la alegría del hogar, llamaban muy
poco la atención al griego, porque su mayor parte de tiempo lo pasaba ocupado en sus
negocios, ejercicios físicos, política y ceremonias.
Vivía no para su familia, sino para la ciudad, por lo que el lujo de esta (no en
todos los caos) era su orgullo. Se contentaba personalmente con una vida sencilla y
modesta, con tal que los monumentos y fiestas a sus dioses provocaran admiración
universal.
Atenas
Atenas no era una ciudad con casas altas ni calles anchas. Las casas se
agrupaban en la falda de la Acrópolis según el capricho del dueño, y formaban un
dédalo de callejuelas de que sólo los antiguos barrios indígenas de las ciudades
argelinas pueden dar una idea. Luego del incendio de la ciudad por los persas, se
reconstituyó Atenas, se crearon barrios nuevos en que se plantaron árboles, las casas
fueron más espaciosas y las calles se trazaron a cordel, pero en realidad todo esto sólo
se hizo en los barrios más ricos. Los comerciantes permanecieron en sus casuchas de
la antigua Atenas.
La vida pública: La vida de un ciudadano de Atenas puede compararse con la de un
hombre que fuera en tiempo ordinario a la vez comerciante y diputado, y que en ciertos
casos fuera llamado por elección o porque le tocara la suerte, a ser magistrado
empleado de menor categoría u oficial. Todos los ciudadanos eran iguales en derechos
y tomaban parte en el gobierno y en la administración pública. Este gobierno de un
Estado en que el pueblo ejerce la soberanía, se llama democracia.
La democracia: “La constitución que nos rige, dice Pendes, ha recibido el nombre de
democracia porque su fin es la utilidad del mayor número y no la de una minoría.” El
filósofo Aristóteles resume poco más o menos en estos términos el funcionamiento de
la democracia. Es preciso que los magistrados sean elegidos por todos o por sorteo;
que las dignidades no se distribuyan según la importancia de la fortuna; que las
funciones no duren nunca muy largo tiempo, que todos los ciudadanos sean llamados a
juzgar con los tribunales, y, por último, que la decisión de todas las codas dependa de
la Asamblea general de los ciudadanos".
20
Así se procedía en Atenas, cualquier ciudadano, sin que se tuviera en cuenta su
nacimiento o su fortuna, podía aspirar a los honores y a alcanzarlos, pues los cargos de
arconte, de senador y de juez eran sorteados todos los años. Todo ciudadano
participaba del gobierno, porque él decidía con su voto si las leyes propuestas habían o
no de entrar en vigor ya en Atenas, ya con el resto del imperio. También tenía derecho
a gozar de comodidades, puesto que, con el fin de que hasta los pobres pudieran
desempeñar los cargos públicos, se imaginó que éstos fueran retribuidos y que se
retribuyera la presencia en la Asamblea; por consiguiente, cumplir con los deberes de
ciudadano, fue un verdadero oficio para el ateniense.
Esta democracia era en, realidad una aristocracia. Los electores eran poco
numerosos (15.000 a lo sumo), y la Asamblea era como una reunión pública en a que
todo el mundo se conocía. Tenían esclavos para atender a los trabajos, y súbditos
para abastecer de dinero a la ciudad. La vida era barata, y con poco gasto podía
tenerse un buen pasar. Todos los años se designaba por sorteo a 6.000 ciudadanos
para que fueran magistrados, con lo cual se llegaba al resultado de que la mitad de la
ciudad administraba a la otra mitad. Nada es menos conforme con el concepto de las
democracias modernas; en éstas, aunque la masa electoral la compongan millones de
miembros, el pueblo encomienda a mandatarios el cuidado de gobernarlo, mientras que
él se dedica a trabajar para vivir.
Pericles: en Atenas, dice Fenelón, todo dependía del pueblo yal pueblo
dependía de la palabra. El verdadero dueño de Atenas era el hombre que hablaba en
público, o sea el orador. Este papel lo representó de manera particularmente, brillante
Pendes, jefe del partido popular, que pertenecía por su nacimiento a la familia de
Pisistrato y a la de los antiguos reyes de Atenas. Al prestigio de su cuna unía los
atractivos de un ingenie esmeradamente cultivado. Maestros suyos fueron varios
filósofos célebres, y había adquirido todos los conocimientos de que ha menester un
hombre de Estado. Tuvo miras muy liberales en todas las cosas, y en él se adunaban
el carácter recto y franco, y un desinterés tal que la calumnia nunca pudo cebarse en
él. Su modestia inspiró confianza, y su elocuencia le llevó a ser el verdadero amo del
pueblo. De aquí el que sin haber ejercido jamás un cargo político y sin que hubiera sido
arconte siquiera, gobernara realmente a Atenas.
Sus discursos influyeron grandemente en la marcha de los negocios públicos;
influencia que siempre se ejerció en vista de acrecentar los derechos y el poder del
pueblo, de extender el imperio de Atenas y de favorecer el desarrollo de las letras y de
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las artes. He aquí por qué este Período, el más glorioso de Atenas, ha sido llamado el
siglo de Pericles.
El ágora: La asamblea del pueblo, en la que reinó Pericles, se celebraba en una colina
frente al Acrópolis, en el Pnix, o bien en las faldas mismas del Acrópolis, en el teatro de
Baco y, de ordinario, en el ágora, es decir la plaza del mercado. Todos los ciudadanos
de la población y del campo tenían el derecho de asistir a ellas. La reunión se
efectuaba tres veces al mes, no contadas las sesiones extraordinarias. Los atenienses,
locuaces por lo general, mataban el tiempo discutiendo mientras llegaba la hora de la
sesión. Llegada ésta, los guardias escitas, encargados de mantener el orden en la
ciudad, tendían de un extremo a otro del ágora una cuerda cubierta de polvo rojo, y
empujaban a los presentes hacia el lugar de la asamblea. Los que acudían tarde, eran
también marcados de rojo en la espalda y debían pagar una multa.
La sesión estaba presidida por una comisión del Senado, y empezaba con un
sacrificio. Después un heraldo leía la proposición de ley preparada por el Senado, y
preguntaba ¿Quién quiere hablar? Los oradores se presentaban y tomaban
sucesivamente la palabra, subiendo sobre una plataforma de piedra desde donde
podían ser vistos y oídos por todos. El pueblo, ávido de elocuencia, escuchaba los
debates con pasión y después votaba levantando las manos. Su decisión no tenía
apelación.
Los heliastas: Juntamente con el tribunal aristocrático del Areópago, prosperó el
sistema de tribunales compuestos de ciudadanos-jueces o, dicho de otro modo el juicio
por jurados. Cada año se sorteaban entre 6.000 ciudadanos los 5.000 que debían
repartirse en diez secciones de 500 miembros, secciones llamadas dicastenas. El
dicastero que debía conocer de cada proceso, era designado por sorteo la misma
mañana en que se daba vista de la causa, bajo la presidencia de un arconte. Se llamó
hélicola reunión de los 5.000 jurados o heliastas. Los acusados debían defenderse sin
auxilio de abogados. Los que no podían hacerlo, aprendían de memoria una defensa
hecha por personas conocedoras, llamadas logógrafos. El tiempo de la defensa estaba
limitado y marcado por un reloj de agua llamado clepsidra. La sentencia se pronunciaba
a raíz del voto emitido por medio de guijarros, negros en caso de fallo condenatorio, y
blancos si el fallo era absolutorio.
El poder marítimo y el Pireo: El centro del comercio y del poder marítimo de Atenas,
el puerto del Pireo, reunía todos los almacenes, astilleros y arsenales: lo completaban
los dos puertos de guerra de Zea y de Muniquia; estaba rodeado de murallas, y unido a
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Atenas por los Muros Largos, entre los cuales se abrigaba un camino fortificado a
ambos lados en toda su longitud, el puerto del Pireo llegó a ser el centro de un
movimiento comercial importantísimo. Fue almacén o depósito de los trigos de Tracia y
de Egipto, de la pesca del mar Negro, de los metales del norte, de los tapices, telas de
oriente, de los cedros, de la púrpura y de la cristalería de Fenicia, del lino de Egipto, y
de los vinos y frutos de las islas. En el Pireo vivía una población cosmopolita en la cual
predominaba el elemento levantino, de toda procedencia. Esos extranjeros,
domiciliados en Atenas, que se llamaban metecos, y no eran ciudadanos, soportaban
algunas de las cargas de éstos, tal el servicio en la marina, y debían pagar, a menudo,
censos extraordinarios.
La marina y el ejército: Para mantener su preponderancia, Atenas tuvo que hacer la
guerra a los persas, dominar revoluciones y conquistar nuevos territorios. Con este fin
aumentó el número de sus barcos de guerra, que llegó hasta 300, y modificó además el
carácter de su ejército de tierra. El núcleo de éste continuó siendo el cuerpo de
hoplitas; pero se aumentó la fuerza de caballería y de infantería ligera, armas
necesarias para las expediciones en terreno muy diverso.
Estos cuerpos auxiliares se compusieron principalmente de soldados
mercenarios, entre los cuales conviene distinguir los peltastos, cazadores cubiertos con
una coraza de tela fuerte, que usaban una especie de adarga llamada pelta, espada
larga y dardo, soldados que combatían dando vueltas alrededor de los hoplitas.
Una singularidad del ejército ateniense consistía en que los generales o
estratégicos eran nombrados por elección, manera que el pueblo tenía que intervenir
en la dirección de la guerra.
Los impuestos: el sostenimiento de estas fuerzas y los gastos de gobierno
democrático exigían mucho dinero. Atenas tenía tres fuentes principales de recursos 1)
el producto de las minas de plata del Laurio y de las minas de oro de Tracia; 2) el
tributo de los aliados y 3) a los impuestos.
Los impuestos ordinarios eran aduanas, consumos, contribución a cargo de los
extranjeros y, en tiempo de guerra, el impuesto de rentas. Había también tributos
extraordinarios llamados liturgias, que sólo pagaban los liturgos, esto es, los
ciudadanos más ricos. Las principales liturgias eran la tricrarquia o armamento de un
trirreme; la coregia u organización de una representación dramática. Nos extrañará la
cantidad e importancia de los impuestos; pero vale recordar que el griego consideraba
que debía al Estado la vida, el tiempo y los caudales que éste creía necesario exigir.
23
Entre todas las ciudades griegas, Atenas y Esparta han representado un papel
preponderante. De aquí que los latinos las llamasen los dos ojos de Grecia, y nos
interesen, porque la rivalidad de entre ambas es el fundamento de la historia griega. En
Atenas, el hombre fue principalmente un ciudadano apasionado de la libertad política,
de la actividad comercial, del arte y de la literatura. En Esparta, fue únicamente un
soldado que se ejercitó sin descanso en las virtudes militares y estuvo siempre
dispuesto a dar su vida por la patria.
Esparta
Esparta o Lacedemonia, capital de la Laconia, fue similar a una ciudad cuartel.
Más bien que una ciudad, era un grupo de cinco aldeas situadas en las orillas
pantanosas del Eurotas, que baja torrentoso de la meseta de Arcadia y atraviesa
mansamente a Laconia. Esparta no estuvo nunca cercada de murallas, porque no tuvo
necesidad de ellas. Laconia, cuyo centro lo ocupaba Esparta, está, en efecto, rodeada
de montañas; éstas son bastante altas y permiten que la nieve permanezca ahí casi
todo el año; además, las sendas transitables son muy raras y es muy fácil defender los
desfiladeros. Ahora, si se añade que el valle del Eurotas es fértil y puede alimentar la
población, se comprenderá que Esparta fuera un campo atrincherado natural, en el que
vivió un pueblo de soldados.
Los espartanos formaron parte de una invasión de dorios griegos del norte que,
echados de su país por los tesalios, acometieron las penínsulas del Peloponeso y
conquistaron las ciudades de los aqueos. Los dorios de Esparta tomaron el nombre de
espartanos. Menos numerosos que los vencidos, hubo que estar constantemente sobre
las armas en medio de aquellas poblaciones sojuzgadas, a fin de conservar lo que
habían conquistado.
Por consiguiente no les fue posible labrar la tierra o dedicarse al comercio.
Fueron un ejército invasor que vivía de lo que le daba el suelo gracias al trabajo de los
vencidos y cuyo exclusivo oficio era la guerra. Todo en ellos era preparación militar.
Fueron los guerreros mejor adiestrados y más heroicos de Grecia; pero desdeñaron el
bienestar y la cultura intelectual porque, según ellos, corrompían las virtudes marciales.
Su ideal consistió en formar una comunidad militar en la que cada cual, por disciplina,
tuviera orgullo en sacrificar su libertad y su vida por el interés superior del estado.
Laconios, periecos e ilotas: el territorio de Laconia, dividido en lotes que no podían
venderse ni cederse, fue propiedad de los vencedores. Los habitantes de la llanura
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continuaron viviendo en su antiguo suelo en condición muy parecida a la esclavitud.
Los de las montañas y del litoral, sometidos posteriormente, fueron tratados con menos
dureza. En la población de Laconia hubo, pues, tres clases los espartanos(9.000
aproximadamente), los periecos (30.000) y los ilotas (unos 200.000). Sólo el espartano
tenía derecho de ciudadanía; los periecos y los ilotas no eran sino súbditos.
Los periecos, es decir, la gente de alrededor, habitaban la frontera montañosa y
marítima de Laconia, y parecen haber sido descendientes de los antiguos señores del
país. Estaban repartidos en unos cien pueblos que se administraban por sí mismos.
Podían poseer libremente sus tierras y gozar del fruto de su trabajo. Se dedicaban a la
agricultura, al comercio, a la industria, a la navegación y a todas las ocupaciones
prohibidas a los espartanos. Pagaban los impuestos y tenían obligación de servir en el
ejército; no por ello les concedían el menor derecho político.
Los ilotas eran los antiguos laconios del valle. Los espartanos hicieron de ellos siervos,
es decir, mitad libres y mitad esclavos. No vivían agrupados en pueblos, sino que
habitaban en cabañas aisladas que podían edificar en las tierras que labraban, tierras
que no les pertenecían, antes bien, eran ellos quienes pertenecían a la tierra y
formaban parte de la propiedad. Cada año debían dar una parte de la cosecha a los
dueños del fundo, pudiendo reservarse la otra parte. El único derecho que tenían era el
de no poder ser vendidos.
Los espartanos trataban mal a ese grupo; en la guerra, empleándolos como
sirvientes del ejército; en la paz, obligándolos a llevar vestidos especiales, y hasta
prohibiéndoles cantar ninguna canción guerrera. Frecuentemente los forzaban a beber
hasta la embriaguez para que el espectáculo de su degradación repugnase a sus
propios hijos. A pesar de los malos tratos, los señores consideraban que era un peligro
el hecho de que fueran tan numerosos, y les daban muerte valiéndose del menor
pretexto. Se condenaba a muerte al ilota que poseía un arma o que se encontraba
fuera de su casa después de la puesta del sol.
Su suerte era la misma que hoy cabe al labriego cristiano en Turquía europea.
Todos los años y cada vez que los nuevos magistrados tomaban posesión de sus
cargos, la gente joven tenía derecho de cazar ilotas, procedimiento que llamaban
criptia, es decir, matanza secreta. El régimen de terror aplicado al ilota daba terror en
esta clase social a sentimientos de odio y de venganza. « Inmediatamente que se les
hablaba de los espartanos, dice el historiador griego Jenofonte, no había uno que
supiese ocultar el gusto que tendrían en comérselos vivos. »
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Formación del poder de Esparta: Un Estado militar como era éste, no podía soportar
ni vecinos poderosos ni súbditos rebeldes. Las dos penínsulas de Laconia, Argólide y
Mesenia, habitadas por otros conquistadores dorios, eran una amenaza para Esparta, y
de aquí la serie de guerras contra Argos y Mesena, que sólo se terminó cuando los
espartanos poseyeron todo el sur y el este del Peloponeso.
Las guerras más rudas fueron las de Mesenia en el siglo VII, que duraron cerca
de veinticuatro años. Ciertos episodios eran célebres en la antigüedad, tal como el de
Aristómenes, héroe mesenio que, cogido por los espartanos y arrojado a un precipicio,
se salvó asiéndose a la cola de un zorro que le condujo en medio de las tinieblas a la
boca de su guarida.
El ejercito espartano: el instrumento de aquellas conquistas fue el ejército espartano,
el primero de Grecia por su organización y disciplina. En efecto, en los otros pueblos no
se era soldado sino en caso de necesidad en tiempo de guerra se armaba al
ciudadano, y el ejército era tan sólo una guardia nacional, mientras que los espartanos
eran soldados de profesión. Acostumbrados desde su más tierna edad a la caza y a los
ejercicios violentos, permanecían después en filas hasta los sesenta años. Dos veces
al día tenían ejercicio o maniobras, y la paz la consideraban únicamente como una
preparación para la guerra.
Los espartanos combatían a pie y formaban el cuerpo de los hoplitas. Estos
usaban casaca roja, coraza de bronce, casco que les protegía la cabeza y la cara,
escudo de cuero cubierto también de bronce y canilleras o botas de metal llamadas
cnémidas, que les cubrían desde la rodilla hasta el tobillo. Tenían por armas, espada
corta, como un cuchillo de caza, y la lanza que medía más de dos metros de largo. En
formación de combate se presentaban en línea de ocho en fondo; unidos los escudos
unos contra otros, formaban delante de los hombres una verdadera muralla. Dispuestos
así en falange, y coronados de flores, acometían al enemigo al son de las flautas y
cantando un canto de guerra llamado pean. Pero no empezaban el ataque sino
después de haber sacrificado una cabra y buscado presagios en las entrañas de la
víctima. Pasaban por invencibles a causa de su reputada fuerza y de su gran bravura.
La falange se dividía en batallones y en escuadras. Esta división era útil en las
expediciones poco importantes y en los ejercicios, en los cuales desplegaban tal
precisión que los otros griegos estaban maravillados. En cuanto al arte de combatir,
este se resumía en ir a la carga. La fuerza de las falanges espartanas residía
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principalmente en la costumbre de obediencia, de honor y de sacrificio que inspiraban a
los espartanos las leyes, que llamaban leyes de Licurgo.
Licurgo: vivió, según se dice, en el siglo IX. Era un hombre honrado, puesto que,
siendo de familia real, había rehusado aceptar el título de rey en beneficio de un
sobrino suyo del cual era tutor. Era un sabio, es decir un hombre instruido, porque
había viajado por Creta, Egipto y Asia. Los espartanos, que se deshacían en guerras
civiles, le pidieron leyes. Licurgo consultó en primer lugar el oráculo de Delfos que le
anime llamándole amigo de los dioses. Redactó entonces la constitución que lleva su
nombre y, después de haber hecho que los espartanos juraran respetarla hasta que él
regresara, partió para no volver más. Esto es, sin duda, una leyenda, y hasta es posible
que el mismo Licurgo no existiera; pero las leyes llamadas de Licurgo no dejaron por
eso de ser la constitución de Esparta. Las leyes de Licurgo eran un conjunto de
prescripciones minuciosas relativas no solamente al gobierno y a la administración del
estado, sino también a la vida de los particulares y a la educación de los niños.
Tuvieron por objeto establecer en Esparta la autoridad de la aristocracia y asegurar a
los espartanos las tierras conquistadas a través de una excelente formación militar.
El gobierno: antes de Licurgo, Esparta estaba gobernada por dos reyes omnipotentes.
Licurgo hizo de ellos personajes representativos, sin autoridad real. Los dos reyes
fueron jefes de la religión y del ejército. Celebraban sacrificios y mandaban los
ejércitos; en realidad, eran como los modernos reyes de Bélgica o de Inglaterra
reinaban pero no gobernaban. El gobierno estaba en manos del Senado, consejo de 28
miembros, todos nobles y de sesenta años de edad. El Senado proponía y redactaba
las leyes y después las sometía a la Asamblea del pueblo, que se reunía una vez por
mes. No había allí discusiones y el pueblo manifestaba su acuerdo por medio de
aclamaciones. Más tarde, el pueblo nombró cada año cinco Éforos o vigilantes, cuya
función consistía en intervenir en los actos de los reyes y de los demás magistrados,
que podían suspender o condenar; además, acompañaban al ejército en campaña. De
aquí que en Esparta el poder no perteneciese al pueblo ni a los reyes, sino a la
aristocracia.
Leyes civiles: en teoría, los ciudadanos eran todos iguales, como los soldados de un
regimiento. Licurgo quiso que no hubiese en Esparta ni ricos ni pobres y distribuyó las
tierras por lotes entre los ciudadanos, con prohibición expresa de venderlas. Los
productos del suelo cultivado por los ilotas debían bastar a sus necesidades, y todo
oficio les estaba vedado. De esta manera, desembarazados los espartanos del cuidado
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de ganarse el sustento, podían consagrarse enteramente a los deberes militares. Para
evitar que se enriquecieran, estaban obligados a servirse exclusivamente de la moneda
de bronce, que era pesada en extremo y tenía poco valor. A pesar de todo, hubo
desigualdad en las fortunas y se formó en Esparta una aristocracia rica, cuyos
miembros, y sólo ellos, se llamaban iguales.
Educación de los niños: El niño, destinado a ser un soldado, pertenecía más al
Estado que a su familia, al nacer era examinado por los ancianos de la tribu, que lo
devolvían a la madre si estaba bien constituido; en caso contrario lo hacían arrojar a un
abismo del Taigeto. Todas las madres educaban a sus hijos de la misma manera; no
los envolvían y los acostumbraban a comer de todo y a no tener miedo de nada. Al
cumplir el niño los siete años se entregaba al Estado; el niño era entonces como un hijo
de regimiento, que desde luego formaba parte de una clase mandada por el que se
había mostrado superior a los otros alumnos por su inteligencia y su fuerza.
El estudio se tenía en poco en este género de educación. Se limitaba a enseñar
a los niños a cantar y a explicarse con precisión; tratábase sobre todo de dar fortaleza y
flexibilidad al cuerpo. Gracias a una serie de ejercicios graduados, los niños aprendían
a correr, saltar y lanzar el disco o la jabalina. Después se ejercitaban en el manejo de
las armas y en la danza guerrera llamada pírrica. Así se les acostumbraba a soportar
sin quejarse el dolor, el frío y el calor, el hambre y la sed, la fatiga y llevaban el mismo
vestido en todas las estaciones, se acostarían sobre cañas que ellos mismos cortaban
en el Eurotas, y no se lavaban ni perfumaban sino en los días de grandes fiestas. Se
les alimentaba mal y les era permitido robar para aplacar el hambre; pero, silos
encontraban robando, eran castigados severamente. Uno de ellos, que había ocultado
un zorro vivo bajo su túnica, se dejó morder el vientre antes que confesar el robo.
Había también concursos de resistencia a los porrazos. Cada año recibían una vuelta
de azotes delante del altar de Artemisa y el vencedor era quien tardaba más en
quejarse; sucedió que murieron algunos niños sin prorrumpir un quejido. Estos niños
tenían aspecto grave y ademanes mesurados. Caminaban con los ojos bajos y no
tomaban la palabra sino cuando eran interrogados. Esta educación de hierro los
preparaba a la disciplina militar.
Los jóvenes formaban parte del ejército a los diez y siete años; a los treinta eran
considerados como ciudadanos y debían contraer matrimonio, sin dejar por ello de
pertenecer al Estado. El empleo del tiempo estaba fijado por los reglamentos. Llevaban
uniforme y debían asistir todos los días a los ejercicios, consistentes en carreras, saltos
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y manejo de las armas. A este respecto, la institución más curiosa era la de las
comidas públicas, que eran obligatorias para todos los espartanos, aún para los reyes;
sin embargo, no se celebraban diariamente.
En esas comidas, los hombres se agrupaban por escuadras de a 15, y los que
las componían eran en la guerra compañeros de tienda de campaña. Esas escuadras
eran círculos a los que era muy difícil entrar y en los que se procedía a votación para
aceptar un nuevo miembro, como sucede en los cuerpos de oficiales en Alemania. En
las comidas públicas se comía la sopa negra, guisado célebre en toda Grecia, hecho
con pedacitos de carne, grasa de cerdo, vinagre y sal. Pero la minuta podía
aumentarse con productos de caza o con carne de las víctimas, cuando había habido
un sacrificio.
A esa vida austera debían los espartanos el carácter grave y digno que tenían.
Diríase que los envaraba su compostura heroica de viejos veteranos que afectan
despreciar todo lo que los demás hombres aprendan o temen. No se inclinaban sino
delante de los ancianos, que respetaban como a sus padres. Su lenguaje era
voluntariamente rudo y sencillo, y su manera de responder, a la vez corta y mordaz, ha
llegado hasta nosotros con el nombre de laconismo. Un argivo decía un día « Existen
entre nosotros muchas sepulturas de espartanos », y un espartano le respondió "Entre
nosotros no existe ni una sola de argivo" Filipo de Macedonia escribió a los espartanos:
« Si entro en Laconia, destruiré vuestra ciudad. » "Si” respondieron los espartanos.
Las jóvenes no eran educadas en Esparta menos severamente que los jóvenes.
Estaban sometidas a los mismos ejercicios de los varones y asistían a sus concursos.
Su vestido, que bajaba apenas hasta la rodilla, les permitía libertad en los movimientos.
Su vida de ejercicios era motivo de burlas entre los demás griegos, que tenían a sus
hijas cuidadosamente encerradas. Una vez casadas, resultaban esposas y madres de
soldados. Eran muy reputadas por su energía y su abnegación. El amor maternal, en
aquellas mujeres estaba supeditado por el amor a la patria; hubo alguna que al saber al
mismo tiempo la muerte de sus cinco hijos y la victoria de Esparta, exclamó «Tanto
mejor: demos gracias a los dioses», y otra que mató a su hijo porque huyó del campo
de batalla.
Lo que más caracteriza la condición de la mujer en la antigua Grecia es su
constante estado de menor edad. En su existencia no había un solo momento en que
gozara de los derechos civiles del ciudadano, pues siempre tenía un dueño que la
gobernara. Cuando joven, dependía de su padre; casada pertenecía a su marido;
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viuda, estaba sometida a sus parientes o a sus hijos. Pero si hemos de juzgar por las
pinturas de los poetas y por algunas anécdotas publicadas por los historiadores,
diremos que la mujer tenía frecuentemente en la casa una autoridad considerable;
tanto es así, que algunos personajes de comedia se quejan una vez casados, de tener
no una mujer, sino una dueña imperiosa.
Jenofonte, en su tratado de Economía, nos describe un matrimonio ateniense tal
como él lo concibe. Quiere que la mujer sea soberana en su casa, que tenga la
dirección a los esclavos y arregle a su antojo los gastos de la familia. Más, a pesar de
su empeño, no consigue presentar a la mujer griega sino como una buena gobernante.
Salvo quizá en Esparta, donde la mujer, como hemos visto antes, era la primera en
hacer que sus hijos fueran buenos soldados y buenos ciudadanos, las mujeres griegas
representaron en la sociedad un papel harto secundario, su vida transcurría sosegada,
monótona y obscuramente; las sutilezas ocupaban para ellas un puesto más preferente
que las ocupaciones más serias e importantes.
Mientras duró Esparta, la mujer permaneció fiel a la educación y a las
costumbres particulares del estado. Muchas modificaciones se introdujeron en las leyes
políticas o civiles de Licurgo; pero la regla de vida que él había impuesto a los
espartanos se mantuvo e hizo de ellos los primeros soldados de Grecia y los
verdaderos maestros de heroísmo de la humanidad.
LA ANTIGUA ROMA
A partir del 753 a.C. comienza la historia de la capital del mundo antiguo. Se
puede dividir en tres períodos:
▪ La monarquía (753 a 509 a. C.)
▪ La república (509 a 30 a. C.)
▪ El imperio (30 a. C. a 476 d. C.) en el 476 d. C. Roma fue conquistada por
los bárbaros.
Los romanos poseían un gran respeto por las leyes. Los tres últimos reyes
fueron etruscos. La caída de la monarquía fue el rechazo de los patricios en contra de
los etruscos y sus reformas. En el año 509 a. C. los patricios contuvieron
momentáneamente el avance de estas reformas reemplazando la monarquía por una
república.
Durante el año 30 a. C. la república se encontraba en un caos, que dio lugar a
que un grupo de militares comenzara a luchar entre ellos. De esta lucha salió un
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triunfante Augusto, quien convirtió a la república en un imperio, asumiendo el título de
emperador. Roma ya no era una pequeña aldea que se encontraba en el monte
Palatino, y abarcaba todas las tierras mediterráneas y europeas hasta los ríos Rin y
Danubio. Este imperio duró más de 4 siglos, fue derribado por guerras de conquista y
luchas civiles.
Durante el imperio, en el campo aumentó la gran propiedad y con ella el trabajo
de los empleados. En la ciudad, el centro de la vida romana era el foro. La vida
artesanal, se intensificó en los suburbios. Las ciudades aumentaron su densidad. La
ciudad mostraba distintos atractivos como por ej. el circo.
En el siglo III d. C., comenzó la decadencia del imperio en forma notable. El
ejercito cobró cada vez más importancia por sobre el senado. En el siglo V los bárbaros
rompieron las fronteras y tomaron la parte occidental del imperio romano.
El imperio romano, en su apogeo, a principios del siglo III d.C, comprendía no
sólo las penínsulas, islas y costas del Mediterráneo, así como grandes extensiones del
interior (hasta el borde del Sahara y hasta el río Tigris), sino también zonas de Europa
situadas tan al norte como el sur de Escocia, el Rin y el Danubio (además de una parte
del sur de Alemania, al otro lado del Rin y la Dacia al otro lado del Danubio central).
Además, bajo el principado, los avances más extensos se hicieron en Europa mediante
el reinado del primer emperador, Augusto. Sus generales empujaron la frontera
septentrional desde los Alpes hasta el Danubio y finalmente pacificaron la Península
Ibérica.
Más allá del motivo de la pura conquista, consideraciones estratégicas y a veces
económicas desempeñaron algún papel en la configuración de las campañas de los
emperadores que se mostraron más activos en el terreno militar. El imperio romano se
extendió mucho más allá del mundo mediterráneo, sin embargo, durante todo el
período del principado, aproximadamente desde 27 a.C. hasta 235 d.C., el eje político y
la base cultural del imperio se encontraban en el Mediterráneo.
Administración central y provincial
Había alrededor de cuarenta provincias en el imperio romano, las cuales eran
gobernadas por un reducido número de funcionarios, nombrados por las autoridades
centrales, llamados procónsules.
En el imperio, en general, una innovación fue el nombramiento de ecuestres
para que gobernasen Egipto y varias provincias de poca importancia. En estas, dichos
31
funcionarios ostentaban al principio un título militar, el de prefecto, y sus obligaciones
eran también predominantemente militares.
A continuación aparecen procuradores que ejercen de funcionarios fiscales:
recaudan el derecho de aduana, el impuesto sucesorio y otros indirectos.
La estructura de la administración financiera central contaba con la tesorería
principal, el aerarium, que recibía los impuestos provinciales, encabezada por un par de
prefectos que el emperador escogía entre las filas de ex pretores. Se creó una
tesorería militar para proporcionar jubilación a militares retirados. Aun así, la
responsabilidad fiscal recaía en los libertos del emperador y luego a partir de mediados
del siglo I, en un procurador ecuestre de alto rango, que llevaba la contabilidad de los
ingresos y los gastos del imperio.
El emperador, era en esencia, responsable de las decisiones que afectaran las
normas de actuación y el nombramiento de funcionarios imperiales; escuchaba los
consejos de quienes le rodeaban. Estos consejos asesoraban al emperador en el
desempeño de sus obligaciones jurídicas en calidad de juez y legislador.
La administración sigue siendo propia de aficionados. Senadores y ecuestres
pasaban sólo una parte de su vida laboral en el cargo y no recibían ninguna
preparación especial. Los profesionales administrativos eran los libertos y esclavos del
emperador.
Las ciudades: El secreto del gobierno sin burocracia era el sistema romano de
ciudades que se gobernaban a sí mismas y podían cubrir las necesidades del imperio.
Hay una expansión notable de las unidades urbanas autónomas. Una ciudad era
esencialmente una comunidad urbana dotada de autogobierno, con una constitución
regular que se centraba en un consejo y unos magistrados y con un territorio rural bajo
su autoridad, sobre todo ello, acabaron siendo víctimas de la inseguridad de la época
posterior a los Severos y de la multiplicación de los impuestos para fines militares que
caracterizaron dicha época. La sustitución del aristócrata local por el gobernador es
sintomática del cambio que se había producido en la ciudad.
Como organizadores del imperio, lo que más valoraban los romanos era la
función administrativa de la ciudad, sin que ello les hiciese perder de vista su papel
potencial como centro de romanización en zonas recién conquistadas y no pacificadas
del todo.
La colonia y el municipio eran formas de organización normales en Occidente,
pero raras en Oriente. La colonia era una extensión de Roma. Un municipio poseía
32
mayor libertad que una colonia, porque contaba con sus propias leyes y propios
magistrados. Las constituciones de las restantes ciudades del imperio, eran tan
diversas como las propias ciudades. Los tipos de organización iban desde la polis
griega, con su compleja y venerada constitución, hasta las capitales tribales de la Galia
y Britania, que tendían a imitar las prácticas constitucionales romanas. De ciudades
existían varias categorías privilegiadas, las ciudades federadas, debían su nombre a
que se habían formado tratados con Roma en los que se reconocían sus derechos. Las
ciudades libres se hallaban teóricamente exentas de injerencias por parte del
gobernador provincial.
La economía
La economía romana estaba subdesarrollada. Las masas vivían en el nivel de
subsistencia, o cerca de él. Es preindustrial, con una gran proporción de la fuerza
laboral concentrada en el campo, que es el principal camino para las inversiones y
también la principal fuente de riqueza, a su vez, las inversiones en la industrias
manufactureras es bajo. La tecnología atrasada es una barrera más, que obstaculiza el
incremento de la productividad. En la Roma antigua, predominaba la pequeña industria
artesanal, eran artículos de consumo básico y barato y la demanda de los mismos era
constante.
En Roma, al igual que en otras economías preindustriales, el comercio recibía
parte del capital que no recibía salida en la industria. Los medios de transporte eran
atrasados. Inevitablemente, la mayoría de las regiones agrícolas apuntaban a la
subsistencia, en lugar de a la producción de un excedente exportable.
En general, el atraso y los gastos de transporte y el nivel relativamente bajo de la
demanda limitaron las oportunidades de efectuar inversiones lucrativas en el comercio.
Prestar dinero producía más ganancias, los tipos de interés eran altos donde había
riesgo. Las inversiones en tierras ofrecían seguridad y unos ingresos continuos.
En las sociedades preindustriales, el sistema de valores que predomina es el de
una aristocracia hacendada, una clase próspera integrada por mercaderes, que
representa una amenaza potencial para los aristócratas. En la Roma antigua, no había
ninguna perspectiva de que apareciese una clase como la que acabamos de describir.
La tierra: La disposición de la propiedad entre los ricos se representan en tres
grandes tipos que se corresponden aproximadamente con las tres categorías de
terratenientes:
33
• La pequeña nobleza local tenía más o menos toda su tierra en la región de
origen.
• Los senadores de categoría media y los ecuestres de procedencia municipal
tenían uno o más centros de propiedad, además de sus fincas locales.
• Los miembros más ricos de la élite romana poseían un complejo de
propiedades en Italia y en el extranjero.
Era posible reunir las condiciones básicas para ser senador acumulando
propiedades sencillamente en el territorio de donde se era oriundo y eso era lo que
hacían muchos hombres de ambición limitada.
Hubo un aumento de los intereses rústicos de ex magnates municipales, siendo
consecuencia natural de su ascensión social y política. Los senadores provinciales
adquirían tierras en Italia, en primer lugar cerca de la capital y a escala pequeña. Se les
ordenó que incrementaran sus intereses en Italia hasta que alcanzasen un tercio de su
fortuna, bajándose posteriormente a una cuarta parte.
Egipto fue un caso especial, puesto que se trataba de un dominio privado del
emperador, y los senadores romanos y otros funcionarios de alto rango tenían negado
el acceso a él. A los miembros de la familia imperial y a los colaboradores más
cercanos y allegados del emperador, se les otorgaban las rentas de fincas individuales,
pero sin ser los propietarios de la tierra.
El término latifundio aparece en las fuentes literarias, precisamente en tiempos
de esos hombres, a mediados del siglo I d.C. Los agrónomos no querían entrar en
definiciones del término, pero se estipuló que con un millón trescientos mil sestercios
se podía comprar un latifundio. Se califican así los ranchos donde se cría el ganado a
gran escala, o las grandes plantaciones de cereales, con los ejemplos de África, Sicilia
y partes de Italia. También se usa el término para referirse a fincas desperdigadas de
una sola persona, que juntando todas, forman un latifundio.
Hubo críticas a individuos que tenían en sus manos inmensas extensiones de
tierra cultivable, parte de la cual había permitido que degenerase en pastizales. Existe
la suposición que las propiedades de la mayoría de los hombres libres no se hallaban
concentradas en fincas inmensas, sino que eran diversas propiedades más pequeñas y
dispersas. Las propiedades de los ricos estaban mucho más fragmentadas de lo que se
ha imaginado, si pensamos en términos de unidades de administración de trabajo.
34
El ejército
Como cuerpo de consumidores, se hallaba dividido, a diferencia de la ciudad de
Roma. Había provincias con contingentes permanentes, ya fuera de legionarios o
auxiliares. Esta dispersión impidió que se creara un sistema integrado para abastecer
al ejército. Además de la comida, necesitaban una serie de materias primas tales como
el hierro, la madera, otro materiales de construcción, animales para la caballería, el
transporte, carne y cuero, productos de la industria del vestido, tales como capas,
túnicas y mantas, otros pertrechos y armas, antes de llegar a las raciones alimentarias
básicas. Cien mil toneladas de grano, servirá a modo de cálculo aproximado del
consumo de cereales por parte del ejército bajo Augusto, cifra que ascendería hasta las
ciento cincuenta mil toneladas bajo Septimio Severo.
En general, las ciudades del mundo romano podían hacer frente a las escaseces
de alimentos que padecían periódicamente, aunque, con una tendencia creciente, se
apoyaban en la autoridad y la caridad imperial. Este problema disminuye una vez que
el gobierno central reconoce que estaba muy interesado en la supervivencia y el
bienestar de las ciudades en general, aunque su interés por ciudades individuales, era
menor. Las ciudades eran fundamentales para desempeñar una serie de obligaciones
administrativas esenciales, y por ello había que proteger se viabilidad económica y su
base demográfica.
El flujo que se advertía en el campo debido a que las unidades domésticas de
los campesinos caían, sobrevivían, emigraban y prosperaban, no deben confundirse
con el problema de la supervivencia del campesinado como clase. Si no había
supervivencia en la población agrícola, entonces las ciudades que dependían del
campo, colapsarían.
Los impuestos y tributos eran un fenómeno nuevo en las regiones que
integraban el imperio romano. Lo que ocurría a consecuencia de las conquistas
imperiales y de la imposición de censos que abarcaban todo el imperio, era que los
impuestos se recaudaban de forma un poco más eficiente que antes. Los tipos
impositivos son relativamente bajos, pero no era necesario subirlos, los requisitos del
gobierno eran pocos, porque sus intereses eran limitados.
La jerarquía social
El principado de Augusto fue precedido de dos decenios de guerras civiles, en
las cuales unos ejércitos cuyo tamaño no tenía precedentes en la historia de Roma
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lucharon por la supremacía de sus generales. Las perturbaciones sociales penetraron
en la unidad doméstica y en la familia.
Augusto instauró su supremacía militar y restauró la paz y el gobierno
constitucional. Continuó existiendo la misma pauta de desigualdad y de diferenciación
social que había en bajo la república. Bajo el principado en su conjunto, las divisiones y
tensiones nacidas de la distribución desigual de la riqueza, el rango y la categoría
social, tuvieron el contrapeso de fuerzas de cohesión tales como la familia y la unidad
doméstica, las relaciones estructuradas de índole vertical y horizontal entre individuos y
unidades domésticas y el aparato ideológico del Estado.
El sistema de adquisición y transmisión de la propiedad era la base, en el caso
de Roma, del entramado de desigualdad social y económica. La romana era una
sociedad agraria en la cual la riqueza consistía esencialmente en tierra y se adquiría
por herencia a través de la familia.
A los soldados se les recompensaba con una paga adecuada, generosa en el
caso de los oficiales y una remuneración sustanciosa al retirarse, lo cual les permitía
convertirse en miembros prósperos de las comunidades locales. La explotación directa
de la mano de obra por parte de propietarios ricos era un rasgo central de la sociedad
imperial romana. En el mundo romano, el enriquecimiento no consistía en la
acumulación de beneficios por medio de la actividad de compañías que dieran empleo
a asalariados. En gran medida, la riqueza de los miembros de la clase propietaria era
generada por el trabajo de sus dependientes personales.
Los órdenes: Los órdenes son las categorías sociales que el Estado define por
medio de reglas estatuarias. El orden senatorial siguió siendo el más prestigioso, un
reducido círculo formado por varios centenares de familias a las que se consideraban
eminentes de acuerdo con las tradicionales pautas de cuna, riqueza y excelencia
moral. Una serie de revisiones hizo que el número de senadores bajase de 1.200 a
600.
Augusto desaprobó el matrimonio legítimo entre senadores y libertas. El orden
senatorial no era una aristocracia hereditaria. Se intentó promover el principio
hereditario, así los hijos de los senadores se les alentaba a seguir los pasos de su
padre.
El segundo orden, el ecuestre, también se caracterizaba por su origen
aristocrático y no profesional. Este orden era mucho más nutrido que el senatorial. Bajo
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el principado, los emperadores comenzaron a dar responsabilidades administrativas,
además de las militares, a los ecuestres.
Los decurions de las poblaciones del imperio constituían el tercero de los
órdenes aristocráticos. Tenían que ser hombres de respetada cuna, riqueza y dignidad
moral. La riqueza de algunos decurioes superaba a la que se exigía a los senadores.
La finalidad de estos requisitos era garantizar que los consejos locales se
compusieran de propietarios, de hombres cuya categoría social no ofreciera dudas. Las
tres órdenes de élite comprendían solo una fracción minúscula de la población del
imperio. Debajo de ellos, en la jerarquía oficial, se hallaba la gran masa de los hombres
libres de condición humilde, y en lo más bajo, los esclavos. El derecho romano
clasificaba a éstos como bienes muebles y no como personas, que sus amos podían
comprar, vender o castigar a su voluntad.
La categoría social se manifestaba por la forma de vestir, los senadores y sus
hijos, llevaban toga con la amplia faja de color púrpura, los ecuestres por el anillo de
oro y la franja estrecha púrpura en la toga.
La condición social de un romano se basaba en la estimación social de su honor,
es decir, en la percepción de su prestigio por parte de quienes le rodeaban. Las
contradicciones entre la condición y el rango daban origen a tensiones.
En cada orden había sutiles gradaciones de condición social. Dentro del orden
senatorial, que experimentaba un gran movimiento de familias, los que podían hacer
alarde de antepasados consulares, los nobles, sobresalían de la masa de recién
llegados.
La mayoría de los libertos eran hombres humildes, se casaban con mujeres del
mismo rango, a menudo seguían dependiendo de sus anteriores amos y por
consiguiente, no presentaban ninguna contradicción difícil entre el rango y la condición
social.
La familia y la unidad doméstica
Cuando los romanos de la época de Augusto comparaban sus propios tiempos
con el pasado idealizado, se lamentaban de la decadencia de la moral familiar. La
familia era la unidad social básica por medio de la cual se trasmitía la riqueza y la
condición social. La perpetuación de la aristocracia, las posibilidades de movilidad
social, la distribución de riqueza consistente en tierras y otras cuestiones dependían
fundamentalmente de las pautas de comportamiento de la familia.
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En el primitivo derecho romano, una mujer al casarse, quedaba bajo la autoridad
de su esposo y dejaba la potestad y la unidad doméstica de su padre para unirse a su
esposo. El matrimonio no podía romperse sin una causa seria y sin que la parte que
estuviera en falta, sufriera grandes pérdidas económicas. Mientras el esposo vivía, la
dote y las propiedades de la esposa le pertenecían por completo. Al morir el esposo, la
esposa, según las reglas de la sucesión, tenía derecho a una parte igual del patrimonio
en calidad de heredera principal junto a sus hijos.
Las mujeres romanas gozaban de una independencia jurídica en el matrimonio,
restringida por diversas costumbres sociales. Los hombres de Occidente se casaban
por primera vez cuando rozaban los treinta y las mujeres alrededor de los veinte. El
hombre tarde y la mujer pronto.
El rasgo característico de las relaciones entre las generaciones en las familias
romanas era el autoritarismo. Aunque los poderes del padre fueron objeto de
modificaciones durante el principado, la mayoría de ellos permanecieron esencialmente
intactos. Tal vez el más notable fuera el poder de vida y muerte. Hasta finales del siglo
IV, los padres romanos podían decidir que criaban a sus hijos o si los exponían. El
paterfamilias tenía los derechos de propiedad oficial sobre todos los bienes, incluyendo
los que sus hijos adquiriesen por medio del trabajo.
Cuando el padre moría sin haber hecho testamento, el derecho civil disponía que
la herencia divisible se repartiera a partes iguales entre todos los hijos legítimos
(varones y mujeres).
La mortalidad infantil era común. La cuarta parte de los recién nacidos no
llegaba a cumplir un año de edad y puede que hasta la mitad de ellos no alcanzaran los
diez años. Los que conseguían salir vivos de las enfermedades infantiles de su primer
decenio podían esperar vivir otros treinta y cinco o cuarenta años más. Las mujeres
romanas que llegaban a la edad adulta, tenían que dar a luz una media de cinco o seis
hijos para que la población no entrara en decadencia.
Se trazó una distinción básica entre, por un lado, una pauta de matrimonio tardío
para los hombres y las mujeres que típicamente vivían en unidades domésticas de
familias nucleares en la Europa Occidental, y por otro lado, la pauta de matrimonio
temprano y familia numerosa, extendida en las unidades domésticas de la Europa
Oriental.
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Las relaciones sociales
El lugar de un romano en la sociedad estaba en función del puesto que ocupase
en la jerarquía social, de su pertenencia a una familia y de su participación en una red
de relaciones personales que salía al exterior partiendo de la unidad doméstica. Un
hombre podía tener amigos superiores, amigos iguales, amigos inferiores y clientes
humildes, y la inclusión de otros en una de estas categorías, dependía de los recursos
que tuvieran.
Los que podían intercambiar beneficios comparables eran amigos de igual
posición, mientras que la mayoría ocupaba un lugar más alto o más bajo en la
jerarquía, de acuerdo con su capacidad de corresponder con servicios superiores o
inferiores. Las tres categorías generales de intercambio según la condición social eran
las de patrono y clientes, amigos superiores e inferiores y amigos iguales.
Augusto procuró establecer su legitimidad no sólo restaurando el orden social,
sino también demostrando se propia supremacía en él por medio de los modos
tradicionales: el patronazgo y la beneficencia.
El emperador distribuía sus beneficios individualmente entre los que tenían
acceso a él, y de forma más amplia, entre grupos favorecidos, especialmente la plebe
de Roma y el ejército. A cambio, se esperaba fidelidad y gratitud. Augusto veló por las
necesidades materiales de las masas ocupándose de abastecerla de alimentos, agua,
vivienda, espectáculos y de cuando en cuando, con dinero en metálico a los varones.
Los filósofos romanos daban mucho valor a la amistad y hacían hincapié en que
los amigos ideales debían compartir inquietudes y valores comunes de un modo
totalmente desinteresado. Si un romano era víctima de una catástrofe, por ejemplo un
incendio en su casa, existía la costumbre de que los amigos le ayudaran a reconstruir
su unidad doméstica.
Excluir a los amigos del testamento, o peor aún, criticarlos en él era un insulto
que llamaba la atención pública. Pero detrás de la fachada de cooperación, había
rivalidad: si un amigo no correspondía a un favor con otro de importancia pareja, se
arriesgaba a caer en la condición de amigo inferior, con la consiguiente pérdida de
honor.
La religión
La religión oficial de Roma era un racimo de creencias que se expresaban por
medio de un complejo sistema de instituciones y rituales. Los romanos aceptaban la
39
idea de que la seguridad y la prosperidad de sus comunidades dependían de los
dioses, cuyos favores se conquistaban mediante el correcto cumplimiento de toda la
serie de prácticas de culto heredadas del pasado. La supervisión de la religión del
Estado se hallaba en manos de las autoridades políticas. Los sacerdocios eran
desempeñados por los mismos hombres que ocupaban cargos políticos.
Los cargos religiosos, al igual que todo lo demás, quedaron bajo el control del
emperador. Los colegios sacerdotales se vieron privados de su influencia en la toma de
decisiones políticas y reorientadas al servicio del emperador.
Entre las cosas que Roma exportó al imperio, la principal fue el culto a los
emperadores. Fue la única intrusión romana en el campo del culto que se toleró en el
mundo griego. La aceptación del culto imperial no supuso el desplazamiento de los
cultos a los dioses tradicionales. Este culto imperial atrajo a Augusto, y posteriormente
a sus sucesores, porque podía utilizarse para concentrar la lealtad de la gente de las
provincias en la persona del emperador. El culto es importante por su novedad, su
ubicuidad y por sus funciones en calidad de transmisor de la ideología imperial, foco de
la lealtad para los muchos y mecanismo de progreso social para pocos.
En Oriente prosperó el culto a Zeus, el equivalente griego a Júpiter. El templo de
Zeus Olímpico en Atenas fue terminado bajo la dirección de Adriano, que adoptó el
título de Olimpios, como representante del dios en la tierra.
En Egipto se hizo mucho daño a los cultos locales, porque se fue despojando a
las clases sacerdotales de su riqueza, su independencia y sus privilegios. En general,
los contactos de Roma con las religiones extranjeras se caracterizaron por la
penetración pacífica en vez de por la coacción.
La ascensión de Cristianismo: El cristianismo fue el principal beneficiario de
que los defensores de la religión estatal no consiguieran controlar las innovaciones. Los
cristianos provocaban la persecución al negar los dioses de Roma, lo que les valió la
etiqueta de ateos.
Se siguió la política de Trajano de no perseguirles. Cuando lo hicieron fue en
contextos locales, individuales, donde la ley y el orden corrían peligro, debido a la
agitación de los adversarios entre los paganos y con menor frecuencia, entre los judíos.
A pesar de todo, de vez en cuando los cristianos se convertían en el centro de
disturbios civiles. Los dioses expresaban su ira mandando plaga, hambres y otros
desastres naturales, más la guerra civil y la guerra con otras naciones, cuya
responsabilidad se atribuía a veces a los cristianos.
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Pero el cristianismo ya era un éxito. No consiste en invocar un supuesto
debilitamiento de la estructura del politeísmo que redujera su atractivo y diese más
ímpetu al cristianismo, al contrario, en el nivel de la experiencia religiosa personal, el
paganismo daba muestras de una vitalidad considerable, especialmente a las
postrimerías del período que estamos estudiando.
La cultura
A raíz de la victoria de Augusto, las instituciones, los valores y la vida cultural de
Roma, se ajustaron poco a poco a la monarquía. La consecuencia del imperialismo
romano, con todo, no fue tanto la romanización como la forja de culturas distintivas al
fundirse elementos imperiales y locales. De modo parecido, en las provincias orientales
donde ya existía una cultura cívica indígena arraigada y floreciente no se hizo ningún
intento de trastornarla o modificarla. En general la romanización echó raíces profundas
y perduró únicamente en los sitios donde una élite local abrazó con entusiasmo la
cultura romana y este espíritu brilló por su total ausencia en el imperio oriental.
El estoicismo dominó el mundo de las ideas durante gran parte del periodo. El
sistema ético del estoicismo era lo que atraía a los romanos. La ética estoica había
perdido sus rigideces de antaño, pues había atravesado un período de concesiones y
simplificaciones doctrinales. Séneca y Epicteto consideraban que su tarea era la de
ayudar a todas las personas que desearan sinceramente mejorar desde el punto de
vista moral. La meta no era la perfección, sino los progresos.
Los escritores necesitaban patronos. Un emperador interesado en apoyar la
literatura era un patrono que superaba a todos los rivales, y este exigía alabanzas. La
literatura latina no tuvo ningún representante distinguido, entre el primer cuarto del siglo
II y el último del IV. Las actitudes de los emperadores y el cambio del clima político en
general surtieron un efecto negativo en la creatividad artística en Roma. Pese a ello, la
época de Augusto presenció un notable florecimiento de la literatura latina y hubo
pequeños movimientos culminantes en los reinados de Nerón y Domiciano, que nada
tenían de paladines de la libertad.
Si bien se apagaron los géneros clásicos de la literatura latina, la épica, la
elegía, el drama, la sátira y la historia, floreció la oratoria o retórica. El carácter de la
vida pública había cambiado y para diversos autores este cambio fue una causa
fundamental de la decadencia de su oratoria. Los asuntos políticos importantes ya no
se debatían públicamente.
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Sin embargo, los representantes más brillantes de la oratoria del siglo II, los
sofistas, del denominado Segundo Sofístico, procedían del Oriente griego. Aplicaban su
elocuencia a objetivos políticos, entre ellos conseguir que los emperadores romanos y
sus representantes otorgaran favores y recompensas a individuos y comunidades. La
popularidad de los sofistas refleja la dominación general de la cultura griega en el
Mediterráneo durante el siglo II y principios del III.
El descenso de la literatura latina, coincide con un período de vitalidad de la
literatura griega. Durante la mayor parte del siglo, la historia de Roma la escribieron
griegos, u hombres de habla griega, en griego.
Las artes visuales tienen como rasgo principal, la creación de un arte oficial del
imperio con su propio mensaje reconocible y su propio repertorio de formas artísticas.
Las obras de arte y la arquitectura servían para reforzar las pretensiones y los
propósitos del emperador.
LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO
Los romanos rendían culto a sus antepasados y a diversos dioses de origen
etrusco, griego y oriental. A pesar de que existía una religión oficial, el Estado era
respetuoso de las creencias privadas de sus ciudadanos y por lo tanto admitía todo tipo
de cultos. Durante el gobierno los emperadores de la dinastía Julio Claudia, surgió en
Palestina una nueva religión: el cristianismo. Muchos romanos adoptaron esta religión
de origen oriental, especialmente los esclavos y los pobres.
A diferencia de las otras religiones, el cristianismo fue perseguido durante casi
trescientos años. Recién en el año 313 d. C. el emperador Constantinopla declaró
religión oficial del imperio.
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UNIDAD N°2: LA EDAD MEDIA Y
SUS NUEVAS FORMAS DE VIDA
Término utilizado para referirse a un período de la historia europea que
transcurrió desde la desintegración del imperio romano de Occidente, en el siglo V,
hasta el siglo XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como
referencias fijas: nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural del
continente. Durante mucho tiempo los investigadores consideraron a la edad media
como un período de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria
de la antigüedad clásica y el renacimiento. La investigación actual tiende, no obstante,
a reconocer este período como uno más de los que constituyen la evolución histórica
europea, con sus propios procesos críticos y de desarrollo. Se divide generalmente la
edad media en tres épocas.
Ningún evento concreto determina el fin de la antigüedad y el inicio de la edad
media. La culminación a finales del siglo V de una serie de procesos de larga duración,
entre ellos la grave dislocación económica y las invasiones y asentamiento de los
pueblos germanos en el Imperio romano, hizo cambiar la faz de Europa. Durante los
siguientes 300 años Europa occidental mantuvo una cultura primitiva aunque instalada
sobre la compleja y elaborada cultura del imperio romano, que nunca llegó a perderse u
olvidarse por completo.
Fragmentación de la autoridad
Durante este período no existió realmente una maquinaria de gobierno unitaria
en las distintas entidades políticas, aunque la poca sólida confederación de tribus
permitió la formación de reinos. El desarrollo político y económico era
fundamentalmente local y el comercio regular desapareció casi por completo, aunque la
economía monetaria nunca dejó de existir de forma absoluta. En la culminación de un
proceso iniciado durante el imperio romano, los campesinos comenzaron a ligarse a la
tierra y a depender de los grandes propietarios para obtener su protección y una
rudimentaria administración de justicia, en lo que constituyó el germen del régimen
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señorial. Los principales vínculos entre la aristocracia guerrera fueron los lazos de
parentesco aunque también empezaron a surgir las relaciones feudales. Se ha
considerado que estos vínculos (que relacionaron la tierra con prestaciones militares y
otros servicios) tienen su origen en la antigua relación romana entre patrón y cliente.
Todos estos sistemas de relación impidieron que se produjera una consolidación
política efectiva.
La Iglesia
La única institución europea con carácter universal fue la Iglesia, pero incluso en
ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de
la jerarquía eclesiástica estaba en las manos de los obispos de cada región. El papa
tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de San Pedro, primer
obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No
obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia
encabezada por el papa no se desarrollarían hasta pasados 500 años. La Iglesia se
veía a sí misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del
reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros
más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por
toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica.
En el seno de la Iglesia hubo tendencias que aspiraban a unificar los rituales, el
calendario y las reglas monásticas, opuestas a la desintegración y al desarrollo local. Al
lado de estas medidas administrativas se conservaba la tradición cultural del imperio
romano. En el siglo IX, la llegada al poder de la dinastía Carolingia supuso el inicio de
una nueva unidad europea basada en el legado romano, puesto que el poder político
del emperador Carlomagno dependió de reformas administrativas en las que utilizó
materiales, métodos y objetivos del extinto mundo romano.
Vida cultural
La actividad cultural durante los inicios de la edad media consistió principalmente
en la conservación y sistematización del conocimiento del pasado y se copiaron y
comentaron las obras de autores clásicos. Se escribieron obras enciclopédicas, como
las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, en las que su autor pretendía compilar todo
el conocimiento de la humanidad. En el centro de cualquier actividad docta estaba la
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Biblia: todo aprendizaje secular llegó a ser considerado como una mera preparación
para la comprensión del Libro Sagrado.
Esta primera etapa de la edad media se cierra en el siglo X con las segundas
migraciones germánicas e invasiones protagonizadas por los vikingos procedentes del
norte y por los magiares de las estepas asiáticas, y la debilidad de todas las fuerzas
integradoras y de expansión europeas al desintegrarse el imperio Carolingio. La
violencia y dislocación que sufrió Europa motivaron que las tierras se quedaran sin
cultivar, la población disminuyera y los monasterios se convirtieran en los únicos
baluartes de la civilización.
La alta edad media
Hacia mediados del siglo XI Europa se encontraba en un período de evolución
desconocido hasta ese momento. La época de las grandes invasiones había llegado a
su fin y el continente europeo experimentaba el crecimiento dinámico de una población
ya asentada. Renacieron la vida urbana y el comercio regular a gran escala y se
desarrolló una sociedad y cultura que fueron complejas, dinámicas e innovadoras. Este
período se ha convertido en centro de atención de la moderna investigación y se le ha
dado en llamar el renacimiento del siglo XII.
El poder papal
Durante la alta edad media la Iglesia católica, organizada en torno a una
estructurada jerarquía con el papa como indiscutida cúspide, constituyó la más
sofisticada institución de gobierno en Europa occidental. El Papado no sólo ejerció un
control directo sobre el dominio de las tierras del centro y norte de Italia sino que
además lo tuvo sobre toda Europa gracias a la diplomacia y a la administración de
justicia (en este caso mediante el extenso sistema de tribunales eclesiásticos). Además
las órdenes monásticas crecieron y prosperaron participando de lleno en la vida
secular. Los antiguos monasterios benedictinos se imbricaron en la red de alianzas
feudales. Los miembros de las nuevas órdenes monásticas, como los cistercienses,
desecaron zonas pantanosas y limpiaron bosques; otras, como los franciscanos,
entregados voluntariamente a la pobreza, pronto empezaron a participar en la renacida
vida urbana. La Iglesia ya no se vería más como una ciudad espiritual en el exilio
terrenal, sino como el centro de la existencia. La espiritualidad altomedieval adoptó un
carácter individual, centrada ritualmente en el sacramento de la eucaristía y en la
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identificación subjetiva y emocional del creyente con el sufrimiento humano de Cristo.
La creciente importancia del culto a la Virgen María, actitud desconocida en la Iglesia
hasta este momento, tenía el mismo carácter emotivo.
Aspectos intelectuales
Dentro del ámbito cultural, hubo un resurgimiento intelectual al prosperar nuevas
instituciones educativas como las escuelas catedralicias y monásticas. Se fundaron las
primeras universidades, se ofertaron graduaciones superiores en medicina, derecho y
teología, ámbitos en los que fue intensa la investigación. Se recuperaron y tradujeron
escritos médicos de la antigüedad, muchos de los cuales habían sobrevivido gracias a
los eruditos árabes y se sistematizó, comentó e investigó la evolución tanto del derecho
canónico como del civil.
El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de la Iglesia, se
analizaron las doctrinas teológicas y las prácticas religiosas y se discutieron las
cuestiones problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una
época dorada de la filosofía en Occidente.
Innovaciones artísticas
La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero y el resultado fue el
florecimiento de una nueva literatura, tanto en latín como, por primera vez, en lenguas
vernáculas. Estos nuevos textos estaban destinadas a un público letrado que poseía
educación y tiempo libre para leer. La lírica amorosa, el romance cortesano y la nueva
modalidad de textos históricos expresaban la nueva complejidad de la vida y el
compromiso con el mundo secular. En el campo de la pintura se prestó una atención
sin precedentes a la representación de emociones extremas, a la vida cotidiana y al
mundo de la naturaleza. En la arquitectura, el románico alcanzó su perfección con la
edificación de incontables catedrales a lo largo de rutas de peregrinación en el sur de
Francia y en España, especialmente el camino de Santiago, incluso cuando ya
comenzaba a abrirse paso el estilo gótico que en los siguientes siglos se convertiría en
el estilo artístico predominante.
La nueva unidad europea
Durante el siglo XIII se sintetizaron los logros del siglo anterior. La Iglesia se
convirtió en la gran institución europea, las relaciones comerciales integraron a Europa
46
gracias especialmente a las actividades de los banqueros y comerciantes italianos, que
extendieron sus actividades por Francia, Inglaterra, Países Bajos y el norte de África,
así como por las tierras imperiales germanas. Los viajes, bien por razones de estudio o
por motivo de una peregrinación fueron más habituales y cómodos. También fue el
siglo de las Cruzadas; estas guerras, iniciadas a finales del siglo XI, fueron predicadas
por el Papado para liberar los Santos Lugares cristianos en el Oriente Próximo que
estaban en manos de los musulmanes. Concebidas según el derecho canónico como
peregrinaciones militares, los llamamientos no establecían distinciones sociales ni
profesionales. Estas expediciones internacionales fueron un ejemplo más de la unidad
europea centrada en la Iglesia, aunque también influyó el interés de dominar las rutas
comerciales de Oriente. La alta edad media culminó con los grandes logros de la
arquitectura gótica, los escritos filosóficos de santo Tomás de Aquino y la visión
imaginativa de la totalidad de la vida humana, recogida en la Divina Comedia de Dante
Alighieri.
La baja edad media
Si la alta edad media estuvo caracterizada por la consecución de la unidad
institucional y una síntesis intelectual, la baja edad media estuvo marcada por los
conflictos y la disolución de dicha unidad. Fue entonces cuando empezó a surgir el
Estado moderno —aún cuando éste en ocasiones no era más que un incipiente
sentimiento nacional— y la lucha por la hegemonía entre la Iglesia y el Estado se
convirtió en un rasgo permanente de la historia de Europa durante algunos siglos
posteriores. Pueblos y ciudades continuaron creciendo en tamaño y prosperidad y
comenzaron la lucha por la autonomía política. Este conflicto urbano se convirtió
además en una lucha interna en la que los diversos grupos sociales quisieron imponer
sus respectivos intereses.
La nueva espiritualidad
Aunque este desarrollo filosófico fue importante, la espiritualidad de la baja edad
media fue el auténtico indicador de la turbulencia social y cultural de la época. Esta
espiritualidad estuvo caracterizada por una intensa búsqueda de la experiencia directa
con Dios, bien a través del éxtasis personal de la iluminación mística, o bien mediante
el examen personal de la palabra de Dios en la Biblia. En ambos casos, la Iglesia
47
orgánica —tanto en su tradicional función de intérprete de la doctrina como en su papel
institucional de guardián de los sacramentos— no estuvo en disposición de combatir ni
de prescindir de este fenómeno.
Toda la población, laicos o clérigos, hombres o mujeres, letrados o analfabetos,
podían disfrutar potencialmente una experiencia mística. Concebida ésta como un don
divino de carácter personal, resultaba totalmente independiente del rango social o del
nivel de educación pues era indescriptible, irracional y privada. Por otro lado, la lectura
devocional de la Biblia produjo una percepción de la Iglesia como institución
marcadamente diferente a la de anteriores épocas en las que se la consideraba como
algo omnipresente y ligado a los asuntos terrenales. Cristo y los apóstoles
representaban una imagen de radical sencillez y al tomar la vida de Cristo como
modelo de imitación, hubo personas que comenzaron a organizarse en comunidades
apostólicas. En ocasiones se esforzaron por reformar la Iglesia desde su interior para
conducirla a la pureza y sencillez apostólica, mientras que en otras ocasiones se
desentendieron simplemente de todas las instituciones existentes.
En muchos casos estos movimientos adoptaron una postura apocalíptica o
mesiánica, en particular entre los sectores más desprotegidos de las ciudades
bajomedievales, que vivían en una situación muy difícil. Tras la aparición catastrófica
de la peste negra, en la década de 1340, que acabó con la vida de una cuarta parte de
la población europea, bandas de penitentes, flagelantes y de seguidores de nuevos
mesías recorrieron toda Europa, preparándose para la llegada de la nueva época
apostólica.
Esta situación de agitación e innovación espiritual desembocaría en la Reforma
protestante; las nuevas identidades políticas conducirían al triunfo del Estado nacional
moderno y la continua expansión económica y mercantil puso las bases para la
transformación revolucionaria de la economía europea. De este modo las raíces de la
edad moderna pueden localizarse en medio de la disolución del mundo medieval, en
medio de su crisis social y cultural.
La sociedad feudal. Estructura social y económica del feudalismo
Tal vez usted esté más familiarizado con el término Medioevo o Edad Media, que
con el de feudalismo. Durante mucho tiempo se habló de Edad Media para hacer
referencia al período de la historia europea que está entre la Antigüedad y el
Renacimiento del siglo XV.
48
Esta periodización respondía a un prejuicio de los historiadores del siglo XVIII
que creían que entre la caída del imperio romano y el Renacimiento, la humanidad se
había sumido en una época oscura en la que nada bueno había sucedido. Uno de los
inconvenientes de esta periodización es que engloba todos los procesos desarrollados
entre los siglos V y XV, como si se tratase de uno solo. De hecho, podemos reconocer
tres procesos diferenciados durante la Edad Media: la transición de la antigüedad al
feudalismo, la consolidación de la sociedad feudal y la transición hacia un nuevo tipo de
sociedad llamada capitalista.
La sociedad feudal adquirió sus características definitivas luego de las
invasiones de los siglos VIII y IX. Los ataques de los pueblos invasores –-árabes y
vikingos- reforzaron la autonomía de las aldeas. Estas quedaron bajo el control de los
terratenientes, pues ellos les ofrecían la protección que los reyes de los reinos
romano-germánicos ya no podían dar. En consecuencia, los nobles terratenientes se
transformaron en el verdadero poder político y económico en Europa occidental, en
tanto que la monarquía se debilitó.
La sociedad feudal estaba conformada básicamente por dos grupos sociales:
una minoría de nobles terratenientes poseedores de los feudos y una mayoría de
campesinos que trabajaban la tierra para su subsistencia y para la de los nobles. Los
artesanos, si bien dedicaban la mayor parte del tiempo a su oficio, también eran
campesinos pues debían cultivar sus alimentos.
Religión y conocimiento en la sociedad feudal
La religión cristiana se había difundido por todo el occidente europeo durante la
última etapa del imperio romano. Con el paso del tiempo, la Iglesia católica se fue
asociando con los grupos de poder. La nobleza acaparó los altos cargos eclesiásticos y
los utilizó para consolidar su poder sobre la sociedad. Sólo en algunos monasterios se
procuraba mantener los ideales de pobreza, castidad y obediencia. Por otra parte, los
monasterios y abadías fueron los encargados de preservar la herencia cultural de
occidente. En ellos los monjes guardaron libros de diferentes épocas y lugares, los
copiaron y tradujeron al latín.
La Iglesia en la sociedad feudal tenía como misión preservar el conocimiento
acumulado por occidente a lo largo de cientos de años. Esta preservación implicó,
entre otras cosas, concentrar un enorme poder. Este se reflejó tanto en aspectos
económicos –la Iglesia tenía sus propios feudos- como en los políticos e ideológicos,
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pues era la institución encargada de legitimar el poder de los señores y de establecer
qué era el bien y qué era el mal.
La crisis de la sociedad feudal
Entre los siglos IX y XI se consolidó el sistema feudal tal como usted lo ha
estudiado en la Unidad 2 de este bloque. A partir del siglo XII, comenzaron a operarse
transformaciones profundas en Europa occidental que tuvieron como resultado la crisis
de todo el sistema.
El incremento de la población favorecido por los cambios tecnológicos se detuvo
y dio paso a una profunda crisis demográfica. Paralelamente resurgieron las ciudades y
se conformó una nueva clase social, la burguesía, que aportaría una nueva forma de
pensar la sociedad.
En este contexto, las características de la sociedad feudal se fueron
desdibujando, mientras una nueva sociedad comenzaba a tomar forma. El comercio
recuperó su antigua importancia, tanto en las ciudades como entre regiones cada vez
más lejanas. Desde los centros urbanos se impulsó el comercio ultramarino y
progresivamente se produjo un nuevo proceso de centralización política, que finalmente
dio lugar a la formación de los Estados modernos y a la conformación de la economía
mundo. A lo largo de esta unidad desarrollaremos los conceptos y procesos históricos
que dieron lugar a la crisis del orden feudal.
Transformaciones en la sociedad feudal
En el siglo XI finalizaron las segundas invasiones y la sociedad comenzó a estar
más segura y más asentada. La población comenzó a crecer debido a la paz que les
permitía vivir más establemente. El crecimiento de la población planteaba la necesidad
de producir más alimentos y para esto era necesario mejorarlas técnicas de cultivo a fin
de aumentar los excedentes agrícolas. Durante siglos la sociedad europea produjo sus
alimentos utilizando herramientas y técnicas de cultivo muy elementales. En el siglo XI
comenzaron a producirse algunos cambios en las técnicas de producción que tuvieron
importantes consecuencias para la vida de esta sociedad.
Resurgimiento urbano y comercial
Durante el feudalismo, las ciudades, si bien no desaparecieron del todo,
perdieron el esplendor de la antigüedad greco romana. Las ciudades feudales parecían
50
fortalezas porque servían para que la población se refugiase en caso de guerra. Eran
fundamentalmente sede de los obispos de la Iglesia católica y centros administrativos
de las aldeas rurales. En ellas la actividad comercial y artesanal era muy escasa. Con
el paso del tiempo estas fortalezas fueron creciendo en importancia, se fueron
agregando edificios para la residencia de príncipes y señores, graneros y bodegas
donde se almacenaban reservas para casos de guerra, iglesias y recintos para
autoridades judiciales.
La crisis del siglo XIV
Hacia el siglo XIV, la expansión de la producción que había caracterizado a los
siglos XI y XII había llegado a su fin. Los profundos cambios de los siglos anteriores
favorecieron la crisis de la estructura social del feudalismo. Esta crisis se manifestó en
todos los aspectos de la sociedad, pero afectó especialmente a los sectores populares.
La formación de los Estados modernos en Europa y la expansión ultramarina
Entre los numerosos cambios que protagonizó la sociedad europea luego de la
crisis del siglo XIV se encuentran la conformación de los Estados modernos de
Inglaterra, Francia, España y Portugal, la exploración de nuevas rutas comerciales por
parte de los dos últimos, y el descubrimiento del continente americano, como
consecuencia de ese proceso de exploración. Este conjunto de procesos posteriores a
la crisis del siglo XIV dio lugar a la formación del llamado mundo moderno. Hacia el
siglo XV muchas de las características de la sociedad feudal se habían modificado. Los
factores principales de esa transformación fueron el desarrollo urbano y comercial, el
creciente poder de la burguesía y una nueva organización del trabajo urbano y rural.
Estos tres factores tuvieron en común el desarrollo del mercado, es decir, la creciente
tendencia a producir para vender que fue desplazando gradualmente a la producción
para el auto subsistencia característica del feudalismo. Los cambios en la organización
económica, política y cultural de la sociedad europea favorecieron el proceso de
exploración de nuevas rutas comerciales.
Portugal y España fueron los principales protagonistas del proceso de
exploración de las rutas oceánicas y de la conquista de los territorios descubiertos. Los
navegantes portugueses, españoles e italianos fueron los primeros en desafiar las
creencias de la época –que consideraban que la tierra era plana y que en el horizonte
se acababa el mundo- navegando más allá de las rutas conocidas.
51
¿Pero por qué fueron los reinos de Portugal y España los primeros en
aventurarse por el océano Atlántico? Además de la ubicación geográfica de la
península Ibérica, es fundamental tener en cuenta la necesidad de sus monarquías –
más pobres que las de Francia o Inglaterra- de obtener metales preciosos, con el fin de
afrontar los gastos de la corte, y el interés de los nobles por conseguir tierras y siervos
para trabajarlas.
Ambos reinos compitieron por hallar las mejores rutas oceánicas y por
apoderarse de los territorios encontrados a su paso. Los avances en los conocimientos
tecnológicos en materia de navegación les permitieron iniciar una aventura que cambió
la historia de la humanidad.
Paralelamente a los procesos de exploración y conquista, los reinos feudales
controlados por la nobleza se fueron transformando en nuevos Estados. A partir del
siglo XV la descentralización, característica del feudalismo, dio paso a la centralización
del poder.
Este proceso político se generó conjuntamente con el auge de la vida urbana y
el creciente poder económico de la burguesía. El poder de los señores y la economía
feudal comenzaron a decaer. Los reyes, que durante el feudalismo habían perdido
autoridad, lograron recuperar el poder perdido con el apoyo de la burguesía y parte de
la nobleza que veían en el sistema feudal una traba para su desarrollo económico. Para
recuperar su autoridad y centralizar el poder, los reyes debieron formar ejércitos,
contribuir barcos para la guerra y el comercio, e incorporar al Estado funcionarios que
los ayudasen a gobernar. Los burgueses –banqueros y mercaderes- aportaron gran
parte del dinero necesario para organizar los nuevos Estados.
Así, los monarcas se impusieron sobre los señores feudales, y éstos a su vez
aceptaron la autoridad real a cambio de mantener sus privilegios. Como consecuencia
de ese proceso, se formaron algunos de los países europeos que existen en la
actualidad, como por ejemplo Francia, Inglaterra, Portugal y España.
En la Edad Media, el conocimiento acumulado por Occidente durante dos mil
años fue preservado por los monjes cristianos en las bibliotecas de las abadías. Ellos
fueron los encargados de traducir al latín, copiar y guardar los libros de ciencia,
filosofía, política, religión y poesía.
El resto de la sociedad europea no tenía acceso a esos conocimientos, pues la
Iglesia sólo difundía la doctrina cristiana. Para la mayoría de las personas, que además
no sabían leer ni escribir, la religión era la única fuente de conocimiento. Con el
52
surgimiento de la burguesía comenzaron a generarse una serie de cambios en la
sociedad medieval, que condicionaron el modo de pensar y de ver el mundo. En las
ricas ciudades de Italia y Flandes, en las que la burguesía y el comercio eran muy
importantes, filósofos, artistas y científicos comenzaron a buscar respuestas a los
profundos cambios que se estaban produciendo en la sociedad: la formación de
Estados modernos, los cambios en la economía, el conocimiento de las culturas de
Oriente a través del comercio.
Más cercanos a los intereses económicos, políticos y culturales de la burguesía,
esos pensadores y artistas, crearon un vasto movimiento cultural: el humanismo. Sus
seguidores entendían que el conocimiento de la política, la ciencia y el arte mejoraban
la condición humana; por lo que los humanistas impulsaron el desarrollo y la difusión de
estas disciplinas, que favorecieron el avance de los conocimientos científicos en
Europa.
El humanismo no cuestionaba a Dios, sino la idea de que la religión fuera el
único conocimiento posible. A pesar de que el humanismo sólo se difundió entre los
grupos privilegiados de las principales ciudades comerciales de Europa, generó entre
los europeos una nueva actitud respecto del conocimiento.
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Unidad 3: La conquista de
América y la organización del espacio
colonial
Con la conquista de América, las sociedades americanas sufrieron cambios
irreversibles en sus culturas, pues la dominación europea implicó la alteración de la
mayoría de sus costumbres y de su forma de vida. Los pueblos americanos fueron
obligados a aceptar la religión cristiana, un sistema de trabajo al servicio de los
intereses europeos, la lengua de los conquistadores, etc. Este proceso de
transformación cultural se denomina aculturación.
A pesar de los intentos de resistencia indígena a la dominación europea, el
resultado de este conflictivo "encuentro" fue la conformación de la sociedad colonial,
caracterizada por el mestizaje étnico y cultural, producto de la inevitable mezcla. El
descubrimiento de América por parte de los europeos inició una nueva etapa en la
historia de la humanidad. A partir de 1492 las sociedades de ambos continentes
comienzan a transformarse como consecuencia de aquel encuentro.
Una vez que las sociedades europeas lograron imponer su dominio sobre las
americanas luego del proceso de conquista, tuvieron acceso a una enorme fuente de
recursos tales como materias primas, metales preciosos, y mano de obra indígena para
la explotación de los mismos. Esto favoreció la conformación definitiva de la economía
mundo, y el desarrollo de un nuevo tipo de relación entre las regiones llamado
colonialismo, cuya principal característica era la subordinación de las regiones
periféricas a los intereses de los centros de poder europeos.
Las culturas americanas
Hasta el siglo XV Europa y América se habían desarrollado de forma
completamente diferente y autónoma. Para esa época existían en América una gran
diversidad de pueblos y culturas. Cada una de esas sociedades estaba organizada
desacuerdo a patrones diferentes:
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• Cazadores y recolectores.
• Con incipiente desarrollo de la agricultura.
• Sociedades urbanas y Estados.
Los dos primeros tipos de sociedades ocupaban el litoral atlántico de América
del sur y los actuales territorios de Argentina, Chile, Estados Unidos y Canadá. Rosque
llegaron a desarrollar sociedades urbanas y estados se hallaban en la región andina, el
actual territorio mexicano y parte de Centroamérica. Los pueblos de cazadoresrecolectores tenían las mismas características que las sociedades paleolíticas del viejo
mundo: eran nómades, depredadores y no conocían la división en clases sociales. Por
su parte, los pueblos agricultores eran sedentarios, productores de sus propios
alimentos y tenían cierto grado de diferenciación social, es decir que eran sociedades
de jefatura.
Algunos antropólogos denominaron a estos dos estadios culturales paleo indio y
neoindio, para diferenciarlos del paleo y neolítico europeos. Las sociedades con
desarrollo urbano y estatal habían creado una cultura con muchas semejanzas a las del
antiguo Egipto y la Mesopotamia asiática. En las regiones de Mesoamérica y del área
andina, los mayas, aztecas e incas dieron vida a civilizaciones productoras de grandes
excedentes agrarios, con una marcada diferenciación social, importantes ciudades y
una fuerte centralización del poder político.
Conquista y colonización de América: Exploración y ocupación del territorio. La
conquista de México y Perú
La búsqueda de rutas oceánicas puso a los españoles en contacto con un
continente desconocido por ellos: América. La conquista de territorios formaba parte de
los objetivos de los reinos europeos del siglo XV. Era un mecanismo común para
obtener recursos económicos para sostener los Estados. Así es que cuando llegaron a
América, iniciaron su conquista y la explotación de sus recursos, especialmente de los
metales preciosos que abundaban en algunos territorios americanos. Para extraer esos
recursos, los españoles derrotaron a los pueblos indígenas y luego los obligaron a
trabajar para ellos. Las riquezas que ofrecía el continente impulsaron a muchos
europeos a incorporarse a las empresas de conquista. La conquista siguió un patrón
más o menos fijo. Se trataba de empresas privadas cuya organización y financiación
corría por cuenta de individuos aventureros y ambiciosos, dispuestos a ofrecer sus
servicios militares para participar de los futuros beneficios.
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Los conquistadores firmaban un contrato con el rey llamado Capitulación. De
acuerdo a este contrato, cada territorio conquistado pasaba a formar parte de la corona
española, que además percibía un porcentaje de las riquezas halladas. Por su parte, el
conquistador o adelantado tenía derecho a gobernar, impartir justicia, nombrar
funcionarios y acuñar monedas en las tierras conquistadas.
Los conquistadores solían ser hidalgos -miembros de la nobleza empobrecida- o
pequeños comerciantes que esperaban conseguir tierras, oro, fama y prestigio.
Llevaban con ellos milicias conformadas por soldados, peones, marineros, sacerdotes,
changarines, médicos y cocineros. Una vez en América incorporaban, ocasionalmente,
indígenas que cumplían la función de intérpretes o traductores. Aquellos hombres
combinaban en general la codicia y la crueldad con la valentía y el espíritu religioso. En
este sentido, eran típicos personajes medievales, pues mezclaban sus deseos de
difundir la fe cristiana -evangelizar- con los de explotarlas riquezas y el trabajo de los
indígenas
Resistencia y aculturación de las sociedades americanas
La conquista de América implicó, entre otras cosas, la destrucción del mundo
indígena. De hecho, el primer contacto produjo una crisis demográfica de tal magnitud
que la población indígena se redujo en pocas décadas a un tercio de laque era en los
tiempos inmediatos a la conquista. Pero además de esta catástrofe en parte natural y
en parte producto de la intensiva explotación del trabajo indígena, la sociedad, la
economía, las religiones y la cultura de los pueblos americanos fueron devastadas. A
pesar de varios intentos de resistencia finalmente se produjo un proceso de
aculturación, es decir la transformación de la cultura indígena a partir del contacto
violento con la cultura europea que logró imponer, no obstante resistencias más y
menos orgánicas, su dominación.
La colonización española: organización del espacio colonial y explotación de
recursos
Para comprender la organización del espacio americano luego de la conquista,
es necesario analizar qué es el colonialismo. Las colonias son territorios que, luego de
un proceso de conquistas, son incorporados a los dominios de un estado extranjero
para que éste los explote en su beneficio. El colonialismo es, entonces, la relación
existente entre los países conquistadores -metrópolis- y los países conquistados -
56
periferias-. Cuando analizamos el concepto de economía-mundo, planteamos que las
principales metrópolis europeas fueron España, Inglaterra, Portugal, Francia y Holanda
y que sus periferias eran América, Asia y África. Entre los siglos XVI yXIX, estas
metrópolis explotaron en su beneficio los recursos de la periferia. Su principal objetivo
era obtener materias primas -algodón, azúcar, cacao, cueros, bananas, café- esclavos
y metales preciosos. Para lograr esos objetivos, dominaban política y militarmente los
territorios conquistados, ya fuera a través de puestos de control diseminados en zonas
estratégicas o a partir de redes más densas y vastas de poblaciones.
Para poder explotar los recursos de las periferias, los europeos debieron
previamente organizar el espacio colonial de acuerdo a sus intereses. En América,
cada una de las metrópolis nombradas se apoderó de una parte del territorio y lo
administró a su manera. En el caso de las colonias españolas, los conquistadores
fundaron ciudades y crearon unidades políticas mayores, llamadas virreinatos.
Los dos primeros fueron los de Perú y Nueva España, cuyas capitales eran Lima
y México, respectivamente. En el siglo XVIII, para mejorar la administración de
territorios tan vastos, crearon dos más: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata.
Cada virreinato estaba gobernado por un virrey, que era la autoridad máxima y
representaba al rey en América. A su vez, los virreinatos se dividían en gobernaciones,
que contenían diversas ciudades. Finalmente, cada ciudad estaba gobernada por un
cabildo, que era un organismo colegiado, semejante a las actuales municipalidades.
La sociedad creada por los conquistadores fue fundamentalmente urbana, pues
fundaron una red de ciudades desde donde organizaban y administraban los territorios
conquistados. En ellas residían las autoridades políticas, militares y religiosas, además
de ser los centros de toda la actividad comercial y cultural. Insuma, reprodujeron en
América, la sociedad urbana y comercial que se había consolidado en Europa luego de
la crisis del siglo XIV.
La colonización del actual territorio argentino: organización del espacio colonial
y explotación de recursos
Antes de la conquista, el actual territorio argentino estaba poblado por etnias con
diferentes culturas. Mientras que en el noroeste argentino se desarrollaron sociedades
57
sedentarias de agricultores, en la región pampeana y en la chaqueña prevalecían los
cazadores-recolectores seminómades.
Los españoles implementaron diferentes estrategias según la cultura de las
distintas poblaciones. Donde la población era sedentaria y abundante procuraron
reducir a los indios al régimen de encomiendas. Esto generó fuertes rebeliones,
especialmente en los valles calchaquíes. Donde la población era escasa y móvil, los
europeos no pudieron dominar fácilmente a los indígenas. Debido a ello, -la escasez de
población y su carácter indómito- los españoles no contaron con mano de obra
indígena para explotar. Tal es el caso del litoral y la pampa donde, además, no había
recursos para explotar valorados por los europeos -metales preciosos, azúcar, cacao,
añil, etc.-. Debido a esto la bautizaron la "tierra del hambre”. La conquista del territorio
tuvo tres vías de acceso: una por el este proveniente de España y del Paraguay, otra
por el norte proveniente del Alto Perú -Potosí- y la tercera por el oeste, desde Chile. A
su paso, los españoles fueron fundando ciudades desde donde tomaban el control
sobre el territorio. Las ciudades del noroeste argentino se fundaron con el objetivo de
proteger a la ciudad de Potosí de los ataques de pueblos indígenas. Esas ciudades
sirvieron, luego, para abastecer al centro minero de mano de obra y diversos
productos, como mulas, carretas y cueros. Por el contrario, las ciudades del litoral
argentino se fundaron con el objetivo de comunicar la ciudad de Asunción -en el actual
Paraguay- con el océano Atlántico.
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UNIDAD N°4: LA EDAD
MODERNALOS ORÍGENES DE LA
SOCIEDAD CAPITALISTA
Período histórico que, según la tradición historiográfica europea y occidental, se
enmarca entre la edad media y la edad contemporánea. La edad moderna, como
convencionalismo historiográfico —así como las connotaciones del término moderno,
utilizado por primera vez por el erudito alemán de finales del siglo XVII Cristophorus
Cellarius—, responde en su origen a una concepción lineal y optimista de la historia y a
una visión euro centrista del mundo y del desarrollo histórico. A pesar de ser aceptada
comúnmente en los medios académicos occidentales como marco referencial, será
objeto de una amplia reflexión entre los historiadores a lo largo del siglo XX en torno a
su amplitud y sus límites cronológicos, sus escenarios geográficos, su alcance
semántico y los fundamentos de la modernidad, entre sus aspectos esenciales.
El siglo XVII representó el apogeo de la mentalidad moderna, caracterizado por
el absolutismo monárquico el triunfo del mercantilismo, la revolución intelectual y las
guerras de religión. El despotismo real fue consecuencia de una evolución gradual que
adquirió características peculiares en cada región. Fue sobre todo en los órdenes
jurídico, económico y administrativo, donde la monarquía trabajó arduamente, con el fin
de reducir los anacronismos que separaban a la realidad de las instituciones vigentes.
Estas circunstancias fueron el fomento de los nuevos ideales políticos que reflejaban
de manera especial el deseo de contar con estabilidad y protección frente a la
confusión y el caos producido por permanentes luchas.
El orden y seguridad fueron considerados más importantes que la libertad y los
monarcas reconocieron su derecho divino para gobernar, cuyo correlato era la
obediencia ciega de sus súbditos.
La nueva política económica: el mercantilismo, apoyaba la intervención estatal
por considerarla factor propicio para aumentar la prosperidad comercial. Alcanzó nivel
mundial, ampliando las bases del capitalismo, al valorizar las actividades lucrativas
59
subrayar el poder del dinero y considerar a la competencia como el fundamento de la
vida económica.
Desde el punto de vista social, la característica saliente fue la ascensión de la
burguesía, favorecida por su poderío económico y su creciente alianza con la
monarquía. Otros cambios sociales destacados fueron el crecimiento demográfico y el
debilitamiento sostenido de la aristocracia.
El progreso intelectual fue una revolución; varios factores contribuyeron a su
advenimiento:
▪ Las ideas renacentistas
▪ Nueva visión del mundo aportado por los descubrimientos
▪ Revalorización de la matemática antigua.
▪ La necesidad de un método válido y confiable apareció como una
exigencia fundamental para el quehacer científico.
▪ Los espíritus más progresistas se dispusieron a buscar nuevos criterios
metodológicos.
Los límites espaciales y cronológicos del mundo moderno
El prisma euro centrista desde el que se concibe la edad moderna es la
consecuencia de la valoración que el pensamiento europeo-occidental ha hecho de
unos procesos básicos y característicos de la cristiandad occidental a lo largo de un
dilatado período de tiempo. En este sentido, la geografía de la modernidad estará
delimitada por Europa, concretamente Europa occidental, y por la magnitud de la
expansión de su civilización desde el inicio de los tiempos modernos.
Pero la conceptualización del mundo moderno y sus límites espaciales y
cronológicos son objeto de diferentes aproximaciones desde la propia historiografía de
Europa occidental. La historiografía tradicional francesa, por su lado, considera que la
edad moderna transcurre entre los siglos XVI y XVIII, situando sus comienzos en torno
a la caída de Constantinopla en 1453, al descubrimiento de América en 1492 y al
fenómeno cultural del renacimiento, en tanto que emplaza su final en el
derrumbamiento de la vieja monarquía y el proceso revolucionario iniciado en 1789
(Revolución Francesa), con el que se iniciaba la contemporaneidad. En cambio, en la
historiografía anglosajona el término ‘moderno’ hace referencia a un período más
60
prolongado y móvil. En consecuencia, la duración de los tiempos modernos
tradicionalmente se ha situado tras el renacimiento, hacia el año 1600, y su final tiende
a prolongarse en el tiempo hasta el siglo XX. La delimitación de su ocaso puede variar
según las diferentes historiografías, en virtud del propio ritmo histórico de cada pueblo:
por ejemplo, en 1848, en las naciones de Europa central; o en 1917 para Rusia.
De cualquier modo, y aunque la historiografía occidental ha tendido a situar la
edad moderna entre los siglos XVI y XVIII, la consideración de acontecimientos
puntuales de singular relieve en modo alguno son significativos sin la valoración de los
procesos de cambio a nivel estructural en el devenir de las sociedades. Así, los inicios
de la edad moderna difícilmente pueden ser comprensibles sin atender al despertar del
mundo urbano en Occidente desde el siglo XIII, al clima de intenso debate religioso que
preludia la Reforma iniciada en el siglo XVI, a los primeros síntomas de cambio en los
comportamientos de la economía hacia formas pre capitalistas o al proceso de
conformación de los primeros estados modernos desde finales del siglo XV. Del mismo
modo, el final de la edad moderna habrá de ser igualmente flexible en virtud de los
procesos constitutivos de la quiebra y desintegración del Antiguo Régimen, cuya
transición tendrá un ritmo y una duración variable según las diferentes realidades
históricas de cada pueblo, y que a grosso modo podemos dilatar desde finales del siglo
XVIII hasta el siglo XIX, y aún en algunos casos hasta el propio siglo XX. En
consecuencia, las transiciones hacia la modernidad y hacia el fin de la misma diluyen
sus límites tanto en el Medioevo como en la contemporaneidad.
Los rasgos esenciales de la modernidad
La modernidad en su origen y en su esencia es un fenómeno europeo, pero la
emergencia, extraversión y expansión de Europa le conferirán una dimensión mundial,
a través de la presencia y la interacción de los europeos con otras civilizaciones de
ultramar.
Como fenómeno esencialmente europeo los rasgos de la modernidad ilustran
unas pautas de cambio profundo en la configuración del universo social, no sin
variaciones según los diferentes pueblos de Europa. En el ámbito de las creencias, el
hecho más elocuente del inicio de la modernidad es la quiebra de la unidad cristiana en
Europa central y occidental, precedido del agitado caldo de cultivo de las herejías y las
contestaciones críticas a la Iglesia romana en la baja edad media y que culmina en la
Reforma protestante y el inicio de un largo ciclo de las guerras de religión desde
61
principios del siglo XVI. Asimismo, la secularización del saber, la consolidación de la
ciencia y el avance del librepensamiento, basados en el pilar de la razón, generarán
actitudes críticas hacia las religiones reveladas.
Estos cambios en la atmósfera cultural y su manifestación en los avances
tecnológicos revolucionarán los hábitos materiales de las sociedades europeas y su
visión y relación con el entorno a escala planetaria. Los nuevos inventos, en la
navegación y en el campo militar, por citar dos ejemplos, facilitarán los descubrimientos
geográficos y la apertura de nuevas rutas de navegación hacia los mercados de
Extremo Oriente y hacia el Nuevo Mundo. En un plano más amplio, el nuevo marco
cultural perfilado en el renacimiento y el humanismo generarán un escenario en el
desarrollo del saber donde el hombre ocuparía un lugar central, cuya proyección
alcanzaría su más elocuente forma de expresión en el espíritu de la Ilustración en el
siglo XVIII y la configuración de Europa como paradigma de la modernidad.
Desde una perspectiva socioeconómica, la lenta pero progresiva implantación de
formas protocapitalistas, vinculadas al desarrollo del mundo urbano desde los siglos XII
y XIII, y el creciente peso de la actividad mercantil y artesanal en unas sociedades
todavía agrarias, irán definiendo los rasgos de la sociedad capitalista. Aquellas
transformaciones económicas transcurrirán paralelas al proceso de expansión de la
actividad económica de los europeos en otros mercados mundiales, bien ejerciendo
unas relaciones de explotación sobre sus dependencias coloniales o bien en un plano
más igualitario, en primera instancia, en otras áreas del globo, como expresión de la
emergencia mundial de las potencias europeas. Asimismo, conviene observar la
traslación del eje de la actividad económica, y también geopolítica, desde el
Mediterráneo, que no obstante seguirá jugando un papel crucial en la historia de los
europeos en su relación con ultramar, hacia el Atlántico.
Las transformaciones económicas transcurrieron parejas e indisociables a
ciertos cambios en la estructura social del Antiguo Régimen. Entre éstos, el
protagonismo de nuevos grupos sociales muy dinámicos en su comportamiento,
tradicionalmente asimilados al complejo concepto de burguesía, los cuales recurrirán a
distintas estrategias tanto de corte reformista como revolucionario para su promoción
social y política y la salvaguardia de sus intereses económicos. Movimientos que no
convienen simplificar y superponer a otros fenómenos sociales que atañen a otros
sectores de la población, tanto agraria como urbana, de carácter más revolucionario,
como se pueden observar en el siglo XVII en el marco de la revolución inglesa; o las
62
estrategias de los grupos tradicionales de poder para frenar o .neutralizar esos
movimientos mediante la cooptación de esa burguesía emergente o mediante el
recurso a prácticas represivas. De cualquier modo, estas pautas de transformación
social conducirían con mayor o menor celeridad y con las peculiaridades propias de
cada sociedad a la antesala del ciclo de revoluciones burguesas que se iniciaría desde
finales del siglo XVIII y que supondría, en términos generales, el desmantelamiento del
Antiguo Régimen.
Desde la perspectiva política, el fenómeno más relevante es la configuración del
Estado moderno, las primeras monarquías nacionales, las cuales se irán abriendo paso
a medida que se diluya la idea medieval de imperio cristiano a lo largo de las luchas de
religión del siglo XVI. El nacimiento del Estado moderno concretará la expresión de
nuevas formas en la organización del poder, como la concentración del mismo en el
monarca y la concepción patrimonialista del Estado, la generación de una burocracia y
el crecimiento de los instrumentos de coacción, mediante el incremento del poder
militar, o la aparición y consolidación de la diplomacia, conjuntamente al desarrollo de
una teoría política ad hoc. Fórmulas que culminarían en el Estado absolutista del siglo
XVII o en los despotismos ilustrados del siglo XVIII, pero que no pueden ocultar la
complejidad de la realidad política europea y el desarrollo de modelos de gobierno
alternativos, como las formas parlamentarias que se fueron implantado desde el siglo
XVII en Inglaterra, y que vaticinan en la práctica y en sus teorizacio.es el posterior
desarrollo del liberalismo.
En su dimensión internacional, la emergencia y la configuración de la Europa
moderna perfilarán una nueva visión y una inédita actitud hacia el mundo, y en esa
perspectiva la modernidad implica el inicio de los encuentros, y también desencuentros,
con otras civilizaciones a lo largo del globo.
Los descubrimientos geográficos y las nuevas posibilidades habilitadas por las
innovaciones técnicas transformarán radicalmente la visión que del mundo tendrían los
europeos. Un cambio de actitud que conjuntamente con las transformaciones
socioeconómicas, culturales y políticas llevará a los europeos a expresar su
extraversión hacia ultramar y concretar en el plano internacional la emergencia de
Europa. En ese proceso, los europeos entrarán en contacto con otros mundos y con
otras civilizaciones, no siempre con un ánimo dialogante, sino con la pretensión de
imponer sus formas de civilización, o dicho de otro modo, con la intención de crear
otras Europa, siempre que encontraran las circunstancias adecuadas para hacerlo. Es
63
cierto que en el caso de América, el Nuevo Mundo se convirtió en el punto de destino
de las utopías del viejo continente, pero en el plano general de la política europea hacia
estas áreas, como más adelante ocurriría con la expansión europea por otros
continentes, se plantearía en términos de desigualdad en favor de las metrópolis
europeas.
Por último, la emergencia y la progresiva hegemonía mundial europea acabaría
influyendo en el desarrollo de las relaciones internacionales, en la misma proporción
que su expansión por el globo, aún lejos a finales del siglo XVIII de lo que sería la
culminación de las prácticas imperialistas y de la hegemonía europea en vísperas de la
I Guerra Mundial. La crisis del universalismo imperial y pontificio (la Christianitas
medieval) entre los siglos XIV y XVI dejará paso a una nueva realidad internacional
europea definida por el protagonismo de los estados modernos, la pluralidad de los
estados soberanos, y la configuración del ‘sistema de estados europeos’, cuya acta de
nacimiento bien puede datarse en la Paz de Westfalia de 1648. Los estados, y
concretamente las grandes monarquías europeas de los siglos XVII y XVIII, serán el
elemento predominante en las relaciones internacionales de la edad moderna y al
designio de éstos quedará relegadas la suerte de las posesiones europeas de ultramar
y las posibilidades de penetración en otros mercados extraeuropeos.
Cambios y permanencias en el mundo moderno
Buena parte de la historiografía modernista sigue manteniendo una división
trifásica de la evolución de dicho período histórico, aunque introduciendo matices y
observaciones que se han ido suscitando a medida que se ha ido revisando la
historiografía tradicional occidental. En este sentido, se distingue un primer período,
ajustado a un "largo siglo XVI", entre mediados del siglo XV y las últimas décadas del
siglo XVI, de nacimiento de los tiempos modernos y en el que se comienzan a
manifestar con notoria claridad los rasgos de la nueva época y la disolución del mundo
medieval; un periodo de reajuste y crisis, entre las últimas décadas del siglo XVI y las
décadas centrales de la segunda mitad del siglo XVII, marcado por tensiones sociales y
económicas de desigual impacto en los diferentes estados, reajustes en la correlación
de fuerzas entre las potencias europeas a lo largo de la guerra de los Treinta Años, y
de cambios importantes en las fórmulas de organización del poder en los estados; y
una tercera etapa, iniciada en las décadas finales del siglo XVII hasta las últimas
décadas del siglo XVIII, con el inicio del ciclo revolucionario, caracterizado por la
64
recuperación económica y demográfica, aunque en algunos casos perdurará el
estancamiento, el desarrollo del espíritu de la Ilustración y la consolidación de dos
modelos políticos (el despotismo o el absolutismo ilustrado) y la monarquía
parlamentaria inglesa, junto a otros factores indicativos de cambio en términos políticoideológicos, como la Independencia estadounidense y la Revolución Francesa, o en
términos socioeconómicos a raíz de las primeras manifestaciones de la
industrialización en Inglaterra
Pero en la consideración crítica de los cambios y los rasgos de la modernidad se
ha de ser extremadamente cauteloso al estudiar las diferentes realidades históricas de
los pueblos y los estados, considerando su propia idiosincrasia y su propio ritmo
evolutivo, tanto dentro como fuera del ámbito europeo. Y asimismo, se ha de
considerar el alcance social de los cambios y la inercia de las permanencias, puesto
que a lo largo de la edad moderna es mucho más lo que permanece que lo que cambia
respecto a la edad media, si apreciamos la estructura y los comportamientos
demográficos, la naturaleza agraria de las sociedades europeas, o la naturaleza de las
relaciones sociales en el marco de la sociedad estamental. La misma apreciación se
puede plantear para definir los límites de la edad moderna y el inicio de la
contemporaneidad en virtud de la pervivencia del Antiguo Régimen, a raíz de las
pautas de cambio y continuidad en las esferas económica, social, político-ideológica y
cultural, en los diferentes pueblos y dentro de las mismas sociedades nacionales.
Orígenes del capitalismo
En la actualidad nuestra sociedad pertenece al sistema capitalista. En esta
unidad analizaremos las características de ese sistema y comenzaremos por rastrear el
proceso histórico que dio lugar a su formación. En principio, debemos recordar
nuevamente el concepto de transición, esta vez de la sociedad feudal a la capitalista.
La sociedad feudal comenzó a transformarse con el desarrollo urbano y comercial. El
descubrimiento de América fue producto de esa transformación y contribuyó a la
formación de una economía mundo. Ésta incluía los nuevos espacios conquistados y
favoreció el desarrollo de un nuevo tipo de sociedad, la sociedad capitalista.
La explotación de los recursos americanos dinamizó el desarrollo económico y
comercial de Europa, pues aportó una gran cantidad de materias primas que se
procesaban en Europa, y metales preciosos que fueron atesorados por los estados
europeos. El permanente incremento de las transacciones comerciales favoreció una
65
nueva forma de organización económica, centrada en el mercado. La producción para
la auto subsistencia se redujo a los campesinos pobres de Europa América.
En esta unidad, entonces, usted estudiará los cambios que se generaron en
Europa a partir de la desintegración del orden feudal producido a partir de la crisis del
siglo XVII, las ideas y los procesos revolucionarios que dieron lugar a la formación del
capitalismo europeo y las características de este sistema económico.
Transformaciones políticas, económicas y sociales en los Estados europeos
Luego de la crisis del siglo XIV los europeos fueron protagonistas de una serie
de transformaciones, que a lo largo de tres siglos terminaron con la sociedad feudal. Se
consolidó el absolutismo monárquico en el orden político; la producción para el
mercado en lo económico; y fue creciendo el poder de la burguesía conjuntamente con
la vida urbana, en lo social.
El siglo XVII fue testigo de una nueva crisis que afectó a toda Europa occidental
ya América. Se detuvo el crecimiento demográfico, se contrajo la actividad comercial y
disminuyó la producción agrícola. Hubo pestes y hambrunas que provocaron una gran
agitación social y política.
Como dijo el historiador Eric Hobsbawn: "hacia fines del siglo XVII, sucedió otro
período de ajuste, fue la crisis del siglo XVII. Es la ruptura final de la sociedad feudal y
el primer paso hacia el triunfo definitivo del capitalismo; virtualmente reproduce durante
el siglo XVIII a través de la Revolución Industrial, en Gran Bretaña, y luego en Francia y
en Estados Unidos".
La crisis del siglo XVIII
1- Las nuevas ideas políticas, económicas y sociales en Francia e Inglaterra
A pesar de que la burguesía no tomó el poder político en Francia, consolidó su
poder económico. Durante el siglo XVIII, su protagonismo en la sociedad se expresó,
entre otras cosas, en la difusión de ideas políticas, económicas y sociales que
representaban sus intereses de clase. El movimiento intelectual impulsado por la
burguesía se denominó Ilustración y su característica más sobresaliente fue la
reivindicación de la razón como principal fuente de conocimiento y de organización de
66
la sociedad. Se oponían a los principios rectores de la Edad Media, a la que
consideraban una era de oscuridad y sin razón.
Las revoluciones burguesas: caracterización de la revolución industrial y de la
revolución francesa
El siglo XVIII es el siglo de las llamadas revoluciones burguesas.
Comenzaremos por explicar qué entendemos por una revolución. En primer lugar es
evidente que se trata de un proceso de cambios profundos. Sin embargo, cambios
hubo en toda la historia de la humanidad y no siempre utilizamos la palabra
"revolución" para definirlos. Una revolución implica un ciclo de transformaciones
profundas, que suceden en un corto plazo de tiempo. Es decir que, una serie de
procesos que vienen madurando lentamente, se aceleran en un determinado momento
debido a la intervención de ciertos factores –aspectos tecnológicos, crisis sociales,
golpes de Estado- que generan la aceleración del tiempo histórico.
Esto fue lo que ocurrió en el último cuarto del siglo XVIII: una serie de procesos
revolucionarios sacudió a la sociedad europea. Entre ellos, los fundamentales
corresponden a la revolución industrial inglesa y la Revolución Francesa. Ambos
movimientos transformaron la historia de la humanidad, el primero en los aspectos
económicos y el segundo en los políticos. La revolución industrial fue una revolución
productiva, que junto con la revolución agrícola, estuvo sostenida en avances
tecnológicos que permitieron un enorme incremento en la producción rural y
manufacturera. Con ella nació un nuevo modo de producir mercancías, que, si bien se
originó en Inglaterra, en el siglo XIX se extendió por toda Europa, Estados Unidos y
Japón. La Revolución Francesa fue una revolución política que terminó con el
absolutismo monárquico. Con ella, el Estado dejó de ser concebido como patrimonio
exclusivo del rey, para ser considerado patrimonio del pueblo. Inspirada en las ideas de
la Ilustración, impuso la soberanía del pueblo y el liberalismo en Francia.
La sociedad capitalista
A lo largo de esta unidad, usted estudió los orígenes del capitalismo, los
procesos revolucionarios que lo consagraron definitivamente y las relaciones sociales
entre la burguesía y el proletariado características de este sistema. A lo largo del siglo
XIX, el capitalismo se difundió y se consolidó en la mayor parte de los países europeos,
Estados Unidos y Japón. Estos países afianzaron su papel de centro en el sistema
67
económico mundial. Las colonias, con excepción de Estados Unidos y Canadá,
mantuvieron su lugar de periferia, aún después de haberse independizado
políticamente de las metrópolis coloniales. Esto significa que, aunque desde el punto
de vista político habían logrado su independencia formal a partir de la primera década
del siglo XIX, siguieron dependiendo económicamente de los países centrales. Es decir
que el capitalismo se transformó en un sistema económico mundial, conformado por un
centro productor de manufacturas y tecnología, y una periferia productora de materias
primas destinadas a ese centro.
En las sociedades capitalistas centrales, si bien se mantuvo la producción rural,
la mayor parte de la producción era realizada en las fábricas, que así se constituyeron
en el principal escenario del conflicto entre la burguesía y la clase obrera. Ese conflicto
se derivaba de la contradicción de intereses entre ambas clases, pues el
enriquecimiento de la burguesía provenía de la explotación del trabajo de los obreros.
Los trabajadores generaban excedentes de productos que los empresarios destinaban
a la comercialización. La ganancia de la burguesía se generaba a partir de la
comercialización de los excedentes producidos por los trabajadores. En las primeras
etapas del capitalismo industrial, los burgueses procuraban pagar lo menos posible el
trabajo obrero -generalmente por debajo de los niveles de subsistencia- a fin de ampliar
sus márgenes de ganancia.
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{{INTRODUCCION AL CONOCIMIENTO HISTORICO Conocimiento Histórico La historia es la ciencia que estudia los hechos o fenómenos (de todo tipo y de toda duración) de la vida de la humanidad, en todas sus conexiones, tanto sincrónicas (con hechos de la misma época), como diacrónicas (con sus antecedentes y causas, y con sus consecuencias). La historia examina las primeras muestras de vida de dichos grupos humanos, ve cómo adquieren conocimientos, cómo sus integrantes entran en relación con otros seres humanos, cómo progresan, o cómo retroceden en ocasiones. La historia permite observar, al mismo tiempo, lo que cada hombre o cada pueblo, han dado para el enriquecimiento de la cultura de la humanidad, y cómo ese enriquecimiento ha podido beneficiar a los demás. Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, historia en el lenguaje usual es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de mentiras. A su vez, llamamos historia al pasado mismo, e, incluso, puede hablarse de una historia natural en que la humanidad no estaba presente (término clásico ya en desuso, que se utilizaba para referirse no sólo a la geología y la paleontología sino también a muchas otras ciencias naturales; las fronteras entre el campo al que se refiere este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la paleo antropología) La historia como ciencia Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se tiende a clasificar a la historia entre las disciplinas humanísticas junto con otras ciencias sociales (también denominadas ciencias humanas); o incluso se le llega a considerar 5 como un puente entre ambos campos, al incorporar la metodología de éstas a aquéllas. La ambigüedad de esa división del conocimiento humano, y el cuestionamiento de su conveniencia, ha llevado al llamado debate de las dos culturas. No todos los historiadores aceptan la identificación de la historia con una ciencia social, al considerarla una reducción en sus métodos y objetivos, comparables con los del arte si se basan en la imaginación. Los partidarios de su condición científica son la mayor parte de los historiadores de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI (incluyendo, de entre los muchos que han explicitado sus preocupaciones metodológicas. Buena parte de ellos, desde una perspectiva multidisciplinar (Braudel combinaba historia con geografía, Bracher con ciencia política, Fogel con economía, Gay con psicología, Trigger con arqueología), mientras otros investigadores la vinculaban como la sociología y la antropología. Esto no quiere decir que entre ellos hayan alcanzado una posición común sobre las consecuencias metodológicas de la aspiración de la historia al rigor científico, ni mucho menos que propongan un determinismo que (al menos desde la revolución einsteniana de comienzos del siglo XX) no proponen ni las llamadas ciencias duras. Por su parte, los historiadores menos proclives a considerar científica su actividad tampoco defienden un relativismo estricto que imposibilitaría de forma total el conocimiento de la historia y su transmisión; y de hecho de un modo general aceptan y se someten a los mecanismos institucionales, académicos y de práctica científica existentes en historia y comparables a los de otras ciencias (ética de la investigación, publicación científica, revisión por pares, debate y consenso científico, etc.). La utilización que hace la historia de otras disciplinas como instrumentos para obtener, procesar e interpretar datos del pasado permite hablar de ciencias auxiliares de la historia de metodología muy diferente, cuya subordinación o autonomía depende de los fines a los que estas mismas se apliquen. 6 División del tiempo histórico Prehistoria Edad de Piedra Edad de los Metales P a l e o l í t i c o Mesolítico NEOLITICO Edad DEL COBRRE Edad DEL RONCE Edad P DEL HIERRO A L E O L Í T I C O I N F E R I O R P A L E O L Í T I C O M E D I O PALEOLÍTICO SUPERIOR Epi-PALEOLITICO Proto-NEOLITICO Historia (Occidente) Protohistoria Edad Antigua Edad Media siglo XV Edad Moderna siglo XVIII Edad Contemporánea Antigüedad clásica Antigüedad tardía Alta Edad Media Media Edad Baja Plena Edad Media Crisis siglo XVI siglo XVII siglo XIX siglo XX siglo XXI Periodización Universal de la Historia Prehistoria 7 Desde la aparición del hombre (diferenciación de las distintas especies del géneroHomo, sub tribuhominina, superfamilia Hominoidea, orden de los primates), de fechas inciertas, hace más de dos millones de años; hasta la aparición de la escritura, en torno al IV milenio a. C. Paleolítico (etimológicamente Antigua Edad de Piedra, por la piedra tallada). Los hechos más decisivos son los ligados a la evolución humana, en lo físico, y a la evolución cultural primitiva (utilización de herramientas y del fuego y desarrollo de distintos tipos de colaboración y conducta social primitiva; destacadamente el lenguaje). Los grupos sociales no superarían el tamaño de hordas, con una población inferior a un habitante por kilómetro cuadrado. La economía se limitaba a una relación depredadora con el medio ambiente (caza, pesca y recolección), lo que no impedía un impacto notable (primera humanización del paisaje natural y extinciones provocadas por la presión de la actividad humana en los ecosistemas donde se introduce). Paleolítico inferior. Primeros modos de talla lítica de instrumentos, asociados a restos fósiles de homínidos: Australopitecus, Homo habilis y Homo ergaster (África sudoriental), Homo erectus (extendido por todo el Viejo Continente); Homo antecesor y Homo heidelbergensis (específicos de Europa -yacimiento de Atapuerca-). Paleolítico medio. Ligado a cambios en la cultura material (Musteriense o modo 3) y en las especies de homínidos (Hombre de Neanderthal en Europa, Homo sapiens arcaico en África -Hombres de Kibish-), desde hace 130.000 años hasta hace 35.000 años aproximadamente. Paleolítico superior. Ligado a la cultura material asociada al Homo sapiens moderno: el modo 4 (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense -en Europa-, Clovis y Monte Verde -en América, donde por primera vez aparecen homínidos-); desde hace 35.000 años hasta hace 10.000 años aproximadamente. Ya no hay cambios significativos para la paleo antropología en el registro fósil; las variaciones entre distintos grupos son mucho más sutiles: las estudiadas tradicionalmente por la antropología física y que se conocían como razas humanas, y que la moderna genética de poblaciones estudia con renovadas metodologías (genética molecular). Junto con la paleo-lingüística pretende reconstruir las migraciones primitivas 8 Neolítico (etimológicamente "nueva Edad de Piedra", por la piedra pulimentada). Del VIII milenio a. C. al IV milenio a. C. aproximadamente. Su inicio en cada zona está ligado al desarrollo de la denominada Revolución Neolítica: sustitución de la economía depredadora (caza, pesca y recolección) por la economía productora (agricultura y ganadería), lo que intensificó extraordinariamente la densidad de población (de crecimiento limitado -régimen demográfico antiguo-) y el impacto en el medio ambiente. Aparición de la cerámica, sustitución del nomadismo por el sedentarismo (asentamientos estables o aldeas). Tuvo lugar a partir del VIII milenio a. C. en el Creciente fértil del Oriente Próximo, y se difundió hacia el norte de África y Europa (en España a partir del VI milenio a. C.) y Asia. La aparición de la agricultura y la ganadería se produjo de forma endógena en otras zonas del mundo (con seguridad en América, de forma menos clara en otras zonas). Edad de los Metales. Desde el IV milenio a. C. (o más tarde, según la zona), que aunque es una época ya histórica en el Próximo Oriente Antiguo, es aún prehistórica en la mayor parte del mundo. Tecnológicas de difusión paulatina (metalurgia, rueda, arado, vela). Algunas aldeas se amurallan y aumentan de tamaño hasta transformarse en ciudades. La economía y la sociedad se hace más compleja (excedentes, comercio a larga distancia, especialización del trabajo, social con una élite dirigente caracterizada por la exhibición de riqueza en forma de armas y monumentos funerarios). El tránsito a la historia se dará cuando se complete la formación de las sociedades complejas (civilizaciones) con estado y religión institucionalizada, que producirán la escritura. Calcolítico o Edad del Cobre (III milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental). Edad del Bronce (II milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental). Edad del Hierro (I milenio a. C. aproximadamente, en Europa Occidental, hasta la romanización). Edad Antigua - Antigüedad temprana. Primeros estados (templos, ciudades-estado, imperios hidráulicos) en Mesopotamia (Sumeria, Acad, Babilonia, Asiria), Antiguo Egipto, Levante Mediterráneo (Fenicia, Antiguo Israel) y el resto del Mediterráneo Oriental (civilizaciones anatólicas -hititas-, y egeas - minoica y micénica-); con muy poca relación con esos núcleos en India (cultura del valle del Indo), China; y de forma endógena en la América precolombina y en algunas culturas del África Subsahariana 9 - Antigüedad clásica: Entre el siglo VIII a. C. y el siglo II d. C. De validez restringida a las civilizaciones griega y romana, caracterizadas por la cultura clásica (término de gran ambigüedad, que en su aspecto espacial y temporal puede considerarse ampliado a todo el Próximo Oriente por el helenismo posterior al imperio de Alejandro Magno y al Mediterráneo occidental por el helenizado Imperio; o restringido al período clásico del arte griego -siglo V a. C. y siglo IV a. C.-; o de forma aún más estricta reducido al siglo de Pericles -la Atenas de mediados del siglo V-), y unos precoces conceptos de libertad, democracia y ciudadanía que se basaban paradójicamente en la sumisión de otros pueblos y la utilización intensiva de la fuerza de trabajo esclava. Ambas civilizaciones contaban sus eras desde fechas del siglo VIII a. C. (la primera olimpiada o la fundación de Roma, respectivamente). Simultáneamente se desarrolló el Imperio persa, que ocupa el espacio intermedio y pone en contacto las civilizaciones mediterráneas con las civilizaciones asiáticas, especialmente la hindú, mientras que las civilizaciones de Extremo Oriente, como la china, se desarrollan de forma prácticamente independiente, y las americanas en total desconexión. - Antigüedad tardía: De validez restringida a Occidente, es un período de transición, desde la crisis del siglo III hasta Carlomagno o la llegada del Islam a Europa (siglo VIII), en que el imperio romano entra en decadencia y sufre el impacto de las invasiones germánicas, nuevas religiones monoteístas (cristianismo e Islam) se imponen como religiones dominantes y el modo de producción esclavista se sustituye por el modo de producción feudal. En Oriente sobrevive el Imperio bizantinorehelenizado. Edad Media De validez restringida a Occidente, desde la caída del Imperio romano de Occidente (siglo V) hasta la caída del Imperio romano de Oriente (siglo XV). En un período tan prolongado se produjeron dinámicas muy complejas, que poco tienen que ver con los tópicos de aislamiento, inmovilismo y oscurantismo con que se la definía desde la perspectiva de la modernidad, que la infravaloraba como un paréntesis de atraso y discontinuidad entre una mitificada edad antigua y su renacimiento en la moderna. ▪ Alta Edad Media: siglo V al siglo X. Una época oscura por la escasez de fuentes escritas, debida al retroceso de la vida urbana y de la descomposición del poder político que caracterizan al feudalismo. La Iglesia, sobre todo a través del monacato, se convierte en la única continuidad de la tradición intelectual. La nobleza y el clero, vinculados familiarmente, son los señores que ejercen el poder político, social y económico sobre los 10 campesinos sometidos a servidumbre. Castillos y monasterios se imponen en un paisaje de bosques, baldíos y pequeñas aldeas casi incomunicadas. ▪ Baja Edad Media: Del siglo XI al siglo XV. A veces se restringe al siglo XIV y al siglo XV, como crisis de la Edad Media o Crisis del siglo XIV; denominándose el período del siglo XI al siglo XIII como plenitud de la Edad Media. Se produce una revolución urbana y un aumento de la actividad comercial y artesanal de una incipiente burguesía, al tiempo que se fortalece el poder de las monarquías feudales. Los poderes universales (Pontificado e Imperio) se enfrentan y entran en crisis. Las Cruzadas demuestran la capacidad de expansión europea hacia el oriente del Mediterráneo, mientras en Andalucía (España musulmana) se imponían los reinos cristianos del norte peninsular. La universidad medieval reelaboró el saber antiguo a través de la escolástica (revolución del siglo XII). En los siglos finales se conforman los rasgos que caracterizarán todo el período del Antiguo Régimen: una economía en transición del feudalismo al capitalismo, una sociedad estamental y una monarquía autoritaria en transición a la monarquía absoluta. Edad Moderna De mediados o finales del siglo XV a mediados o finales del siglo XVIII. (Para los anglohablantes, Early Modern Times, es decir, "Primera Edad Moderna" o "Edad Moderna Temprana"). Se toma como hitos que marcan su comienzo la imprenta, la toma de Constantinopla por los turcos o el descubrimiento de América; como final, la Revolución francesa, la independencia de los Estados Unidos de América o la Revolución industrial. Es por primera vez, un período de validez casi mundial, puesto que para la mayor parte del mundo (con la excepción sólo parcial de China o Japón -que tras unos primeros contactos optan por cerrarse a la influencia exterior en mayor o menor medida- o de espacios recónditos de América, África y Oceanía -colonizados en el siglo XIX-), significó la imposición de la civilización occidental y la denominada economía-mundo. Se inició con la era de los descubrimientos y la expansión del imperio español y el portugués, mientras el mundo de las ideas experimentaba las innovaciones del Renacimiento, la Reforma Protestante y la Revolución científica; contrapesadas por la Contrarreforma y el Barroco. Mientras en la Francia de Luis XIV triunfaba el absolutismo, en otras partes de Europa noroccidental lo hacían las primeras revoluciones burguesas que desafiaban al Antiguo Régimen (revolución holandesa, revolución inglesa) y en el sur y este del continente se 11 observaba un proceso de refeudalización. El eje de la civilización se desplazó de la cuenca del Mediterráneo al océano atlántico. Edad Contemporánea Desde mediados o finales del siglo XVIII hasta el presente. (Para los anglohablantes Later Modern Times, es decir, "Segunda Edad Moderna" o "Edad Moderna Tardía"). Una inicial era de las revoluciones (revolución industrial, revolución burguesa y revolución liberal) acabó con el Antiguo Régimen y dio paso en la segunda mitad del siglo XIX al triunfo del capitalismo que se extiende con el imperialismo a todo el mundo, al tiempo que se veía contestado por el movimiento obrero. Las guerras napoleónicas dieron paso a un periodo de hegemonía británica durante la era Victoriana. El comienzo de la transición demográfica (primero en Inglaterra, poco después en el continente europeo y posteriormente en el resto del mundo) produce una verdadera explosión demográfica que altera de forma radical el equilibrio social y el del hombre con la naturaleza, sobre todo a partir de la segunda revolución industrial (paso de la era del carbón y de la máquina de vapor a la era del petróleo y el motor de explosión y la era de la electricidad). La primera mitad del siglo XX se marcó por dos guerras mundiales y un período de entreguerras en el que las democracias liberales enfrentadas a la crisis de 1929 se ven desafiadas por los totalitarismos soviético y fascista. La segunda mitad del siglo XX se caracterizó por el equilibrio del terror entre las dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética), y la descolonización del Tercer Mundo, en medio de conflictos regionales de gran violencia (como el árabe-israelí) y una aceleración de la innovación tecnológica (tercera revolución industrial o revolución científico-técnica). Desde 1989, la caída del muro de Berlín y la desaparición del bloque comunista condujeron al mundo actual del siglo XXI presidido por la globalización tanto de la economía como de la presencia política, militar e ideológica (poder blando) de la única superpotencia, así como de sus aliados (potencias clásicas - Unión Europea, Japón-), socios o posibles rivales (potencias emergentes -China-) y opositores (potencias menores, como algunos países islámicos, y movimientos a veces expresados en terrorismo. 12 NIDAD N°1: LAS SOCIEDADES ANTIGUAS MESOPOTAMIA El término hace referencia a una tierra entre ríos; específicamente la región comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates, entre las mesetas de Irán y la zona conocida como Asia menor. Los ríos posibilitaron el establecimiento de los hombres en medio de una zona de desiertos y montañas. Los hombres transformaron los pantanos del lugar en campos sembrados y en aldeas y ciudades de piedra. La Mesopotamia Asiática podemos dividirla en dos sectores: ▪ Al sur: baja Babilonia con tierras arcillosas y fértiles, productora de abundantes cosechas. ▪ Al norte: alta Asiria, una llanura accidentada rica en bosques, minerales y piedras. La Mesopotamia fue durante mucho tiempo el centro del mundo antiguo, el único paso importante entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. Las ricas llanuras del Tigris y del Éufrates siempre estuvieron expuestas a las invasiones de los nómadas del desierto y al ataque brutal de los montañeses. La historia de la Mesopotamia es una sucesión de guerras, de invasiones y de dominaciones que no duraron mucho tiempo. Hacia 4000 a.C., un pueblo de origen desconocido, los sumerios, ocuparon el sur de la Mesopotamia. Grandes constructores de diques y de canales de riego, los sumerios fundaron ricas ciudades, que comerciaban con las costas del Mediterráneo y el valle del río Indo. En muy corto tiempo, los sumerios conquistaron todo el sur de Babilonia. Sin embargo, las ciudades sumerias actuaban como principados independientes (ciudades- Estado) gobernadas por un príncipe, trataron de mantener el separatismo, mientras disputaban las sangrientas guerras con las ciudades vecinas. Mientras ocurría todo esto en Sumer, en el norte de Babilonia, un pueblo llegado de los desiertos cercanos, el pueblo acadio, dominaban la zona fundando ciudades. Con el tiempo, los acadios dominaron con mano de hierro a los sumerios, estableciendo el primer reino unificado de la región, la primera Babilonia. Sin embargo, 13 el reino babilónico duró menos de cien años, pues nuevos invasores acabaron con su poder, reiniciándose así un período donde cada una de las ciudades se mantuvo independiente. Hacia el siglo IX, la Mesopotamia era un sólo reino. Nos encontramos ante el imperio Asirio y la capital fue la ciudad de Nínive. Pese al triunfo, los habitantes de Babilonia, decidieron terminar con el dominio. Se estableció un nuevo imperio llamado Nueva Babilonia. Este llegó a conquistar las costas mediterráneas, pero, menos de cien años después, desapareció la independencia de los pueblos. La historia de las culturas que se desarrollaron en la Mesopotamia, es confusa, pueblos victoriosos que sometieron a otros, luchas sucesivas para lograrla hegemonía en el territorio, para acabar finalmente dominados por nuevos invasores que provenían de otras tierras. La sociedad mesopotámica se componía de los siguientes grupos: ▪ LOS NOBLES: el rey, los sacerdotes, los escribas. ▪ LOS HOMBRES LIBRES: comerciantes, artesanos, campesinos. ▪ LOS ESCLAVOS: prisioneros de guerra. EGIPTO Numerosos grupos de origen semitas norafricanos, negroides del sur, invadieron el valle y el delta del Nilo atraídos por la fertilidad del suelo. Luego valoraron las condiciones del suelo mejorando técnicas agrícolas. Aprendieron a disciplinar la fertilidad de la tierra en que vivían. La población heterogénea se unió en amplias comunidades con dirigentes para llevar a adelante la adaptación al medio geográfico. Organización política y social: teocracia y absolutismo. Una característica más saliente de la sociedad egipcia era la marcada desigualdad social (monarquía centralizada).A la cabeza de la sociedad el faraón, que era un dios sobre la tierra y como tal era reverenciado y temido; su poder era por herencia y origen divino. Solía realizar sus matrimonios dentro de su misma familia o con mujeres de la alta nobleza. También estaban los escribas (clase social al servicio del estado, mediante costosos estudios accedían a la escritura jeroglífica. La inmensa mayoría de la población eran pobres campesinos y artesanos sometidos a la explotación por parte del estado para el sostenimiento de cultos y grandes templos. 14 Existió la esclavitud, reclutada entre los prisioneros de guerra ocupaban el último escalón de la escala social. Religión Dedicaron una gran parte de sus riquezas al culto de los reyes muertos, porque por medio de sus ofrendas esperaban desde una gran cosecha hasta un bienestar más grande en otra existencia después de la muerte. Su religión era politeísta, pensaban que las divinidades estaban presentes en las estatuas que las representaban y algunos animales sagrados como el buey. El faraón, considerado como un dios viviente y un hijo del máximo dios, el dios sol, denominado Ra. Cada soberano, desde el inicio de su reinado, comenzaba a preparar la tumba en el cual sería sepultado, una de las mayores preocupaciones de los egipcios era proveerse de una morada para después de la muerte. Las tumbas reales podían ser mastabas, las más antiguas y modestas (con una cavidad rodeada por una pared de ladrillos con una capilla para las ofrendas); pirámides, enormes construcciones de piedra; o hipogeos, tumbas subterráneas cavadas en la roca de las montañas cercanas al valle del Nilo, son la sepultura más moderna disimuladas en la montaña para evitar el robo de las riquezas que se depositaban en ellas. Los cuerpos muertos se encontraban momificados. Legado Cultural La cultura egipcia, desde las primeras épocas de Menes, el faraón unificador, se desarrolló a lo largo de tres mil años, antes del nacimiento de Cristo. Este pueblo ha dejado para la posteridad un rico legado que va desde las famosas pirámides y colosales hasta esculturas de todo tipo, algunas hasta "hablaban"; con una extraordinaria literatura y, sobre todo, su sistema de numeración y amplios conocimientos científicos. Para evitar los latrocinios de los saqueos de tumbas se trasladaron al Valle de los Reyes donde pueden verse tumbas excavadas en la roca viva, templos funerarios como el de la reina Hastsepsut. El faraón Akenatón, impuso el monoteísmo, reglas artísticas y construyó una ciudad extraordinaria con avenidas y puentes. Los sacerdotes no dejaron que estas ideas prosperaran y su hijo fue obligado a continuar con las ideas anteriores. La obra más famosa son las estatuas colosales de Memón, en épocas de esplendor egipcio estas estatuas "hablaban", en realidad un ingenioso dispositivo 15 basado en la inclinación de los rayos solares, utilizaban la condensación de la humedad en un cierto día del año, lo que provocaba un efecto casi igual al habla. Las paredes de las tumbas estaban cubiertas por pinturas que describen con total realismo escenas cotidianas y del mundo religioso. Maravillosos poemas de amor, consejos para los gobernantes, himnos religiosos y también verdaderas historias de aventuras, ("memorias de Sinuhit", adaptada en una famosa película: Sinué en egipcio. Todas estas obras están escritas en jeroglíficos, sistema de escritura basado en ideogramas. Más adelante se agruparon las consonantes aisladas, sin incluir vocales. En segundo término se utilizó la hierática. Más adelante fue creada la escritura demótica. LA ANTIGUA GRECIA Los griegos daban el nombre de pelasgos a los primeros habitantes de su país. Estos labraban la tierra y se les atribuyó la fundación de las más antiguas poblaciones. A fines del siglo XV se produce una civilización de pueblos más civilizados que hablan un dialecto indoeuropeo, es decir emparentado con los idiomas que hoy se hablan en Europa. Las inscripciones egipcias y los poemas homéricos llaman a estos pueblos aqueos y son antecesores de los helenos. En el último período de la edad del bronce en Grecia (1500-1200 a. C.), el continente fue absorbiendo paulatinamente la civilización cretense. Hacia el 1400 a. C., los aqueos conquistaron y controlaron las islas y poco después también dominaron el continente, en especial la región de Micenas. Debido a las exhaustivas investigaciones de sus ruinas, la ciudad da su nombre a los antecesores aqueos, aunque también destacaron en importancia otras ciudades-Estado. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Ilíada, comenzó alrededor del 1200 a. C. y probablemente fue uno de los conflictos bélicos que tuvieron lugar entre los siglos XIII y XII a. C. cuando la civilización micénica estaba en su apogeo. Puede que tuviera relación con la última y más importante invasión del norte, que ocurrió en aquel tiempo e introdujo la edad del hierro en Grecia gracias a los dorios. Los dorios abandonaron las montañas del Epiro y descendieron al Peloponeso y a Creta, utilizando armas de hierro para conquistar y expulsar a los anteriores habitantes de estas regiones. Los dorios derrocaron a los monarcas aqueos y se asentaron sobre todo en las regiones meridionales y orientales de la península. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Muchos aqueos 16 buscaron refugio al norte del Peloponeso, zona que más tarde se llamó Aquea. Otros resistieron duramente a los dorios, y tras ser sometidos, fueron reducidos a servidumbre y denominados ‘ilotas’. Los que lograron huir se refugiaron en el Peloponeso, se reunieron con sus parientes en Ática y en la isla de Eubea, pero después emigraron al igual que los eolios a las costas de Asia Menor. En los siglos posteriores al 1200 a. C.C. la progresiva colonización de las costas de Asia Menor, primero por los refugiados procedentes de zonas ocupadas por los dorios y más tarde por los mismos dorios, convirtió la región en parte política y cultural de Grecia. Por cada una de las tres divisiones étnicas griegas se creó una gran confederación. La parte norte de la costa de Asia Menor y la isla de Lesbos formaban la Confederación Eólica. La Confederación Jónica ocupaba el distrito medio, llamado Jonia, y las islas de Quíos y Samos. Al sur de las islas de Rodas y Cos se estableció una Confederación Dórica. Varios siglos después (750-550 a. C.), el rápido aumento de la población, la escasez de alimentos, el florecimiento de la artesanía y el comercio y otros factores conllevaron una nueva oleada colonizadora. Se fundaron colonias en lugares tan lejanos como la costa oriental del mar Negro y Massilia (actual Marsella, Francia), y tuvieron lugar asentimientos en Sicilia y la parte meridional de la península Itálica. Esta última tenía tal densidad de población griega que se la conocía como la Magna Grecia. A lo largo de la formación de Grecia se distinguen una Continental y otra Marítima. Grecia Continental : También denominada Hélade, comprendía la parte inferior de la península de los Balcanes región caracterizada por ser la más montañosa de las tres penínsulas mediterráneas de Europa esta se unía con la península del Peloponeso (hoy Morea) por el istmo de Corinto. El territorio griego se hallaba entre los mares Egeo y Jonico, hacia el norte no se conocía una frontera natural pero según Estrabon (geógrafo griego), esta podía marcarse con una línea que iba desde el golfo de Arta hasta el golfo de Salónica. El territorio de Grecia se caracterizó por presentar un conglomerado de montañas de rocas calcáreas y frecuentemente desnudas, las cuales se hallan separadas por valles estrechos y profundos o por llanuras, verdaderas cuencas de antiguos lagos donde abundan los olivares; entre tales llanuras podemos nombrar las de Tesalia, Tebas, Atenas, Argos y la Esparta. Entre las montañas más célebres podemos nombrar el Pindo, el Olimpo, el Osa, el Pelión, el Parnaso, el 17 Helicón, el Himeto y el Pentélico. En Peloponeso se alza la alta planicie de Arcadio terminada hacia el sur por la poderosa cadena del Taigeto. Grecia marítima: Grecia tenía una posición marítima privilegiada pues presentaba posibilidades de comunicación marítima a lo largo de todo el territorio gracias a sus golfos, entre los cuales los más relevantes son de Corinto y de Egina, que apenas estaban separados por una lengua de tierra de 5 Km. Grecia poseía más de 2000 Km de costa, de manera que no existía cantón o república que no tuviese bahías y promontorios bañados por el mediterráneo. Grecia estaba envuelta por las islas algunas tan próximas del continente que parecen su prolongación, lo cual sucede con la Eubea, y las Cícladas esparcidas por el mar Egeo, las que señalaban el paso entre Europa y la costa de Asia, donde otros griegos poblaban las grandes islas de Lesbos, Quío, Samos, y Rodas. El mar formó marinos y comerciantes poniendo a los griegos en contacto con todos los pueblos de oriente de quienes tomó los primeros elementos de civilización. El mar fue el que les dio riquezas e hizo que Estados de muy corta extensión, reducidos casi a una ciudad, fueran el centro de verdaderos imperios mediterráneos. La época arcaica Hacia el año 1100 a. C. penetraron en el territorio griego los dorios llegando a constituir la cultura centro micénica. Es en esta época cuando empieza la llamada "edad media griega" y fue una larga etapa de formación que se prolongó hasta el siglo VIII. Uno de los procesos más importantes que se dieron fue el de la formación de los Estados griegos, surgidos de la fusión entre la población indígena y los invasores. Abarcaban pequeñas comarcas con una ciudad como centro, la Polis. En general, todos ellos pasaron por etapas parecidas en cuanto a la evolución de su forma de gobierno. Al comienzo de esta época eran monarquías, a las que sucedió un gobierno aristocrático, que en buen parte de ellos derivó hacia la democracia. La expansión comercial, el crecimiento demográfico y el endeudamiento del campesinado, entre otros motivos, obligaron a los griegos a abandonar sus lugares de origen, se instalaron tanto en Oriente como en Occidente y fundaron colonias; hubo dos clases de colonias: las plazas comerciales y las agrarias, mantenían fuertes lazos culturales con la metrópoli, pero disfrutaban de una total independencia político administrativa. 18 La expansión por Oriente la realizaron en dos etapas. En la primera colonizaron las islas del Egeo y las costas del Asia menor. En la segunda, tras conquistar el norte del Egeo y el Helesponto, llegaron hasta Crimea y el mar de Asov. Los griegos llegaron incluso hasta el país del Nilo, en cuyo delta instalaron también una factoría. Seguidamente se dirigieron hasta Occidente. Fundaron colonias en Sicilia y en el sur de Italia, en un área que fue conocida con el nombre de Magna Grecia. Llegaron hasta las costas del Mediterráneo español donde entraron en contacto con Tartesos, y las del sur de Francia. Estas colonias en parte de poblamiento y en parte puramente comerciales, difundieron la técnica y el arte helénicos La época helénica Una vez finalizadas las grandes migraciones al Egeo, los griegos desarrollaron una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos ‘helenos’, nombre derivado, según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término griegos, empleado por posteriores pueblos extranjeros, provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín de una pequeña tribu helénica del Epiro con la que los romanos tuvieron contactos. Al margen de la mitología, que era la base de una compleja religión, los helenos desarrollaron una genealogía que remontaba sus orígenes a héroes con carácter semidivino. A pesar de que los pequeños Estados helénicos mantenían su autonomía, seguían un desarrollo similar en su evolución política. En el período pre-helénico los jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados. Entre el 800 y el 650 a. C. estas monarquías se fueron sustituyendo por oligarquías de aristócratas, ya que las familias nobles compraban las tierras y éstas eran la base de todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a. C. muchas de estas oligarquías helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desafectos, llamados tiranos. La aparición de las tiranías se debió sobre todo a un factor económico. El descontento popular surgido frente a las aristocracias se había convertido en un importante factor político a causa del aumento de la esclavitud de los campesinos sin tierras; la colonización y comercio en los siglos VIII y VII a. C. aceleró el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que supieron aprovecharse del gran descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las ciudades-Estado. 19 Después de las guerras médicas, Atenas, orgullosa de gloria y rica por las conquistas, brilló con esplendor extraordinario. Esa es la época en que nos ofrece el cuadro más perfecto de la vida griega. El bienestar y la alegría del hogar, llamaban muy poco la atención al griego, porque su mayor parte de tiempo lo pasaba ocupado en sus negocios, ejercicios físicos, política y ceremonias. Vivía no para su familia, sino para la ciudad, por lo que el lujo de esta (no en todos los caos) era su orgullo. Se contentaba personalmente con una vida sencilla y modesta, con tal que los monumentos y fiestas a sus dioses provocaran admiración universal. Atenas Atenas no era una ciudad con casas altas ni calles anchas. Las casas se agrupaban en la falda de la Acrópolis según el capricho del dueño, y formaban un dédalo de callejuelas de que sólo los antiguos barrios indígenas de las ciudades argelinas pueden dar una idea. Luego del incendio de la ciudad por los persas, se reconstituyó Atenas, se crearon barrios nuevos en que se plantaron árboles, las casas fueron más espaciosas y las calles se trazaron a cordel, pero en realidad todo esto sólo se hizo en los barrios más ricos. Los comerciantes permanecieron en sus casuchas de la antigua Atenas. La vida pública: La vida de un ciudadano de Atenas puede compararse con la de un hombre que fuera en tiempo ordinario a la vez comerciante y diputado, y que en ciertos casos fuera llamado por elección o porque le tocara la suerte, a ser magistrado empleado de menor categoría u oficial. Todos los ciudadanos eran iguales en derechos y tomaban parte en el gobierno y en la administración pública. Este gobierno de un Estado en que el pueblo ejerce la soberanía, se llama democracia. La democracia: “La constitución que nos rige, dice Pendes, ha recibido el nombre de democracia porque su fin es la utilidad del mayor número y no la de una minoría.” El filósofo Aristóteles resume poco más o menos en estos términos el funcionamiento de la democracia. Es preciso que los magistrados sean elegidos por todos o por sorteo; que las dignidades no se distribuyan según la importancia de la fortuna; que las funciones no duren nunca muy largo tiempo, que todos los ciudadanos sean llamados a juzgar con los tribunales, y, por último, que la decisión de todas las codas dependa de la Asamblea general de los ciudadanos". 20 Así se procedía en Atenas, cualquier ciudadano, sin que se tuviera en cuenta su nacimiento o su fortuna, podía aspirar a los honores y a alcanzarlos, pues los cargos de arconte, de senador y de juez eran sorteados todos los años. Todo ciudadano participaba del gobierno, porque él decidía con su voto si las leyes propuestas habían o no de entrar en vigor ya en Atenas, ya con el resto del imperio. También tenía derecho a gozar de comodidades, puesto que, con el fin de que hasta los pobres pudieran desempeñar los cargos públicos, se imaginó que éstos fueran retribuidos y que se retribuyera la presencia en la Asamblea; por consiguiente, cumplir con los deberes de ciudadano, fue un verdadero oficio para el ateniense. Esta democracia era en, realidad una aristocracia. Los electores eran poco numerosos (15.000 a lo sumo), y la Asamblea era como una reunión pública en a que todo el mundo se conocía. Tenían esclavos para atender a los trabajos, y súbditos para abastecer de dinero a la ciudad. La vida era barata, y con poco gasto podía tenerse un buen pasar. Todos los años se designaba por sorteo a 6.000 ciudadanos para que fueran magistrados, con lo cual se llegaba al resultado de que la mitad de la ciudad administraba a la otra mitad. Nada es menos conforme con el concepto de las democracias modernas; en éstas, aunque la masa electoral la compongan millones de miembros, el pueblo encomienda a mandatarios el cuidado de gobernarlo, mientras que él se dedica a trabajar para vivir. Pericles: en Atenas, dice Fenelón, todo dependía del pueblo yal pueblo dependía de la palabra. El verdadero dueño de Atenas era el hombre que hablaba en público, o sea el orador. Este papel lo representó de manera particularmente, brillante Pendes, jefe del partido popular, que pertenecía por su nacimiento a la familia de Pisistrato y a la de los antiguos reyes de Atenas. Al prestigio de su cuna unía los atractivos de un ingenie esmeradamente cultivado. Maestros suyos fueron varios filósofos célebres, y había adquirido todos los conocimientos de que ha menester un hombre de Estado. Tuvo miras muy liberales en todas las cosas, y en él se adunaban el carácter recto y franco, y un desinterés tal que la calumnia nunca pudo cebarse en él. Su modestia inspiró confianza, y su elocuencia le llevó a ser el verdadero amo del pueblo. De aquí el que sin haber ejercido jamás un cargo político y sin que hubiera sido arconte siquiera, gobernara realmente a Atenas. Sus discursos influyeron grandemente en la marcha de los negocios públicos; influencia que siempre se ejerció en vista de acrecentar los derechos y el poder del pueblo, de extender el imperio de Atenas y de favorecer el desarrollo de las letras y de 21 las artes. He aquí por qué este Período, el más glorioso de Atenas, ha sido llamado el siglo de Pericles. El ágora: La asamblea del pueblo, en la que reinó Pericles, se celebraba en una colina frente al Acrópolis, en el Pnix, o bien en las faldas mismas del Acrópolis, en el teatro de Baco y, de ordinario, en el ágora, es decir la plaza del mercado. Todos los ciudadanos de la población y del campo tenían el derecho de asistir a ellas. La reunión se efectuaba tres veces al mes, no contadas las sesiones extraordinarias. Los atenienses, locuaces por lo general, mataban el tiempo discutiendo mientras llegaba la hora de la sesión. Llegada ésta, los guardias escitas, encargados de mantener el orden en la ciudad, tendían de un extremo a otro del ágora una cuerda cubierta de polvo rojo, y empujaban a los presentes hacia el lugar de la asamblea. Los que acudían tarde, eran también marcados de rojo en la espalda y debían pagar una multa. La sesión estaba presidida por una comisión del Senado, y empezaba con un sacrificio. Después un heraldo leía la proposición de ley preparada por el Senado, y preguntaba ¿Quién quiere hablar? Los oradores se presentaban y tomaban sucesivamente la palabra, subiendo sobre una plataforma de piedra desde donde podían ser vistos y oídos por todos. El pueblo, ávido de elocuencia, escuchaba los debates con pasión y después votaba levantando las manos. Su decisión no tenía apelación. Los heliastas: Juntamente con el tribunal aristocrático del Areópago, prosperó el sistema de tribunales compuestos de ciudadanos-jueces o, dicho de otro modo el juicio por jurados. Cada año se sorteaban entre 6.000 ciudadanos los 5.000 que debían repartirse en diez secciones de 500 miembros, secciones llamadas dicastenas. El dicastero que debía conocer de cada proceso, era designado por sorteo la misma mañana en que se daba vista de la causa, bajo la presidencia de un arconte. Se llamó hélicola reunión de los 5.000 jurados o heliastas. Los acusados debían defenderse sin auxilio de abogados. Los que no podían hacerlo, aprendían de memoria una defensa hecha por personas conocedoras, llamadas logógrafos. El tiempo de la defensa estaba limitado y marcado por un reloj de agua llamado clepsidra. La sentencia se pronunciaba a raíz del voto emitido por medio de guijarros, negros en caso de fallo condenatorio, y blancos si el fallo era absolutorio. El poder marítimo y el Pireo: El centro del comercio y del poder marítimo de Atenas, el puerto del Pireo, reunía todos los almacenes, astilleros y arsenales: lo completaban los dos puertos de guerra de Zea y de Muniquia; estaba rodeado de murallas, y unido a 22 Atenas por los Muros Largos, entre los cuales se abrigaba un camino fortificado a ambos lados en toda su longitud, el puerto del Pireo llegó a ser el centro de un movimiento comercial importantísimo. Fue almacén o depósito de los trigos de Tracia y de Egipto, de la pesca del mar Negro, de los metales del norte, de los tapices, telas de oriente, de los cedros, de la púrpura y de la cristalería de Fenicia, del lino de Egipto, y de los vinos y frutos de las islas. En el Pireo vivía una población cosmopolita en la cual predominaba el elemento levantino, de toda procedencia. Esos extranjeros, domiciliados en Atenas, que se llamaban metecos, y no eran ciudadanos, soportaban algunas de las cargas de éstos, tal el servicio en la marina, y debían pagar, a menudo, censos extraordinarios. La marina y el ejército: Para mantener su preponderancia, Atenas tuvo que hacer la guerra a los persas, dominar revoluciones y conquistar nuevos territorios. Con este fin aumentó el número de sus barcos de guerra, que llegó hasta 300, y modificó además el carácter de su ejército de tierra. El núcleo de éste continuó siendo el cuerpo de hoplitas; pero se aumentó la fuerza de caballería y de infantería ligera, armas necesarias para las expediciones en terreno muy diverso. Estos cuerpos auxiliares se compusieron principalmente de soldados mercenarios, entre los cuales conviene distinguir los peltastos, cazadores cubiertos con una coraza de tela fuerte, que usaban una especie de adarga llamada pelta, espada larga y dardo, soldados que combatían dando vueltas alrededor de los hoplitas. Una singularidad del ejército ateniense consistía en que los generales o estratégicos eran nombrados por elección, manera que el pueblo tenía que intervenir en la dirección de la guerra. Los impuestos: el sostenimiento de estas fuerzas y los gastos de gobierno democrático exigían mucho dinero. Atenas tenía tres fuentes principales de recursos 1) el producto de las minas de plata del Laurio y de las minas de oro de Tracia; 2) el tributo de los aliados y 3) a los impuestos. Los impuestos ordinarios eran aduanas, consumos, contribución a cargo de los extranjeros y, en tiempo de guerra, el impuesto de rentas. Había también tributos extraordinarios llamados liturgias, que sólo pagaban los liturgos, esto es, los ciudadanos más ricos. Las principales liturgias eran la tricrarquia o armamento de un trirreme; la coregia u organización de una representación dramática. Nos extrañará la cantidad e importancia de los impuestos; pero vale recordar que el griego consideraba que debía al Estado la vida, el tiempo y los caudales que éste creía necesario exigir. 23 Entre todas las ciudades griegas, Atenas y Esparta han representado un papel preponderante. De aquí que los latinos las llamasen los dos ojos de Grecia, y nos interesen, porque la rivalidad de entre ambas es el fundamento de la historia griega. En Atenas, el hombre fue principalmente un ciudadano apasionado de la libertad política, de la actividad comercial, del arte y de la literatura. En Esparta, fue únicamente un soldado que se ejercitó sin descanso en las virtudes militares y estuvo siempre dispuesto a dar su vida por la patria. Esparta Esparta o Lacedemonia, capital de la Laconia, fue similar a una ciudad cuartel. Más bien que una ciudad, era un grupo de cinco aldeas situadas en las orillas pantanosas del Eurotas, que baja torrentoso de la meseta de Arcadia y atraviesa mansamente a Laconia. Esparta no estuvo nunca cercada de murallas, porque no tuvo necesidad de ellas. Laconia, cuyo centro lo ocupaba Esparta, está, en efecto, rodeada de montañas; éstas son bastante altas y permiten que la nieve permanezca ahí casi todo el año; además, las sendas transitables son muy raras y es muy fácil defender los desfiladeros. Ahora, si se añade que el valle del Eurotas es fértil y puede alimentar la población, se comprenderá que Esparta fuera un campo atrincherado natural, en el que vivió un pueblo de soldados. Los espartanos formaron parte de una invasión de dorios griegos del norte que, echados de su país por los tesalios, acometieron las penínsulas del Peloponeso y conquistaron las ciudades de los aqueos. Los dorios de Esparta tomaron el nombre de espartanos. Menos numerosos que los vencidos, hubo que estar constantemente sobre las armas en medio de aquellas poblaciones sojuzgadas, a fin de conservar lo que habían conquistado. Por consiguiente no les fue posible labrar la tierra o dedicarse al comercio. Fueron un ejército invasor que vivía de lo que le daba el suelo gracias al trabajo de los vencidos y cuyo exclusivo oficio era la guerra. Todo en ellos era preparación militar. Fueron los guerreros mejor adiestrados y más heroicos de Grecia; pero desdeñaron el bienestar y la cultura intelectual porque, según ellos, corrompían las virtudes marciales. Su ideal consistió en formar una comunidad militar en la que cada cual, por disciplina, tuviera orgullo en sacrificar su libertad y su vida por el interés superior del estado. Laconios, periecos e ilotas: el territorio de Laconia, dividido en lotes que no podían venderse ni cederse, fue propiedad de los vencedores. Los habitantes de la llanura 24 continuaron viviendo en su antiguo suelo en condición muy parecida a la esclavitud. Los de las montañas y del litoral, sometidos posteriormente, fueron tratados con menos dureza. En la población de Laconia hubo, pues, tres clases los espartanos(9.000 aproximadamente), los periecos (30.000) y los ilotas (unos 200.000). Sólo el espartano tenía derecho de ciudadanía; los periecos y los ilotas no eran sino súbditos. Los periecos, es decir, la gente de alrededor, habitaban la frontera montañosa y marítima de Laconia, y parecen haber sido descendientes de los antiguos señores del país. Estaban repartidos en unos cien pueblos que se administraban por sí mismos. Podían poseer libremente sus tierras y gozar del fruto de su trabajo. Se dedicaban a la agricultura, al comercio, a la industria, a la navegación y a todas las ocupaciones prohibidas a los espartanos. Pagaban los impuestos y tenían obligación de servir en el ejército; no por ello les concedían el menor derecho político. Los ilotas eran los antiguos laconios del valle. Los espartanos hicieron de ellos siervos, es decir, mitad libres y mitad esclavos. No vivían agrupados en pueblos, sino que habitaban en cabañas aisladas que podían edificar en las tierras que labraban, tierras que no les pertenecían, antes bien, eran ellos quienes pertenecían a la tierra y formaban parte de la propiedad. Cada año debían dar una parte de la cosecha a los dueños del fundo, pudiendo reservarse la otra parte. El único derecho que tenían era el de no poder ser vendidos. Los espartanos trataban mal a ese grupo; en la guerra, empleándolos como sirvientes del ejército; en la paz, obligándolos a llevar vestidos especiales, y hasta prohibiéndoles cantar ninguna canción guerrera. Frecuentemente los forzaban a beber hasta la embriaguez para que el espectáculo de su degradación repugnase a sus propios hijos. A pesar de los malos tratos, los señores consideraban que era un peligro el hecho de que fueran tan numerosos, y les daban muerte valiéndose del menor pretexto. Se condenaba a muerte al ilota que poseía un arma o que se encontraba fuera de su casa después de la puesta del sol. Su suerte era la misma que hoy cabe al labriego cristiano en Turquía europea. Todos los años y cada vez que los nuevos magistrados tomaban posesión de sus cargos, la gente joven tenía derecho de cazar ilotas, procedimiento que llamaban criptia, es decir, matanza secreta. El régimen de terror aplicado al ilota daba terror en esta clase social a sentimientos de odio y de venganza. « Inmediatamente que se les hablaba de los espartanos, dice el historiador griego Jenofonte, no había uno que supiese ocultar el gusto que tendrían en comérselos vivos. » 25 Formación del poder de Esparta: Un Estado militar como era éste, no podía soportar ni vecinos poderosos ni súbditos rebeldes. Las dos penínsulas de Laconia, Argólide y Mesenia, habitadas por otros conquistadores dorios, eran una amenaza para Esparta, y de aquí la serie de guerras contra Argos y Mesena, que sólo se terminó cuando los espartanos poseyeron todo el sur y el este del Peloponeso. Las guerras más rudas fueron las de Mesenia en el siglo VII, que duraron cerca de veinticuatro años. Ciertos episodios eran célebres en la antigüedad, tal como el de Aristómenes, héroe mesenio que, cogido por los espartanos y arrojado a un precipicio, se salvó asiéndose a la cola de un zorro que le condujo en medio de las tinieblas a la boca de su guarida. El ejercito espartano: el instrumento de aquellas conquistas fue el ejército espartano, el primero de Grecia por su organización y disciplina. En efecto, en los otros pueblos no se era soldado sino en caso de necesidad en tiempo de guerra se armaba al ciudadano, y el ejército era tan sólo una guardia nacional, mientras que los espartanos eran soldados de profesión. Acostumbrados desde su más tierna edad a la caza y a los ejercicios violentos, permanecían después en filas hasta los sesenta años. Dos veces al día tenían ejercicio o maniobras, y la paz la consideraban únicamente como una preparación para la guerra. Los espartanos combatían a pie y formaban el cuerpo de los hoplitas. Estos usaban casaca roja, coraza de bronce, casco que les protegía la cabeza y la cara, escudo de cuero cubierto también de bronce y canilleras o botas de metal llamadas cnémidas, que les cubrían desde la rodilla hasta el tobillo. Tenían por armas, espada corta, como un cuchillo de caza, y la lanza que medía más de dos metros de largo. En formación de combate se presentaban en línea de ocho en fondo; unidos los escudos unos contra otros, formaban delante de los hombres una verdadera muralla. Dispuestos así en falange, y coronados de flores, acometían al enemigo al son de las flautas y cantando un canto de guerra llamado pean. Pero no empezaban el ataque sino después de haber sacrificado una cabra y buscado presagios en las entrañas de la víctima. Pasaban por invencibles a causa de su reputada fuerza y de su gran bravura. La falange se dividía en batallones y en escuadras. Esta división era útil en las expediciones poco importantes y en los ejercicios, en los cuales desplegaban tal precisión que los otros griegos estaban maravillados. En cuanto al arte de combatir, este se resumía en ir a la carga. La fuerza de las falanges espartanas residía 26 principalmente en la costumbre de obediencia, de honor y de sacrificio que inspiraban a los espartanos las leyes, que llamaban leyes de Licurgo. Licurgo: vivió, según se dice, en el siglo IX. Era un hombre honrado, puesto que, siendo de familia real, había rehusado aceptar el título de rey en beneficio de un sobrino suyo del cual era tutor. Era un sabio, es decir un hombre instruido, porque había viajado por Creta, Egipto y Asia. Los espartanos, que se deshacían en guerras civiles, le pidieron leyes. Licurgo consultó en primer lugar el oráculo de Delfos que le anime llamándole amigo de los dioses. Redactó entonces la constitución que lleva su nombre y, después de haber hecho que los espartanos juraran respetarla hasta que él regresara, partió para no volver más. Esto es, sin duda, una leyenda, y hasta es posible que el mismo Licurgo no existiera; pero las leyes llamadas de Licurgo no dejaron por eso de ser la constitución de Esparta. Las leyes de Licurgo eran un conjunto de prescripciones minuciosas relativas no solamente al gobierno y a la administración del estado, sino también a la vida de los particulares y a la educación de los niños. Tuvieron por objeto establecer en Esparta la autoridad de la aristocracia y asegurar a los espartanos las tierras conquistadas a través de una excelente formación militar. El gobierno: antes de Licurgo, Esparta estaba gobernada por dos reyes omnipotentes. Licurgo hizo de ellos personajes representativos, sin autoridad real. Los dos reyes fueron jefes de la religión y del ejército. Celebraban sacrificios y mandaban los ejércitos; en realidad, eran como los modernos reyes de Bélgica o de Inglaterra reinaban pero no gobernaban. El gobierno estaba en manos del Senado, consejo de 28 miembros, todos nobles y de sesenta años de edad. El Senado proponía y redactaba las leyes y después las sometía a la Asamblea del pueblo, que se reunía una vez por mes. No había allí discusiones y el pueblo manifestaba su acuerdo por medio de aclamaciones. Más tarde, el pueblo nombró cada año cinco Éforos o vigilantes, cuya función consistía en intervenir en los actos de los reyes y de los demás magistrados, que podían suspender o condenar; además, acompañaban al ejército en campaña. De aquí que en Esparta el poder no perteneciese al pueblo ni a los reyes, sino a la aristocracia. Leyes civiles: en teoría, los ciudadanos eran todos iguales, como los soldados de un regimiento. Licurgo quiso que no hubiese en Esparta ni ricos ni pobres y distribuyó las tierras por lotes entre los ciudadanos, con prohibición expresa de venderlas. Los productos del suelo cultivado por los ilotas debían bastar a sus necesidades, y todo oficio les estaba vedado. De esta manera, desembarazados los espartanos del cuidado 27 de ganarse el sustento, podían consagrarse enteramente a los deberes militares. Para evitar que se enriquecieran, estaban obligados a servirse exclusivamente de la moneda de bronce, que era pesada en extremo y tenía poco valor. A pesar de todo, hubo desigualdad en las fortunas y se formó en Esparta una aristocracia rica, cuyos miembros, y sólo ellos, se llamaban iguales. Educación de los niños: El niño, destinado a ser un soldado, pertenecía más al Estado que a su familia, al nacer era examinado por los ancianos de la tribu, que lo devolvían a la madre si estaba bien constituido; en caso contrario lo hacían arrojar a un abismo del Taigeto. Todas las madres educaban a sus hijos de la misma manera; no los envolvían y los acostumbraban a comer de todo y a no tener miedo de nada. Al cumplir el niño los siete años se entregaba al Estado; el niño era entonces como un hijo de regimiento, que desde luego formaba parte de una clase mandada por el que se había mostrado superior a los otros alumnos por su inteligencia y su fuerza. El estudio se tenía en poco en este género de educación. Se limitaba a enseñar a los niños a cantar y a explicarse con precisión; tratábase sobre todo de dar fortaleza y flexibilidad al cuerpo. Gracias a una serie de ejercicios graduados, los niños aprendían a correr, saltar y lanzar el disco o la jabalina. Después se ejercitaban en el manejo de las armas y en la danza guerrera llamada pírrica. Así se les acostumbraba a soportar sin quejarse el dolor, el frío y el calor, el hambre y la sed, la fatiga y llevaban el mismo vestido en todas las estaciones, se acostarían sobre cañas que ellos mismos cortaban en el Eurotas, y no se lavaban ni perfumaban sino en los días de grandes fiestas. Se les alimentaba mal y les era permitido robar para aplacar el hambre; pero, silos encontraban robando, eran castigados severamente. Uno de ellos, que había ocultado un zorro vivo bajo su túnica, se dejó morder el vientre antes que confesar el robo. Había también concursos de resistencia a los porrazos. Cada año recibían una vuelta de azotes delante del altar de Artemisa y el vencedor era quien tardaba más en quejarse; sucedió que murieron algunos niños sin prorrumpir un quejido. Estos niños tenían aspecto grave y ademanes mesurados. Caminaban con los ojos bajos y no tomaban la palabra sino cuando eran interrogados. Esta educación de hierro los preparaba a la disciplina militar. Los jóvenes formaban parte del ejército a los diez y siete años; a los treinta eran considerados como ciudadanos y debían contraer matrimonio, sin dejar por ello de pertenecer al Estado. El empleo del tiempo estaba fijado por los reglamentos. Llevaban uniforme y debían asistir todos los días a los ejercicios, consistentes en carreras, saltos 28 y manejo de las armas. A este respecto, la institución más curiosa era la de las comidas públicas, que eran obligatorias para todos los espartanos, aún para los reyes; sin embargo, no se celebraban diariamente. En esas comidas, los hombres se agrupaban por escuadras de a 15, y los que las componían eran en la guerra compañeros de tienda de campaña. Esas escuadras eran círculos a los que era muy difícil entrar y en los que se procedía a votación para aceptar un nuevo miembro, como sucede en los cuerpos de oficiales en Alemania. En las comidas públicas se comía la sopa negra, guisado célebre en toda Grecia, hecho con pedacitos de carne, grasa de cerdo, vinagre y sal. Pero la minuta podía aumentarse con productos de caza o con carne de las víctimas, cuando había habido un sacrificio. A esa vida austera debían los espartanos el carácter grave y digno que tenían. Diríase que los envaraba su compostura heroica de viejos veteranos que afectan despreciar todo lo que los demás hombres aprendan o temen. No se inclinaban sino delante de los ancianos, que respetaban como a sus padres. Su lenguaje era voluntariamente rudo y sencillo, y su manera de responder, a la vez corta y mordaz, ha llegado hasta nosotros con el nombre de laconismo. Un argivo decía un día « Existen entre nosotros muchas sepulturas de espartanos », y un espartano le respondió "Entre nosotros no existe ni una sola de argivo" Filipo de Macedonia escribió a los espartanos: « Si entro en Laconia, destruiré vuestra ciudad. » "Si” respondieron los espartanos. Las jóvenes no eran educadas en Esparta menos severamente que los jóvenes. Estaban sometidas a los mismos ejercicios de los varones y asistían a sus concursos. Su vestido, que bajaba apenas hasta la rodilla, les permitía libertad en los movimientos. Su vida de ejercicios era motivo de burlas entre los demás griegos, que tenían a sus hijas cuidadosamente encerradas. Una vez casadas, resultaban esposas y madres de soldados. Eran muy reputadas por su energía y su abnegación. El amor maternal, en aquellas mujeres estaba supeditado por el amor a la patria; hubo alguna que al saber al mismo tiempo la muerte de sus cinco hijos y la victoria de Esparta, exclamó «Tanto mejor: demos gracias a los dioses», y otra que mató a su hijo porque huyó del campo de batalla. Lo que más caracteriza la condición de la mujer en la antigua Grecia es su constante estado de menor edad. En su existencia no había un solo momento en que gozara de los derechos civiles del ciudadano, pues siempre tenía un dueño que la gobernara. Cuando joven, dependía de su padre; casada pertenecía a su marido; 29 viuda, estaba sometida a sus parientes o a sus hijos. Pero si hemos de juzgar por las pinturas de los poetas y por algunas anécdotas publicadas por los historiadores, diremos que la mujer tenía frecuentemente en la casa una autoridad considerable; tanto es así, que algunos personajes de comedia se quejan una vez casados, de tener no una mujer, sino una dueña imperiosa. Jenofonte, en su tratado de Economía, nos describe un matrimonio ateniense tal como él lo concibe. Quiere que la mujer sea soberana en su casa, que tenga la dirección a los esclavos y arregle a su antojo los gastos de la familia. Más, a pesar de su empeño, no consigue presentar a la mujer griega sino como una buena gobernante. Salvo quizá en Esparta, donde la mujer, como hemos visto antes, era la primera en hacer que sus hijos fueran buenos soldados y buenos ciudadanos, las mujeres griegas representaron en la sociedad un papel harto secundario, su vida transcurría sosegada, monótona y obscuramente; las sutilezas ocupaban para ellas un puesto más preferente que las ocupaciones más serias e importantes. Mientras duró Esparta, la mujer permaneció fiel a la educación y a las costumbres particulares del estado. Muchas modificaciones se introdujeron en las leyes políticas o civiles de Licurgo; pero la regla de vida que él había impuesto a los espartanos se mantuvo e hizo de ellos los primeros soldados de Grecia y los verdaderos maestros de heroísmo de la humanidad. LA ANTIGUA ROMA A partir del 753 a.C. comienza la historia de la capital del mundo antiguo. Se puede dividir en tres períodos: ▪ La monarquía (753 a 509 a. C.) ▪ La república (509 a 30 a. C.) ▪ El imperio (30 a. C. a 476 d. C.) en el 476 d. C. Roma fue conquistada por los bárbaros. Los romanos poseían un gran respeto por las leyes. Los tres últimos reyes fueron etruscos. La caída de la monarquía fue el rechazo de los patricios en contra de los etruscos y sus reformas. En el año 509 a. C. los patricios contuvieron momentáneamente el avance de estas reformas reemplazando la monarquía por una república. Durante el año 30 a. C. la república se encontraba en un caos, que dio lugar a que un grupo de militares comenzara a luchar entre ellos. De esta lucha salió un 30 triunfante Augusto, quien convirtió a la república en un imperio, asumiendo el título de emperador. Roma ya no era una pequeña aldea que se encontraba en el monte Palatino, y abarcaba todas las tierras mediterráneas y europeas hasta los ríos Rin y Danubio. Este imperio duró más de 4 siglos, fue derribado por guerras de conquista y luchas civiles. Durante el imperio, en el campo aumentó la gran propiedad y con ella el trabajo de los empleados. En la ciudad, el centro de la vida romana era el foro. La vida artesanal, se intensificó en los suburbios. Las ciudades aumentaron su densidad. La ciudad mostraba distintos atractivos como por ej. el circo. En el siglo III d. C., comenzó la decadencia del imperio en forma notable. El ejercito cobró cada vez más importancia por sobre el senado. En el siglo V los bárbaros rompieron las fronteras y tomaron la parte occidental del imperio romano. El imperio romano, en su apogeo, a principios del siglo III d.C, comprendía no sólo las penínsulas, islas y costas del Mediterráneo, así como grandes extensiones del interior (hasta el borde del Sahara y hasta el río Tigris), sino también zonas de Europa situadas tan al norte como el sur de Escocia, el Rin y el Danubio (además de una parte del sur de Alemania, al otro lado del Rin y la Dacia al otro lado del Danubio central). Además, bajo el principado, los avances más extensos se hicieron en Europa mediante el reinado del primer emperador, Augusto. Sus generales empujaron la frontera septentrional desde los Alpes hasta el Danubio y finalmente pacificaron la Península Ibérica. Más allá del motivo de la pura conquista, consideraciones estratégicas y a veces económicas desempeñaron algún papel en la configuración de las campañas de los emperadores que se mostraron más activos en el terreno militar. El imperio romano se extendió mucho más allá del mundo mediterráneo, sin embargo, durante todo el período del principado, aproximadamente desde 27 a.C. hasta 235 d.C., el eje político y la base cultural del imperio se encontraban en el Mediterráneo. Administración central y provincial Había alrededor de cuarenta provincias en el imperio romano, las cuales eran gobernadas por un reducido número de funcionarios, nombrados por las autoridades centrales, llamados procónsules. En el imperio, en general, una innovación fue el nombramiento de ecuestres para que gobernasen Egipto y varias provincias de poca importancia. En estas, dichos 31 funcionarios ostentaban al principio un título militar, el de prefecto, y sus obligaciones eran también predominantemente militares. A continuación aparecen procuradores que ejercen de funcionarios fiscales: recaudan el derecho de aduana, el impuesto sucesorio y otros indirectos. La estructura de la administración financiera central contaba con la tesorería principal, el aerarium, que recibía los impuestos provinciales, encabezada por un par de prefectos que el emperador escogía entre las filas de ex pretores. Se creó una tesorería militar para proporcionar jubilación a militares retirados. Aun así, la responsabilidad fiscal recaía en los libertos del emperador y luego a partir de mediados del siglo I, en un procurador ecuestre de alto rango, que llevaba la contabilidad de los ingresos y los gastos del imperio. El emperador, era en esencia, responsable de las decisiones que afectaran las normas de actuación y el nombramiento de funcionarios imperiales; escuchaba los consejos de quienes le rodeaban. Estos consejos asesoraban al emperador en el desempeño de sus obligaciones jurídicas en calidad de juez y legislador. La administración sigue siendo propia de aficionados. Senadores y ecuestres pasaban sólo una parte de su vida laboral en el cargo y no recibían ninguna preparación especial. Los profesionales administrativos eran los libertos y esclavos del emperador. Las ciudades: El secreto del gobierno sin burocracia era el sistema romano de ciudades que se gobernaban a sí mismas y podían cubrir las necesidades del imperio. Hay una expansión notable de las unidades urbanas autónomas. Una ciudad era esencialmente una comunidad urbana dotada de autogobierno, con una constitución regular que se centraba en un consejo y unos magistrados y con un territorio rural bajo su autoridad, sobre todo ello, acabaron siendo víctimas de la inseguridad de la época posterior a los Severos y de la multiplicación de los impuestos para fines militares que caracterizaron dicha época. La sustitución del aristócrata local por el gobernador es sintomática del cambio que se había producido en la ciudad. Como organizadores del imperio, lo que más valoraban los romanos era la función administrativa de la ciudad, sin que ello les hiciese perder de vista su papel potencial como centro de romanización en zonas recién conquistadas y no pacificadas del todo. La colonia y el municipio eran formas de organización normales en Occidente, pero raras en Oriente. La colonia era una extensión de Roma. Un municipio poseía 32 mayor libertad que una colonia, porque contaba con sus propias leyes y propios magistrados. Las constituciones de las restantes ciudades del imperio, eran tan diversas como las propias ciudades. Los tipos de organización iban desde la polis griega, con su compleja y venerada constitución, hasta las capitales tribales de la Galia y Britania, que tendían a imitar las prácticas constitucionales romanas. De ciudades existían varias categorías privilegiadas, las ciudades federadas, debían su nombre a que se habían formado tratados con Roma en los que se reconocían sus derechos. Las ciudades libres se hallaban teóricamente exentas de injerencias por parte del gobernador provincial. La economía La economía romana estaba subdesarrollada. Las masas vivían en el nivel de subsistencia, o cerca de él. Es preindustrial, con una gran proporción de la fuerza laboral concentrada en el campo, que es el principal camino para las inversiones y también la principal fuente de riqueza, a su vez, las inversiones en la industrias manufactureras es bajo. La tecnología atrasada es una barrera más, que obstaculiza el incremento de la productividad. En la Roma antigua, predominaba la pequeña industria artesanal, eran artículos de consumo básico y barato y la demanda de los mismos era constante. En Roma, al igual que en otras economías preindustriales, el comercio recibía parte del capital que no recibía salida en la industria. Los medios de transporte eran atrasados. Inevitablemente, la mayoría de las regiones agrícolas apuntaban a la subsistencia, en lugar de a la producción de un excedente exportable. En general, el atraso y los gastos de transporte y el nivel relativamente bajo de la demanda limitaron las oportunidades de efectuar inversiones lucrativas en el comercio. Prestar dinero producía más ganancias, los tipos de interés eran altos donde había riesgo. Las inversiones en tierras ofrecían seguridad y unos ingresos continuos. En las sociedades preindustriales, el sistema de valores que predomina es el de una aristocracia hacendada, una clase próspera integrada por mercaderes, que representa una amenaza potencial para los aristócratas. En la Roma antigua, no había ninguna perspectiva de que apareciese una clase como la que acabamos de describir. La tierra: La disposición de la propiedad entre los ricos se representan en tres grandes tipos que se corresponden aproximadamente con las tres categorías de terratenientes: 33 • La pequeña nobleza local tenía más o menos toda su tierra en la región de origen. • Los senadores de categoría media y los ecuestres de procedencia municipal tenían uno o más centros de propiedad, además de sus fincas locales. • Los miembros más ricos de la élite romana poseían un complejo de propiedades en Italia y en el extranjero. Era posible reunir las condiciones básicas para ser senador acumulando propiedades sencillamente en el territorio de donde se era oriundo y eso era lo que hacían muchos hombres de ambición limitada. Hubo un aumento de los intereses rústicos de ex magnates municipales, siendo consecuencia natural de su ascensión social y política. Los senadores provinciales adquirían tierras en Italia, en primer lugar cerca de la capital y a escala pequeña. Se les ordenó que incrementaran sus intereses en Italia hasta que alcanzasen un tercio de su fortuna, bajándose posteriormente a una cuarta parte. Egipto fue un caso especial, puesto que se trataba de un dominio privado del emperador, y los senadores romanos y otros funcionarios de alto rango tenían negado el acceso a él. A los miembros de la familia imperial y a los colaboradores más cercanos y allegados del emperador, se les otorgaban las rentas de fincas individuales, pero sin ser los propietarios de la tierra. El término latifundio aparece en las fuentes literarias, precisamente en tiempos de esos hombres, a mediados del siglo I d.C. Los agrónomos no querían entrar en definiciones del término, pero se estipuló que con un millón trescientos mil sestercios se podía comprar un latifundio. Se califican así los ranchos donde se cría el ganado a gran escala, o las grandes plantaciones de cereales, con los ejemplos de África, Sicilia y partes de Italia. También se usa el término para referirse a fincas desperdigadas de una sola persona, que juntando todas, forman un latifundio. Hubo críticas a individuos que tenían en sus manos inmensas extensiones de tierra cultivable, parte de la cual había permitido que degenerase en pastizales. Existe la suposición que las propiedades de la mayoría de los hombres libres no se hallaban concentradas en fincas inmensas, sino que eran diversas propiedades más pequeñas y dispersas. Las propiedades de los ricos estaban mucho más fragmentadas de lo que se ha imaginado, si pensamos en términos de unidades de administración de trabajo. 34 El ejército Como cuerpo de consumidores, se hallaba dividido, a diferencia de la ciudad de Roma. Había provincias con contingentes permanentes, ya fuera de legionarios o auxiliares. Esta dispersión impidió que se creara un sistema integrado para abastecer al ejército. Además de la comida, necesitaban una serie de materias primas tales como el hierro, la madera, otro materiales de construcción, animales para la caballería, el transporte, carne y cuero, productos de la industria del vestido, tales como capas, túnicas y mantas, otros pertrechos y armas, antes de llegar a las raciones alimentarias básicas. Cien mil toneladas de grano, servirá a modo de cálculo aproximado del consumo de cereales por parte del ejército bajo Augusto, cifra que ascendería hasta las ciento cincuenta mil toneladas bajo Septimio Severo. En general, las ciudades del mundo romano podían hacer frente a las escaseces de alimentos que padecían periódicamente, aunque, con una tendencia creciente, se apoyaban en la autoridad y la caridad imperial. Este problema disminuye una vez que el gobierno central reconoce que estaba muy interesado en la supervivencia y el bienestar de las ciudades en general, aunque su interés por ciudades individuales, era menor. Las ciudades eran fundamentales para desempeñar una serie de obligaciones administrativas esenciales, y por ello había que proteger se viabilidad económica y su base demográfica. El flujo que se advertía en el campo debido a que las unidades domésticas de los campesinos caían, sobrevivían, emigraban y prosperaban, no deben confundirse con el problema de la supervivencia del campesinado como clase. Si no había supervivencia en la población agrícola, entonces las ciudades que dependían del campo, colapsarían. Los impuestos y tributos eran un fenómeno nuevo en las regiones que integraban el imperio romano. Lo que ocurría a consecuencia de las conquistas imperiales y de la imposición de censos que abarcaban todo el imperio, era que los impuestos se recaudaban de forma un poco más eficiente que antes. Los tipos impositivos son relativamente bajos, pero no era necesario subirlos, los requisitos del gobierno eran pocos, porque sus intereses eran limitados. La jerarquía social El principado de Augusto fue precedido de dos decenios de guerras civiles, en las cuales unos ejércitos cuyo tamaño no tenía precedentes en la historia de Roma 35 lucharon por la supremacía de sus generales. Las perturbaciones sociales penetraron en la unidad doméstica y en la familia. Augusto instauró su supremacía militar y restauró la paz y el gobierno constitucional. Continuó existiendo la misma pauta de desigualdad y de diferenciación social que había en bajo la república. Bajo el principado en su conjunto, las divisiones y tensiones nacidas de la distribución desigual de la riqueza, el rango y la categoría social, tuvieron el contrapeso de fuerzas de cohesión tales como la familia y la unidad doméstica, las relaciones estructuradas de índole vertical y horizontal entre individuos y unidades domésticas y el aparato ideológico del Estado. El sistema de adquisición y transmisión de la propiedad era la base, en el caso de Roma, del entramado de desigualdad social y económica. La romana era una sociedad agraria en la cual la riqueza consistía esencialmente en tierra y se adquiría por herencia a través de la familia. A los soldados se les recompensaba con una paga adecuada, generosa en el caso de los oficiales y una remuneración sustanciosa al retirarse, lo cual les permitía convertirse en miembros prósperos de las comunidades locales. La explotación directa de la mano de obra por parte de propietarios ricos era un rasgo central de la sociedad imperial romana. En el mundo romano, el enriquecimiento no consistía en la acumulación de beneficios por medio de la actividad de compañías que dieran empleo a asalariados. En gran medida, la riqueza de los miembros de la clase propietaria era generada por el trabajo de sus dependientes personales. Los órdenes: Los órdenes son las categorías sociales que el Estado define por medio de reglas estatuarias. El orden senatorial siguió siendo el más prestigioso, un reducido círculo formado por varios centenares de familias a las que se consideraban eminentes de acuerdo con las tradicionales pautas de cuna, riqueza y excelencia moral. Una serie de revisiones hizo que el número de senadores bajase de 1.200 a 600. Augusto desaprobó el matrimonio legítimo entre senadores y libertas. El orden senatorial no era una aristocracia hereditaria. Se intentó promover el principio hereditario, así los hijos de los senadores se les alentaba a seguir los pasos de su padre. El segundo orden, el ecuestre, también se caracterizaba por su origen aristocrático y no profesional. Este orden era mucho más nutrido que el senatorial. Bajo 36 el principado, los emperadores comenzaron a dar responsabilidades administrativas, además de las militares, a los ecuestres. Los decurions de las poblaciones del imperio constituían el tercero de los órdenes aristocráticos. Tenían que ser hombres de respetada cuna, riqueza y dignidad moral. La riqueza de algunos decurioes superaba a la que se exigía a los senadores. La finalidad de estos requisitos era garantizar que los consejos locales se compusieran de propietarios, de hombres cuya categoría social no ofreciera dudas. Las tres órdenes de élite comprendían solo una fracción minúscula de la población del imperio. Debajo de ellos, en la jerarquía oficial, se hallaba la gran masa de los hombres libres de condición humilde, y en lo más bajo, los esclavos. El derecho romano clasificaba a éstos como bienes muebles y no como personas, que sus amos podían comprar, vender o castigar a su voluntad. La categoría social se manifestaba por la forma de vestir, los senadores y sus hijos, llevaban toga con la amplia faja de color púrpura, los ecuestres por el anillo de oro y la franja estrecha púrpura en la toga. La condición social de un romano se basaba en la estimación social de su honor, es decir, en la percepción de su prestigio por parte de quienes le rodeaban. Las contradicciones entre la condición y el rango daban origen a tensiones. En cada orden había sutiles gradaciones de condición social. Dentro del orden senatorial, que experimentaba un gran movimiento de familias, los que podían hacer alarde de antepasados consulares, los nobles, sobresalían de la masa de recién llegados. La mayoría de los libertos eran hombres humildes, se casaban con mujeres del mismo rango, a menudo seguían dependiendo de sus anteriores amos y por consiguiente, no presentaban ninguna contradicción difícil entre el rango y la condición social. La familia y la unidad doméstica Cuando los romanos de la época de Augusto comparaban sus propios tiempos con el pasado idealizado, se lamentaban de la decadencia de la moral familiar. La familia era la unidad social básica por medio de la cual se trasmitía la riqueza y la condición social. La perpetuación de la aristocracia, las posibilidades de movilidad social, la distribución de riqueza consistente en tierras y otras cuestiones dependían fundamentalmente de las pautas de comportamiento de la familia. 37 En el primitivo derecho romano, una mujer al casarse, quedaba bajo la autoridad de su esposo y dejaba la potestad y la unidad doméstica de su padre para unirse a su esposo. El matrimonio no podía romperse sin una causa seria y sin que la parte que estuviera en falta, sufriera grandes pérdidas económicas. Mientras el esposo vivía, la dote y las propiedades de la esposa le pertenecían por completo. Al morir el esposo, la esposa, según las reglas de la sucesión, tenía derecho a una parte igual del patrimonio en calidad de heredera principal junto a sus hijos. Las mujeres romanas gozaban de una independencia jurídica en el matrimonio, restringida por diversas costumbres sociales. Los hombres de Occidente se casaban por primera vez cuando rozaban los treinta y las mujeres alrededor de los veinte. El hombre tarde y la mujer pronto. El rasgo característico de las relaciones entre las generaciones en las familias romanas era el autoritarismo. Aunque los poderes del padre fueron objeto de modificaciones durante el principado, la mayoría de ellos permanecieron esencialmente intactos. Tal vez el más notable fuera el poder de vida y muerte. Hasta finales del siglo IV, los padres romanos podían decidir que criaban a sus hijos o si los exponían. El paterfamilias tenía los derechos de propiedad oficial sobre todos los bienes, incluyendo los que sus hijos adquiriesen por medio del trabajo. Cuando el padre moría sin haber hecho testamento, el derecho civil disponía que la herencia divisible se repartiera a partes iguales entre todos los hijos legítimos (varones y mujeres). La mortalidad infantil era común. La cuarta parte de los recién nacidos no llegaba a cumplir un año de edad y puede que hasta la mitad de ellos no alcanzaran los diez años. Los que conseguían salir vivos de las enfermedades infantiles de su primer decenio podían esperar vivir otros treinta y cinco o cuarenta años más. Las mujeres romanas que llegaban a la edad adulta, tenían que dar a luz una media de cinco o seis hijos para que la población no entrara en decadencia. Se trazó una distinción básica entre, por un lado, una pauta de matrimonio tardío para los hombres y las mujeres que típicamente vivían en unidades domésticas de familias nucleares en la Europa Occidental, y por otro lado, la pauta de matrimonio temprano y familia numerosa, extendida en las unidades domésticas de la Europa Oriental. 38 Las relaciones sociales El lugar de un romano en la sociedad estaba en función del puesto que ocupase en la jerarquía social, de su pertenencia a una familia y de su participación en una red de relaciones personales que salía al exterior partiendo de la unidad doméstica. Un hombre podía tener amigos superiores, amigos iguales, amigos inferiores y clientes humildes, y la inclusión de otros en una de estas categorías, dependía de los recursos que tuvieran. Los que podían intercambiar beneficios comparables eran amigos de igual posición, mientras que la mayoría ocupaba un lugar más alto o más bajo en la jerarquía, de acuerdo con su capacidad de corresponder con servicios superiores o inferiores. Las tres categorías generales de intercambio según la condición social eran las de patrono y clientes, amigos superiores e inferiores y amigos iguales. Augusto procuró establecer su legitimidad no sólo restaurando el orden social, sino también demostrando se propia supremacía en él por medio de los modos tradicionales: el patronazgo y la beneficencia. El emperador distribuía sus beneficios individualmente entre los que tenían acceso a él, y de forma más amplia, entre grupos favorecidos, especialmente la plebe de Roma y el ejército. A cambio, se esperaba fidelidad y gratitud. Augusto veló por las necesidades materiales de las masas ocupándose de abastecerla de alimentos, agua, vivienda, espectáculos y de cuando en cuando, con dinero en metálico a los varones. Los filósofos romanos daban mucho valor a la amistad y hacían hincapié en que los amigos ideales debían compartir inquietudes y valores comunes de un modo totalmente desinteresado. Si un romano era víctima de una catástrofe, por ejemplo un incendio en su casa, existía la costumbre de que los amigos le ayudaran a reconstruir su unidad doméstica. Excluir a los amigos del testamento, o peor aún, criticarlos en él era un insulto que llamaba la atención pública. Pero detrás de la fachada de cooperación, había rivalidad: si un amigo no correspondía a un favor con otro de importancia pareja, se arriesgaba a caer en la condición de amigo inferior, con la consiguiente pérdida de honor. La religión La religión oficial de Roma era un racimo de creencias que se expresaban por medio de un complejo sistema de instituciones y rituales. Los romanos aceptaban la 39 idea de que la seguridad y la prosperidad de sus comunidades dependían de los dioses, cuyos favores se conquistaban mediante el correcto cumplimiento de toda la serie de prácticas de culto heredadas del pasado. La supervisión de la religión del Estado se hallaba en manos de las autoridades políticas. Los sacerdocios eran desempeñados por los mismos hombres que ocupaban cargos políticos. Los cargos religiosos, al igual que todo lo demás, quedaron bajo el control del emperador. Los colegios sacerdotales se vieron privados de su influencia en la toma de decisiones políticas y reorientadas al servicio del emperador. Entre las cosas que Roma exportó al imperio, la principal fue el culto a los emperadores. Fue la única intrusión romana en el campo del culto que se toleró en el mundo griego. La aceptación del culto imperial no supuso el desplazamiento de los cultos a los dioses tradicionales. Este culto imperial atrajo a Augusto, y posteriormente a sus sucesores, porque podía utilizarse para concentrar la lealtad de la gente de las provincias en la persona del emperador. El culto es importante por su novedad, su ubicuidad y por sus funciones en calidad de transmisor de la ideología imperial, foco de la lealtad para los muchos y mecanismo de progreso social para pocos. En Oriente prosperó el culto a Zeus, el equivalente griego a Júpiter. El templo de Zeus Olímpico en Atenas fue terminado bajo la dirección de Adriano, que adoptó el título de Olimpios, como representante del dios en la tierra. En Egipto se hizo mucho daño a los cultos locales, porque se fue despojando a las clases sacerdotales de su riqueza, su independencia y sus privilegios. En general, los contactos de Roma con las religiones extranjeras se caracterizaron por la penetración pacífica en vez de por la coacción. La ascensión de Cristianismo: El cristianismo fue el principal beneficiario de que los defensores de la religión estatal no consiguieran controlar las innovaciones. Los cristianos provocaban la persecución al negar los dioses de Roma, lo que les valió la etiqueta de ateos. Se siguió la política de Trajano de no perseguirles. Cuando lo hicieron fue en contextos locales, individuales, donde la ley y el orden corrían peligro, debido a la agitación de los adversarios entre los paganos y con menor frecuencia, entre los judíos. A pesar de todo, de vez en cuando los cristianos se convertían en el centro de disturbios civiles. Los dioses expresaban su ira mandando plaga, hambres y otros desastres naturales, más la guerra civil y la guerra con otras naciones, cuya responsabilidad se atribuía a veces a los cristianos. 40 Pero el cristianismo ya era un éxito. No consiste en invocar un supuesto debilitamiento de la estructura del politeísmo que redujera su atractivo y diese más ímpetu al cristianismo, al contrario, en el nivel de la experiencia religiosa personal, el paganismo daba muestras de una vitalidad considerable, especialmente a las postrimerías del período que estamos estudiando. La cultura A raíz de la victoria de Augusto, las instituciones, los valores y la vida cultural de Roma, se ajustaron poco a poco a la monarquía. La consecuencia del imperialismo romano, con todo, no fue tanto la romanización como la forja de culturas distintivas al fundirse elementos imperiales y locales. De modo parecido, en las provincias orientales donde ya existía una cultura cívica indígena arraigada y floreciente no se hizo ningún intento de trastornarla o modificarla. En general la romanización echó raíces profundas y perduró únicamente en los sitios donde una élite local abrazó con entusiasmo la cultura romana y este espíritu brilló por su total ausencia en el imperio oriental. El estoicismo dominó el mundo de las ideas durante gran parte del periodo. El sistema ético del estoicismo era lo que atraía a los romanos. La ética estoica había perdido sus rigideces de antaño, pues había atravesado un período de concesiones y simplificaciones doctrinales. Séneca y Epicteto consideraban que su tarea era la de ayudar a todas las personas que desearan sinceramente mejorar desde el punto de vista moral. La meta no era la perfección, sino los progresos. Los escritores necesitaban patronos. Un emperador interesado en apoyar la literatura era un patrono que superaba a todos los rivales, y este exigía alabanzas. La literatura latina no tuvo ningún representante distinguido, entre el primer cuarto del siglo II y el último del IV. Las actitudes de los emperadores y el cambio del clima político en general surtieron un efecto negativo en la creatividad artística en Roma. Pese a ello, la época de Augusto presenció un notable florecimiento de la literatura latina y hubo pequeños movimientos culminantes en los reinados de Nerón y Domiciano, que nada tenían de paladines de la libertad. Si bien se apagaron los géneros clásicos de la literatura latina, la épica, la elegía, el drama, la sátira y la historia, floreció la oratoria o retórica. El carácter de la vida pública había cambiado y para diversos autores este cambio fue una causa fundamental de la decadencia de su oratoria. Los asuntos políticos importantes ya no se debatían públicamente. 41 Sin embargo, los representantes más brillantes de la oratoria del siglo II, los sofistas, del denominado Segundo Sofístico, procedían del Oriente griego. Aplicaban su elocuencia a objetivos políticos, entre ellos conseguir que los emperadores romanos y sus representantes otorgaran favores y recompensas a individuos y comunidades. La popularidad de los sofistas refleja la dominación general de la cultura griega en el Mediterráneo durante el siglo II y principios del III. El descenso de la literatura latina, coincide con un período de vitalidad de la literatura griega. Durante la mayor parte del siglo, la historia de Roma la escribieron griegos, u hombres de habla griega, en griego. Las artes visuales tienen como rasgo principal, la creación de un arte oficial del imperio con su propio mensaje reconocible y su propio repertorio de formas artísticas. Las obras de arte y la arquitectura servían para reforzar las pretensiones y los propósitos del emperador. LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO Los romanos rendían culto a sus antepasados y a diversos dioses de origen etrusco, griego y oriental. A pesar de que existía una religión oficial, el Estado era respetuoso de las creencias privadas de sus ciudadanos y por lo tanto admitía todo tipo de cultos. Durante el gobierno los emperadores de la dinastía Julio Claudia, surgió en Palestina una nueva religión: el cristianismo. Muchos romanos adoptaron esta religión de origen oriental, especialmente los esclavos y los pobres. A diferencia de las otras religiones, el cristianismo fue perseguido durante casi trescientos años. Recién en el año 313 d. C. el emperador Constantinopla declaró religión oficial del imperio. 42 UNIDAD N°2: LA EDAD MEDIA Y SUS NUEVAS FORMAS DE VIDA Término utilizado para referirse a un período de la historia europea que transcurrió desde la desintegración del imperio romano de Occidente, en el siglo V, hasta el siglo XV. No obstante, las fechas anteriores no han de ser tomadas como referencias fijas: nunca ha existido una brusca ruptura en el desarrollo cultural del continente. Durante mucho tiempo los investigadores consideraron a la edad media como un período de estancamiento cultural, ubicado cronológicamente entre la gloria de la antigüedad clásica y el renacimiento. La investigación actual tiende, no obstante, a reconocer este período como uno más de los que constituyen la evolución histórica europea, con sus propios procesos críticos y de desarrollo. Se divide generalmente la edad media en tres épocas. Ningún evento concreto determina el fin de la antigüedad y el inicio de la edad media. La culminación a finales del siglo V de una serie de procesos de larga duración, entre ellos la grave dislocación económica y las invasiones y asentamiento de los pueblos germanos en el Imperio romano, hizo cambiar la faz de Europa. Durante los siguientes 300 años Europa occidental mantuvo una cultura primitiva aunque instalada sobre la compleja y elaborada cultura del imperio romano, que nunca llegó a perderse u olvidarse por completo. Fragmentación de la autoridad Durante este período no existió realmente una maquinaria de gobierno unitaria en las distintas entidades políticas, aunque la poca sólida confederación de tribus permitió la formación de reinos. El desarrollo político y económico era fundamentalmente local y el comercio regular desapareció casi por completo, aunque la economía monetaria nunca dejó de existir de forma absoluta. En la culminación de un proceso iniciado durante el imperio romano, los campesinos comenzaron a ligarse a la tierra y a depender de los grandes propietarios para obtener su protección y una rudimentaria administración de justicia, en lo que constituyó el germen del régimen 43 señorial. Los principales vínculos entre la aristocracia guerrera fueron los lazos de parentesco aunque también empezaron a surgir las relaciones feudales. Se ha considerado que estos vínculos (que relacionaron la tierra con prestaciones militares y otros servicios) tienen su origen en la antigua relación romana entre patrón y cliente. Todos estos sistemas de relación impidieron que se produjera una consolidación política efectiva. La Iglesia La única institución europea con carácter universal fue la Iglesia, pero incluso en ella se había producido una fragmentación de la autoridad. Todo el poder en el seno de la jerarquía eclesiástica estaba en las manos de los obispos de cada región. El papa tenía una cierta preeminencia basada en el hecho de ser sucesor de San Pedro, primer obispo de Roma, a quien Cristo le había otorgado la máxima autoridad eclesiástica. No obstante, la elaborada maquinaria del gobierno eclesiástico y la idea de una Iglesia encabezada por el papa no se desarrollarían hasta pasados 500 años. La Iglesia se veía a sí misma como una comunidad espiritual de creyentes cristianos, exiliados del reino de Dios, que aguardaba en un mundo hostil el día de la salvación. Los miembros más destacados de esta comunidad se hallaban en los monasterios, diseminados por toda Europa y alejados de la jerarquía eclesiástica. En el seno de la Iglesia hubo tendencias que aspiraban a unificar los rituales, el calendario y las reglas monásticas, opuestas a la desintegración y al desarrollo local. Al lado de estas medidas administrativas se conservaba la tradición cultural del imperio romano. En el siglo IX, la llegada al poder de la dinastía Carolingia supuso el inicio de una nueva unidad europea basada en el legado romano, puesto que el poder político del emperador Carlomagno dependió de reformas administrativas en las que utilizó materiales, métodos y objetivos del extinto mundo romano. Vida cultural La actividad cultural durante los inicios de la edad media consistió principalmente en la conservación y sistematización del conocimiento del pasado y se copiaron y comentaron las obras de autores clásicos. Se escribieron obras enciclopédicas, como las Etimologías de San Isidoro de Sevilla, en las que su autor pretendía compilar todo el conocimiento de la humanidad. En el centro de cualquier actividad docta estaba la 44 Biblia: todo aprendizaje secular llegó a ser considerado como una mera preparación para la comprensión del Libro Sagrado. Esta primera etapa de la edad media se cierra en el siglo X con las segundas migraciones germánicas e invasiones protagonizadas por los vikingos procedentes del norte y por los magiares de las estepas asiáticas, y la debilidad de todas las fuerzas integradoras y de expansión europeas al desintegrarse el imperio Carolingio. La violencia y dislocación que sufrió Europa motivaron que las tierras se quedaran sin cultivar, la población disminuyera y los monasterios se convirtieran en los únicos baluartes de la civilización. La alta edad media Hacia mediados del siglo XI Europa se encontraba en un período de evolución desconocido hasta ese momento. La época de las grandes invasiones había llegado a su fin y el continente europeo experimentaba el crecimiento dinámico de una población ya asentada. Renacieron la vida urbana y el comercio regular a gran escala y se desarrolló una sociedad y cultura que fueron complejas, dinámicas e innovadoras. Este período se ha convertido en centro de atención de la moderna investigación y se le ha dado en llamar el renacimiento del siglo XII. El poder papal Durante la alta edad media la Iglesia católica, organizada en torno a una estructurada jerarquía con el papa como indiscutida cúspide, constituyó la más sofisticada institución de gobierno en Europa occidental. El Papado no sólo ejerció un control directo sobre el dominio de las tierras del centro y norte de Italia sino que además lo tuvo sobre toda Europa gracias a la diplomacia y a la administración de justicia (en este caso mediante el extenso sistema de tribunales eclesiásticos). Además las órdenes monásticas crecieron y prosperaron participando de lleno en la vida secular. Los antiguos monasterios benedictinos se imbricaron en la red de alianzas feudales. Los miembros de las nuevas órdenes monásticas, como los cistercienses, desecaron zonas pantanosas y limpiaron bosques; otras, como los franciscanos, entregados voluntariamente a la pobreza, pronto empezaron a participar en la renacida vida urbana. La Iglesia ya no se vería más como una ciudad espiritual en el exilio terrenal, sino como el centro de la existencia. La espiritualidad altomedieval adoptó un carácter individual, centrada ritualmente en el sacramento de la eucaristía y en la 45 identificación subjetiva y emocional del creyente con el sufrimiento humano de Cristo. La creciente importancia del culto a la Virgen María, actitud desconocida en la Iglesia hasta este momento, tenía el mismo carácter emotivo. Aspectos intelectuales Dentro del ámbito cultural, hubo un resurgimiento intelectual al prosperar nuevas instituciones educativas como las escuelas catedralicias y monásticas. Se fundaron las primeras universidades, se ofertaron graduaciones superiores en medicina, derecho y teología, ámbitos en los que fue intensa la investigación. Se recuperaron y tradujeron escritos médicos de la antigüedad, muchos de los cuales habían sobrevivido gracias a los eruditos árabes y se sistematizó, comentó e investigó la evolución tanto del derecho canónico como del civil. El escolasticismo se popularizó, se estudiaron los escritos de la Iglesia, se analizaron las doctrinas teológicas y las prácticas religiosas y se discutieron las cuestiones problemáticas de la tradición cristiana. El siglo XII, por tanto, dio paso a una época dorada de la filosofía en Occidente. Innovaciones artísticas La escritura dejó de ser una actividad exclusiva del clero y el resultado fue el florecimiento de una nueva literatura, tanto en latín como, por primera vez, en lenguas vernáculas. Estos nuevos textos estaban destinadas a un público letrado que poseía educación y tiempo libre para leer. La lírica amorosa, el romance cortesano y la nueva modalidad de textos históricos expresaban la nueva complejidad de la vida y el compromiso con el mundo secular. En el campo de la pintura se prestó una atención sin precedentes a la representación de emociones extremas, a la vida cotidiana y al mundo de la naturaleza. En la arquitectura, el románico alcanzó su perfección con la edificación de incontables catedrales a lo largo de rutas de peregrinación en el sur de Francia y en España, especialmente el camino de Santiago, incluso cuando ya comenzaba a abrirse paso el estilo gótico que en los siguientes siglos se convertiría en el estilo artístico predominante. La nueva unidad europea Durante el siglo XIII se sintetizaron los logros del siglo anterior. La Iglesia se convirtió en la gran institución europea, las relaciones comerciales integraron a Europa 46 gracias especialmente a las actividades de los banqueros y comerciantes italianos, que extendieron sus actividades por Francia, Inglaterra, Países Bajos y el norte de África, así como por las tierras imperiales germanas. Los viajes, bien por razones de estudio o por motivo de una peregrinación fueron más habituales y cómodos. También fue el siglo de las Cruzadas; estas guerras, iniciadas a finales del siglo XI, fueron predicadas por el Papado para liberar los Santos Lugares cristianos en el Oriente Próximo que estaban en manos de los musulmanes. Concebidas según el derecho canónico como peregrinaciones militares, los llamamientos no establecían distinciones sociales ni profesionales. Estas expediciones internacionales fueron un ejemplo más de la unidad europea centrada en la Iglesia, aunque también influyó el interés de dominar las rutas comerciales de Oriente. La alta edad media culminó con los grandes logros de la arquitectura gótica, los escritos filosóficos de santo Tomás de Aquino y la visión imaginativa de la totalidad de la vida humana, recogida en la Divina Comedia de Dante Alighieri. La baja edad media Si la alta edad media estuvo caracterizada por la consecución de la unidad institucional y una síntesis intelectual, la baja edad media estuvo marcada por los conflictos y la disolución de dicha unidad. Fue entonces cuando empezó a surgir el Estado moderno —aún cuando éste en ocasiones no era más que un incipiente sentimiento nacional— y la lucha por la hegemonía entre la Iglesia y el Estado se convirtió en un rasgo permanente de la historia de Europa durante algunos siglos posteriores. Pueblos y ciudades continuaron creciendo en tamaño y prosperidad y comenzaron la lucha por la autonomía política. Este conflicto urbano se convirtió además en una lucha interna en la que los diversos grupos sociales quisieron imponer sus respectivos intereses. La nueva espiritualidad Aunque este desarrollo filosófico fue importante, la espiritualidad de la baja edad media fue el auténtico indicador de la turbulencia social y cultural de la época. Esta espiritualidad estuvo caracterizada por una intensa búsqueda de la experiencia directa con Dios, bien a través del éxtasis personal de la iluminación mística, o bien mediante el examen personal de la palabra de Dios en la Biblia. En ambos casos, la Iglesia 47 orgánica —tanto en su tradicional función de intérprete de la doctrina como en su papel institucional de guardián de los sacramentos— no estuvo en disposición de combatir ni de prescindir de este fenómeno. Toda la población, laicos o clérigos, hombres o mujeres, letrados o analfabetos, podían disfrutar potencialmente una experiencia mística. Concebida ésta como un don divino de carácter personal, resultaba totalmente independiente del rango social o del nivel de educación pues era indescriptible, irracional y privada. Por otro lado, la lectura devocional de la Biblia produjo una percepción de la Iglesia como institución marcadamente diferente a la de anteriores épocas en las que se la consideraba como algo omnipresente y ligado a los asuntos terrenales. Cristo y los apóstoles representaban una imagen de radical sencillez y al tomar la vida de Cristo como modelo de imitación, hubo personas que comenzaron a organizarse en comunidades apostólicas. En ocasiones se esforzaron por reformar la Iglesia desde su interior para conducirla a la pureza y sencillez apostólica, mientras que en otras ocasiones se desentendieron simplemente de todas las instituciones existentes. En muchos casos estos movimientos adoptaron una postura apocalíptica o mesiánica, en particular entre los sectores más desprotegidos de las ciudades bajomedievales, que vivían en una situación muy difícil. Tras la aparición catastrófica de la peste negra, en la década de 1340, que acabó con la vida de una cuarta parte de la población europea, bandas de penitentes, flagelantes y de seguidores de nuevos mesías recorrieron toda Europa, preparándose para la llegada de la nueva época apostólica. Esta situación de agitación e innovación espiritual desembocaría en la Reforma protestante; las nuevas identidades políticas conducirían al triunfo del Estado nacional moderno y la continua expansión económica y mercantil puso las bases para la transformación revolucionaria de la economía europea. De este modo las raíces de la edad moderna pueden localizarse en medio de la disolución del mundo medieval, en medio de su crisis social y cultural. La sociedad feudal. Estructura social y económica del feudalismo Tal vez usted esté más familiarizado con el término Medioevo o Edad Media, que con el de feudalismo. Durante mucho tiempo se habló de Edad Media para hacer referencia al período de la historia europea que está entre la Antigüedad y el Renacimiento del siglo XV. 48 Esta periodización respondía a un prejuicio de los historiadores del siglo XVIII que creían que entre la caída del imperio romano y el Renacimiento, la humanidad se había sumido en una época oscura en la que nada bueno había sucedido. Uno de los inconvenientes de esta periodización es que engloba todos los procesos desarrollados entre los siglos V y XV, como si se tratase de uno solo. De hecho, podemos reconocer tres procesos diferenciados durante la Edad Media: la transición de la antigüedad al feudalismo, la consolidación de la sociedad feudal y la transición hacia un nuevo tipo de sociedad llamada capitalista. La sociedad feudal adquirió sus características definitivas luego de las invasiones de los siglos VIII y IX. Los ataques de los pueblos invasores –-árabes y vikingos- reforzaron la autonomía de las aldeas. Estas quedaron bajo el control de los terratenientes, pues ellos les ofrecían la protección que los reyes de los reinos romano-germánicos ya no podían dar. En consecuencia, los nobles terratenientes se transformaron en el verdadero poder político y económico en Europa occidental, en tanto que la monarquía se debilitó. La sociedad feudal estaba conformada básicamente por dos grupos sociales: una minoría de nobles terratenientes poseedores de los feudos y una mayoría de campesinos que trabajaban la tierra para su subsistencia y para la de los nobles. Los artesanos, si bien dedicaban la mayor parte del tiempo a su oficio, también eran campesinos pues debían cultivar sus alimentos. Religión y conocimiento en la sociedad feudal La religión cristiana se había difundido por todo el occidente europeo durante la última etapa del imperio romano. Con el paso del tiempo, la Iglesia católica se fue asociando con los grupos de poder. La nobleza acaparó los altos cargos eclesiásticos y los utilizó para consolidar su poder sobre la sociedad. Sólo en algunos monasterios se procuraba mantener los ideales de pobreza, castidad y obediencia. Por otra parte, los monasterios y abadías fueron los encargados de preservar la herencia cultural de occidente. En ellos los monjes guardaron libros de diferentes épocas y lugares, los copiaron y tradujeron al latín. La Iglesia en la sociedad feudal tenía como misión preservar el conocimiento acumulado por occidente a lo largo de cientos de años. Esta preservación implicó, entre otras cosas, concentrar un enorme poder. Este se reflejó tanto en aspectos económicos –la Iglesia tenía sus propios feudos- como en los políticos e ideológicos, 49 pues era la institución encargada de legitimar el poder de los señores y de establecer qué era el bien y qué era el mal. La crisis de la sociedad feudal Entre los siglos IX y XI se consolidó el sistema feudal tal como usted lo ha estudiado en la Unidad 2 de este bloque. A partir del siglo XII, comenzaron a operarse transformaciones profundas en Europa occidental que tuvieron como resultado la crisis de todo el sistema. El incremento de la población favorecido por los cambios tecnológicos se detuvo y dio paso a una profunda crisis demográfica. Paralelamente resurgieron las ciudades y se conformó una nueva clase social, la burguesía, que aportaría una nueva forma de pensar la sociedad. En este contexto, las características de la sociedad feudal se fueron desdibujando, mientras una nueva sociedad comenzaba a tomar forma. El comercio recuperó su antigua importancia, tanto en las ciudades como entre regiones cada vez más lejanas. Desde los centros urbanos se impulsó el comercio ultramarino y progresivamente se produjo un nuevo proceso de centralización política, que finalmente dio lugar a la formación de los Estados modernos y a la conformación de la economía mundo. A lo largo de esta unidad desarrollaremos los conceptos y procesos históricos que dieron lugar a la crisis del orden feudal. Transformaciones en la sociedad feudal En el siglo XI finalizaron las segundas invasiones y la sociedad comenzó a estar más segura y más asentada. La población comenzó a crecer debido a la paz que les permitía vivir más establemente. El crecimiento de la población planteaba la necesidad de producir más alimentos y para esto era necesario mejorarlas técnicas de cultivo a fin de aumentar los excedentes agrícolas. Durante siglos la sociedad europea produjo sus alimentos utilizando herramientas y técnicas de cultivo muy elementales. En el siglo XI comenzaron a producirse algunos cambios en las técnicas de producción que tuvieron importantes consecuencias para la vida de esta sociedad. Resurgimiento urbano y comercial Durante el feudalismo, las ciudades, si bien no desaparecieron del todo, perdieron el esplendor de la antigüedad greco romana. Las ciudades feudales parecían 50 fortalezas porque servían para que la población se refugiase en caso de guerra. Eran fundamentalmente sede de los obispos de la Iglesia católica y centros administrativos de las aldeas rurales. En ellas la actividad comercial y artesanal era muy escasa. Con el paso del tiempo estas fortalezas fueron creciendo en importancia, se fueron agregando edificios para la residencia de príncipes y señores, graneros y bodegas donde se almacenaban reservas para casos de guerra, iglesias y recintos para autoridades judiciales. La crisis del siglo XIV Hacia el siglo XIV, la expansión de la producción que había caracterizado a los siglos XI y XII había llegado a su fin. Los profundos cambios de los siglos anteriores favorecieron la crisis de la estructura social del feudalismo. Esta crisis se manifestó en todos los aspectos de la sociedad, pero afectó especialmente a los sectores populares. La formación de los Estados modernos en Europa y la expansión ultramarina Entre los numerosos cambios que protagonizó la sociedad europea luego de la crisis del siglo XIV se encuentran la conformación de los Estados modernos de Inglaterra, Francia, España y Portugal, la exploración de nuevas rutas comerciales por parte de los dos últimos, y el descubrimiento del continente americano, como consecuencia de ese proceso de exploración. Este conjunto de procesos posteriores a la crisis del siglo XIV dio lugar a la formación del llamado mundo moderno. Hacia el siglo XV muchas de las características de la sociedad feudal se habían modificado. Los factores principales de esa transformación fueron el desarrollo urbano y comercial, el creciente poder de la burguesía y una nueva organización del trabajo urbano y rural. Estos tres factores tuvieron en común el desarrollo del mercado, es decir, la creciente tendencia a producir para vender que fue desplazando gradualmente a la producción para el auto subsistencia característica del feudalismo. Los cambios en la organización económica, política y cultural de la sociedad europea favorecieron el proceso de exploración de nuevas rutas comerciales. Portugal y España fueron los principales protagonistas del proceso de exploración de las rutas oceánicas y de la conquista de los territorios descubiertos. Los navegantes portugueses, españoles e italianos fueron los primeros en desafiar las creencias de la época –que consideraban que la tierra era plana y que en el horizonte se acababa el mundo- navegando más allá de las rutas conocidas. 51 ¿Pero por qué fueron los reinos de Portugal y España los primeros en aventurarse por el océano Atlántico? Además de la ubicación geográfica de la península Ibérica, es fundamental tener en cuenta la necesidad de sus monarquías – más pobres que las de Francia o Inglaterra- de obtener metales preciosos, con el fin de afrontar los gastos de la corte, y el interés de los nobles por conseguir tierras y siervos para trabajarlas. Ambos reinos compitieron por hallar las mejores rutas oceánicas y por apoderarse de los territorios encontrados a su paso. Los avances en los conocimientos tecnológicos en materia de navegación les permitieron iniciar una aventura que cambió la historia de la humanidad. Paralelamente a los procesos de exploración y conquista, los reinos feudales controlados por la nobleza se fueron transformando en nuevos Estados. A partir del siglo XV la descentralización, característica del feudalismo, dio paso a la centralización del poder. Este proceso político se generó conjuntamente con el auge de la vida urbana y el creciente poder económico de la burguesía. El poder de los señores y la economía feudal comenzaron a decaer. Los reyes, que durante el feudalismo habían perdido autoridad, lograron recuperar el poder perdido con el apoyo de la burguesía y parte de la nobleza que veían en el sistema feudal una traba para su desarrollo económico. Para recuperar su autoridad y centralizar el poder, los reyes debieron formar ejércitos, contribuir barcos para la guerra y el comercio, e incorporar al Estado funcionarios que los ayudasen a gobernar. Los burgueses –banqueros y mercaderes- aportaron gran parte del dinero necesario para organizar los nuevos Estados. Así, los monarcas se impusieron sobre los señores feudales, y éstos a su vez aceptaron la autoridad real a cambio de mantener sus privilegios. Como consecuencia de ese proceso, se formaron algunos de los países europeos que existen en la actualidad, como por ejemplo Francia, Inglaterra, Portugal y España. En la Edad Media, el conocimiento acumulado por Occidente durante dos mil años fue preservado por los monjes cristianos en las bibliotecas de las abadías. Ellos fueron los encargados de traducir al latín, copiar y guardar los libros de ciencia, filosofía, política, religión y poesía. El resto de la sociedad europea no tenía acceso a esos conocimientos, pues la Iglesia sólo difundía la doctrina cristiana. Para la mayoría de las personas, que además no sabían leer ni escribir, la religión era la única fuente de conocimiento. Con el 52 surgimiento de la burguesía comenzaron a generarse una serie de cambios en la sociedad medieval, que condicionaron el modo de pensar y de ver el mundo. En las ricas ciudades de Italia y Flandes, en las que la burguesía y el comercio eran muy importantes, filósofos, artistas y científicos comenzaron a buscar respuestas a los profundos cambios que se estaban produciendo en la sociedad: la formación de Estados modernos, los cambios en la economía, el conocimiento de las culturas de Oriente a través del comercio. Más cercanos a los intereses económicos, políticos y culturales de la burguesía, esos pensadores y artistas, crearon un vasto movimiento cultural: el humanismo. Sus seguidores entendían que el conocimiento de la política, la ciencia y el arte mejoraban la condición humana; por lo que los humanistas impulsaron el desarrollo y la difusión de estas disciplinas, que favorecieron el avance de los conocimientos científicos en Europa. El humanismo no cuestionaba a Dios, sino la idea de que la religión fuera el único conocimiento posible. A pesar de que el humanismo sólo se difundió entre los grupos privilegiados de las principales ciudades comerciales de Europa, generó entre los europeos una nueva actitud respecto del conocimiento. 53 Unidad 3: La conquista de América y la organización del espacio colonial Con la conquista de América, las sociedades americanas sufrieron cambios irreversibles en sus culturas, pues la dominación europea implicó la alteración de la mayoría de sus costumbres y de su forma de vida. Los pueblos americanos fueron obligados a aceptar la religión cristiana, un sistema de trabajo al servicio de los intereses europeos, la lengua de los conquistadores, etc. Este proceso de transformación cultural se denomina aculturación. A pesar de los intentos de resistencia indígena a la dominación europea, el resultado de este conflictivo "encuentro" fue la conformación de la sociedad colonial, caracterizada por el mestizaje étnico y cultural, producto de la inevitable mezcla. El descubrimiento de América por parte de los europeos inició una nueva etapa en la historia de la humanidad. A partir de 1492 las sociedades de ambos continentes comienzan a transformarse como consecuencia de aquel encuentro. Una vez que las sociedades europeas lograron imponer su dominio sobre las americanas luego del proceso de conquista, tuvieron acceso a una enorme fuente de recursos tales como materias primas, metales preciosos, y mano de obra indígena para la explotación de los mismos. Esto favoreció la conformación definitiva de la economía mundo, y el desarrollo de un nuevo tipo de relación entre las regiones llamado colonialismo, cuya principal característica era la subordinación de las regiones periféricas a los intereses de los centros de poder europeos. Las culturas americanas Hasta el siglo XV Europa y América se habían desarrollado de forma completamente diferente y autónoma. Para esa época existían en América una gran diversidad de pueblos y culturas. Cada una de esas sociedades estaba organizada desacuerdo a patrones diferentes: 54 • Cazadores y recolectores. • Con incipiente desarrollo de la agricultura. • Sociedades urbanas y Estados. Los dos primeros tipos de sociedades ocupaban el litoral atlántico de América del sur y los actuales territorios de Argentina, Chile, Estados Unidos y Canadá. Rosque llegaron a desarrollar sociedades urbanas y estados se hallaban en la región andina, el actual territorio mexicano y parte de Centroamérica. Los pueblos de cazadoresrecolectores tenían las mismas características que las sociedades paleolíticas del viejo mundo: eran nómades, depredadores y no conocían la división en clases sociales. Por su parte, los pueblos agricultores eran sedentarios, productores de sus propios alimentos y tenían cierto grado de diferenciación social, es decir que eran sociedades de jefatura. Algunos antropólogos denominaron a estos dos estadios culturales paleo indio y neoindio, para diferenciarlos del paleo y neolítico europeos. Las sociedades con desarrollo urbano y estatal habían creado una cultura con muchas semejanzas a las del antiguo Egipto y la Mesopotamia asiática. En las regiones de Mesoamérica y del área andina, los mayas, aztecas e incas dieron vida a civilizaciones productoras de grandes excedentes agrarios, con una marcada diferenciación social, importantes ciudades y una fuerte centralización del poder político. Conquista y colonización de América: Exploración y ocupación del territorio. La conquista de México y Perú La búsqueda de rutas oceánicas puso a los españoles en contacto con un continente desconocido por ellos: América. La conquista de territorios formaba parte de los objetivos de los reinos europeos del siglo XV. Era un mecanismo común para obtener recursos económicos para sostener los Estados. Así es que cuando llegaron a América, iniciaron su conquista y la explotación de sus recursos, especialmente de los metales preciosos que abundaban en algunos territorios americanos. Para extraer esos recursos, los españoles derrotaron a los pueblos indígenas y luego los obligaron a trabajar para ellos. Las riquezas que ofrecía el continente impulsaron a muchos europeos a incorporarse a las empresas de conquista. La conquista siguió un patrón más o menos fijo. Se trataba de empresas privadas cuya organización y financiación corría por cuenta de individuos aventureros y ambiciosos, dispuestos a ofrecer sus servicios militares para participar de los futuros beneficios. 55 Los conquistadores firmaban un contrato con el rey llamado Capitulación. De acuerdo a este contrato, cada territorio conquistado pasaba a formar parte de la corona española, que además percibía un porcentaje de las riquezas halladas. Por su parte, el conquistador o adelantado tenía derecho a gobernar, impartir justicia, nombrar funcionarios y acuñar monedas en las tierras conquistadas. Los conquistadores solían ser hidalgos -miembros de la nobleza empobrecida- o pequeños comerciantes que esperaban conseguir tierras, oro, fama y prestigio. Llevaban con ellos milicias conformadas por soldados, peones, marineros, sacerdotes, changarines, médicos y cocineros. Una vez en América incorporaban, ocasionalmente, indígenas que cumplían la función de intérpretes o traductores. Aquellos hombres combinaban en general la codicia y la crueldad con la valentía y el espíritu religioso. En este sentido, eran típicos personajes medievales, pues mezclaban sus deseos de difundir la fe cristiana -evangelizar- con los de explotarlas riquezas y el trabajo de los indígenas Resistencia y aculturación de las sociedades americanas La conquista de América implicó, entre otras cosas, la destrucción del mundo indígena. De hecho, el primer contacto produjo una crisis demográfica de tal magnitud que la población indígena se redujo en pocas décadas a un tercio de laque era en los tiempos inmediatos a la conquista. Pero además de esta catástrofe en parte natural y en parte producto de la intensiva explotación del trabajo indígena, la sociedad, la economía, las religiones y la cultura de los pueblos americanos fueron devastadas. A pesar de varios intentos de resistencia finalmente se produjo un proceso de aculturación, es decir la transformación de la cultura indígena a partir del contacto violento con la cultura europea que logró imponer, no obstante resistencias más y menos orgánicas, su dominación. La colonización española: organización del espacio colonial y explotación de recursos Para comprender la organización del espacio americano luego de la conquista, es necesario analizar qué es el colonialismo. Las colonias son territorios que, luego de un proceso de conquistas, son incorporados a los dominios de un estado extranjero para que éste los explote en su beneficio. El colonialismo es, entonces, la relación existente entre los países conquistadores -metrópolis- y los países conquistados - 56 periferias-. Cuando analizamos el concepto de economía-mundo, planteamos que las principales metrópolis europeas fueron España, Inglaterra, Portugal, Francia y Holanda y que sus periferias eran América, Asia y África. Entre los siglos XVI yXIX, estas metrópolis explotaron en su beneficio los recursos de la periferia. Su principal objetivo era obtener materias primas -algodón, azúcar, cacao, cueros, bananas, café- esclavos y metales preciosos. Para lograr esos objetivos, dominaban política y militarmente los territorios conquistados, ya fuera a través de puestos de control diseminados en zonas estratégicas o a partir de redes más densas y vastas de poblaciones. Para poder explotar los recursos de las periferias, los europeos debieron previamente organizar el espacio colonial de acuerdo a sus intereses. En América, cada una de las metrópolis nombradas se apoderó de una parte del territorio y lo administró a su manera. En el caso de las colonias españolas, los conquistadores fundaron ciudades y crearon unidades políticas mayores, llamadas virreinatos. Los dos primeros fueron los de Perú y Nueva España, cuyas capitales eran Lima y México, respectivamente. En el siglo XVIII, para mejorar la administración de territorios tan vastos, crearon dos más: el de Nueva Granada y el del Río de la Plata. Cada virreinato estaba gobernado por un virrey, que era la autoridad máxima y representaba al rey en América. A su vez, los virreinatos se dividían en gobernaciones, que contenían diversas ciudades. Finalmente, cada ciudad estaba gobernada por un cabildo, que era un organismo colegiado, semejante a las actuales municipalidades. La sociedad creada por los conquistadores fue fundamentalmente urbana, pues fundaron una red de ciudades desde donde organizaban y administraban los territorios conquistados. En ellas residían las autoridades políticas, militares y religiosas, además de ser los centros de toda la actividad comercial y cultural. Insuma, reprodujeron en América, la sociedad urbana y comercial que se había consolidado en Europa luego de la crisis del siglo XIV. La colonización del actual territorio argentino: organización del espacio colonial y explotación de recursos Antes de la conquista, el actual territorio argentino estaba poblado por etnias con diferentes culturas. Mientras que en el noroeste argentino se desarrollaron sociedades 57 sedentarias de agricultores, en la región pampeana y en la chaqueña prevalecían los cazadores-recolectores seminómades. Los españoles implementaron diferentes estrategias según la cultura de las distintas poblaciones. Donde la población era sedentaria y abundante procuraron reducir a los indios al régimen de encomiendas. Esto generó fuertes rebeliones, especialmente en los valles calchaquíes. Donde la población era escasa y móvil, los europeos no pudieron dominar fácilmente a los indígenas. Debido a ello, -la escasez de población y su carácter indómito- los españoles no contaron con mano de obra indígena para explotar. Tal es el caso del litoral y la pampa donde, además, no había recursos para explotar valorados por los europeos -metales preciosos, azúcar, cacao, añil, etc.-. Debido a esto la bautizaron la "tierra del hambre”. La conquista del territorio tuvo tres vías de acceso: una por el este proveniente de España y del Paraguay, otra por el norte proveniente del Alto Perú -Potosí- y la tercera por el oeste, desde Chile. A su paso, los españoles fueron fundando ciudades desde donde tomaban el control sobre el territorio. Las ciudades del noroeste argentino se fundaron con el objetivo de proteger a la ciudad de Potosí de los ataques de pueblos indígenas. Esas ciudades sirvieron, luego, para abastecer al centro minero de mano de obra y diversos productos, como mulas, carretas y cueros. Por el contrario, las ciudades del litoral argentino se fundaron con el objetivo de comunicar la ciudad de Asunción -en el actual Paraguay- con el océano Atlántico. 58 UNIDAD N°4: LA EDAD MODERNALOS ORÍGENES DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA Período histórico que, según la tradición historiográfica europea y occidental, se enmarca entre la edad media y la edad contemporánea. La edad moderna, como convencionalismo historiográfico —así como las connotaciones del término moderno, utilizado por primera vez por el erudito alemán de finales del siglo XVII Cristophorus Cellarius—, responde en su origen a una concepción lineal y optimista de la historia y a una visión euro centrista del mundo y del desarrollo histórico. A pesar de ser aceptada comúnmente en los medios académicos occidentales como marco referencial, será objeto de una amplia reflexión entre los historiadores a lo largo del siglo XX en torno a su amplitud y sus límites cronológicos, sus escenarios geográficos, su alcance semántico y los fundamentos de la modernidad, entre sus aspectos esenciales. El siglo XVII representó el apogeo de la mentalidad moderna, caracterizado por el absolutismo monárquico el triunfo del mercantilismo, la revolución intelectual y las guerras de religión. El despotismo real fue consecuencia de una evolución gradual que adquirió características peculiares en cada región. Fue sobre todo en los órdenes jurídico, económico y administrativo, donde la monarquía trabajó arduamente, con el fin de reducir los anacronismos que separaban a la realidad de las instituciones vigentes. Estas circunstancias fueron el fomento de los nuevos ideales políticos que reflejaban de manera especial el deseo de contar con estabilidad y protección frente a la confusión y el caos producido por permanentes luchas. El orden y seguridad fueron considerados más importantes que la libertad y los monarcas reconocieron su derecho divino para gobernar, cuyo correlato era la obediencia ciega de sus súbditos. La nueva política económica: el mercantilismo, apoyaba la intervención estatal por considerarla factor propicio para aumentar la prosperidad comercial. Alcanzó nivel mundial, ampliando las bases del capitalismo, al valorizar las actividades lucrativas 59 subrayar el poder del dinero y considerar a la competencia como el fundamento de la vida económica. Desde el punto de vista social, la característica saliente fue la ascensión de la burguesía, favorecida por su poderío económico y su creciente alianza con la monarquía. Otros cambios sociales destacados fueron el crecimiento demográfico y el debilitamiento sostenido de la aristocracia. El progreso intelectual fue una revolución; varios factores contribuyeron a su advenimiento: ▪ Las ideas renacentistas ▪ Nueva visión del mundo aportado por los descubrimientos ▪ Revalorización de la matemática antigua. ▪ La necesidad de un método válido y confiable apareció como una exigencia fundamental para el quehacer científico. ▪ Los espíritus más progresistas se dispusieron a buscar nuevos criterios metodológicos. Los límites espaciales y cronológicos del mundo moderno El prisma euro centrista desde el que se concibe la edad moderna es la consecuencia de la valoración que el pensamiento europeo-occidental ha hecho de unos procesos básicos y característicos de la cristiandad occidental a lo largo de un dilatado período de tiempo. En este sentido, la geografía de la modernidad estará delimitada por Europa, concretamente Europa occidental, y por la magnitud de la expansión de su civilización desde el inicio de los tiempos modernos. Pero la conceptualización del mundo moderno y sus límites espaciales y cronológicos son objeto de diferentes aproximaciones desde la propia historiografía de Europa occidental. La historiografía tradicional francesa, por su lado, considera que la edad moderna transcurre entre los siglos XVI y XVIII, situando sus comienzos en torno a la caída de Constantinopla en 1453, al descubrimiento de América en 1492 y al fenómeno cultural del renacimiento, en tanto que emplaza su final en el derrumbamiento de la vieja monarquía y el proceso revolucionario iniciado en 1789 (Revolución Francesa), con el que se iniciaba la contemporaneidad. En cambio, en la historiografía anglosajona el término ‘moderno’ hace referencia a un período más 60 prolongado y móvil. En consecuencia, la duración de los tiempos modernos tradicionalmente se ha situado tras el renacimiento, hacia el año 1600, y su final tiende a prolongarse en el tiempo hasta el siglo XX. La delimitación de su ocaso puede variar según las diferentes historiografías, en virtud del propio ritmo histórico de cada pueblo: por ejemplo, en 1848, en las naciones de Europa central; o en 1917 para Rusia. De cualquier modo, y aunque la historiografía occidental ha tendido a situar la edad moderna entre los siglos XVI y XVIII, la consideración de acontecimientos puntuales de singular relieve en modo alguno son significativos sin la valoración de los procesos de cambio a nivel estructural en el devenir de las sociedades. Así, los inicios de la edad moderna difícilmente pueden ser comprensibles sin atender al despertar del mundo urbano en Occidente desde el siglo XIII, al clima de intenso debate religioso que preludia la Reforma iniciada en el siglo XVI, a los primeros síntomas de cambio en los comportamientos de la economía hacia formas pre capitalistas o al proceso de conformación de los primeros estados modernos desde finales del siglo XV. Del mismo modo, el final de la edad moderna habrá de ser igualmente flexible en virtud de los procesos constitutivos de la quiebra y desintegración del Antiguo Régimen, cuya transición tendrá un ritmo y una duración variable según las diferentes realidades históricas de cada pueblo, y que a grosso modo podemos dilatar desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XIX, y aún en algunos casos hasta el propio siglo XX. En consecuencia, las transiciones hacia la modernidad y hacia el fin de la misma diluyen sus límites tanto en el Medioevo como en la contemporaneidad. Los rasgos esenciales de la modernidad La modernidad en su origen y en su esencia es un fenómeno europeo, pero la emergencia, extraversión y expansión de Europa le conferirán una dimensión mundial, a través de la presencia y la interacción de los europeos con otras civilizaciones de ultramar. Como fenómeno esencialmente europeo los rasgos de la modernidad ilustran unas pautas de cambio profundo en la configuración del universo social, no sin variaciones según los diferentes pueblos de Europa. En el ámbito de las creencias, el hecho más elocuente del inicio de la modernidad es la quiebra de la unidad cristiana en Europa central y occidental, precedido del agitado caldo de cultivo de las herejías y las contestaciones críticas a la Iglesia romana en la baja edad media y que culmina en la Reforma protestante y el inicio de un largo ciclo de las guerras de religión desde 61 principios del siglo XVI. Asimismo, la secularización del saber, la consolidación de la ciencia y el avance del librepensamiento, basados en el pilar de la razón, generarán actitudes críticas hacia las religiones reveladas. Estos cambios en la atmósfera cultural y su manifestación en los avances tecnológicos revolucionarán los hábitos materiales de las sociedades europeas y su visión y relación con el entorno a escala planetaria. Los nuevos inventos, en la navegación y en el campo militar, por citar dos ejemplos, facilitarán los descubrimientos geográficos y la apertura de nuevas rutas de navegación hacia los mercados de Extremo Oriente y hacia el Nuevo Mundo. En un plano más amplio, el nuevo marco cultural perfilado en el renacimiento y el humanismo generarán un escenario en el desarrollo del saber donde el hombre ocuparía un lugar central, cuya proyección alcanzaría su más elocuente forma de expresión en el espíritu de la Ilustración en el siglo XVIII y la configuración de Europa como paradigma de la modernidad. Desde una perspectiva socioeconómica, la lenta pero progresiva implantación de formas protocapitalistas, vinculadas al desarrollo del mundo urbano desde los siglos XII y XIII, y el creciente peso de la actividad mercantil y artesanal en unas sociedades todavía agrarias, irán definiendo los rasgos de la sociedad capitalista. Aquellas transformaciones económicas transcurrirán paralelas al proceso de expansión de la actividad económica de los europeos en otros mercados mundiales, bien ejerciendo unas relaciones de explotación sobre sus dependencias coloniales o bien en un plano más igualitario, en primera instancia, en otras áreas del globo, como expresión de la emergencia mundial de las potencias europeas. Asimismo, conviene observar la traslación del eje de la actividad económica, y también geopolítica, desde el Mediterráneo, que no obstante seguirá jugando un papel crucial en la historia de los europeos en su relación con ultramar, hacia el Atlántico. Las transformaciones económicas transcurrieron parejas e indisociables a ciertos cambios en la estructura social del Antiguo Régimen. Entre éstos, el protagonismo de nuevos grupos sociales muy dinámicos en su comportamiento, tradicionalmente asimilados al complejo concepto de burguesía, los cuales recurrirán a distintas estrategias tanto de corte reformista como revolucionario para su promoción social y política y la salvaguardia de sus intereses económicos. Movimientos que no convienen simplificar y superponer a otros fenómenos sociales que atañen a otros sectores de la población, tanto agraria como urbana, de carácter más revolucionario, como se pueden observar en el siglo XVII en el marco de la revolución inglesa; o las 62 estrategias de los grupos tradicionales de poder para frenar o .neutralizar esos movimientos mediante la cooptación de esa burguesía emergente o mediante el recurso a prácticas represivas. De cualquier modo, estas pautas de transformación social conducirían con mayor o menor celeridad y con las peculiaridades propias de cada sociedad a la antesala del ciclo de revoluciones burguesas que se iniciaría desde finales del siglo XVIII y que supondría, en términos generales, el desmantelamiento del Antiguo Régimen. Desde la perspectiva política, el fenómeno más relevante es la configuración del Estado moderno, las primeras monarquías nacionales, las cuales se irán abriendo paso a medida que se diluya la idea medieval de imperio cristiano a lo largo de las luchas de religión del siglo XVI. El nacimiento del Estado moderno concretará la expresión de nuevas formas en la organización del poder, como la concentración del mismo en el monarca y la concepción patrimonialista del Estado, la generación de una burocracia y el crecimiento de los instrumentos de coacción, mediante el incremento del poder militar, o la aparición y consolidación de la diplomacia, conjuntamente al desarrollo de una teoría política ad hoc. Fórmulas que culminarían en el Estado absolutista del siglo XVII o en los despotismos ilustrados del siglo XVIII, pero que no pueden ocultar la complejidad de la realidad política europea y el desarrollo de modelos de gobierno alternativos, como las formas parlamentarias que se fueron implantado desde el siglo XVII en Inglaterra, y que vaticinan en la práctica y en sus teorizacio.es el posterior desarrollo del liberalismo. En su dimensión internacional, la emergencia y la configuración de la Europa moderna perfilarán una nueva visión y una inédita actitud hacia el mundo, y en esa perspectiva la modernidad implica el inicio de los encuentros, y también desencuentros, con otras civilizaciones a lo largo del globo. Los descubrimientos geográficos y las nuevas posibilidades habilitadas por las innovaciones técnicas transformarán radicalmente la visión que del mundo tendrían los europeos. Un cambio de actitud que conjuntamente con las transformaciones socioeconómicas, culturales y políticas llevará a los europeos a expresar su extraversión hacia ultramar y concretar en el plano internacional la emergencia de Europa. En ese proceso, los europeos entrarán en contacto con otros mundos y con otras civilizaciones, no siempre con un ánimo dialogante, sino con la pretensión de imponer sus formas de civilización, o dicho de otro modo, con la intención de crear otras Europa, siempre que encontraran las circunstancias adecuadas para hacerlo. Es 63 cierto que en el caso de América, el Nuevo Mundo se convirtió en el punto de destino de las utopías del viejo continente, pero en el plano general de la política europea hacia estas áreas, como más adelante ocurriría con la expansión europea por otros continentes, se plantearía en términos de desigualdad en favor de las metrópolis europeas. Por último, la emergencia y la progresiva hegemonía mundial europea acabaría influyendo en el desarrollo de las relaciones internacionales, en la misma proporción que su expansión por el globo, aún lejos a finales del siglo XVIII de lo que sería la culminación de las prácticas imperialistas y de la hegemonía europea en vísperas de la I Guerra Mundial. La crisis del universalismo imperial y pontificio (la Christianitas medieval) entre los siglos XIV y XVI dejará paso a una nueva realidad internacional europea definida por el protagonismo de los estados modernos, la pluralidad de los estados soberanos, y la configuración del ‘sistema de estados europeos’, cuya acta de nacimiento bien puede datarse en la Paz de Westfalia de 1648. Los estados, y concretamente las grandes monarquías europeas de los siglos XVII y XVIII, serán el elemento predominante en las relaciones internacionales de la edad moderna y al designio de éstos quedará relegadas la suerte de las posesiones europeas de ultramar y las posibilidades de penetración en otros mercados extraeuropeos. Cambios y permanencias en el mundo moderno Buena parte de la historiografía modernista sigue manteniendo una división trifásica de la evolución de dicho período histórico, aunque introduciendo matices y observaciones que se han ido suscitando a medida que se ha ido revisando la historiografía tradicional occidental. En este sentido, se distingue un primer período, ajustado a un "largo siglo XVI", entre mediados del siglo XV y las últimas décadas del siglo XVI, de nacimiento de los tiempos modernos y en el que se comienzan a manifestar con notoria claridad los rasgos de la nueva época y la disolución del mundo medieval; un periodo de reajuste y crisis, entre las últimas décadas del siglo XVI y las décadas centrales de la segunda mitad del siglo XVII, marcado por tensiones sociales y económicas de desigual impacto en los diferentes estados, reajustes en la correlación de fuerzas entre las potencias europeas a lo largo de la guerra de los Treinta Años, y de cambios importantes en las fórmulas de organización del poder en los estados; y una tercera etapa, iniciada en las décadas finales del siglo XVII hasta las últimas décadas del siglo XVIII, con el inicio del ciclo revolucionario, caracterizado por la 64 recuperación económica y demográfica, aunque en algunos casos perdurará el estancamiento, el desarrollo del espíritu de la Ilustración y la consolidación de dos modelos políticos (el despotismo o el absolutismo ilustrado) y la monarquía parlamentaria inglesa, junto a otros factores indicativos de cambio en términos políticoideológicos, como la Independencia estadounidense y la Revolución Francesa, o en términos socioeconómicos a raíz de las primeras manifestaciones de la industrialización en Inglaterra Pero en la consideración crítica de los cambios y los rasgos de la modernidad se ha de ser extremadamente cauteloso al estudiar las diferentes realidades históricas de los pueblos y los estados, considerando su propia idiosincrasia y su propio ritmo evolutivo, tanto dentro como fuera del ámbito europeo. Y asimismo, se ha de considerar el alcance social de los cambios y la inercia de las permanencias, puesto que a lo largo de la edad moderna es mucho más lo que permanece que lo que cambia respecto a la edad media, si apreciamos la estructura y los comportamientos demográficos, la naturaleza agraria de las sociedades europeas, o la naturaleza de las relaciones sociales en el marco de la sociedad estamental. La misma apreciación se puede plantear para definir los límites de la edad moderna y el inicio de la contemporaneidad en virtud de la pervivencia del Antiguo Régimen, a raíz de las pautas de cambio y continuidad en las esferas económica, social, político-ideológica y cultural, en los diferentes pueblos y dentro de las mismas sociedades nacionales. Orígenes del capitalismo En la actualidad nuestra sociedad pertenece al sistema capitalista. En esta unidad analizaremos las características de ese sistema y comenzaremos por rastrear el proceso histórico que dio lugar a su formación. En principio, debemos recordar nuevamente el concepto de transición, esta vez de la sociedad feudal a la capitalista. La sociedad feudal comenzó a transformarse con el desarrollo urbano y comercial. El descubrimiento de América fue producto de esa transformación y contribuyó a la formación de una economía mundo. Ésta incluía los nuevos espacios conquistados y favoreció el desarrollo de un nuevo tipo de sociedad, la sociedad capitalista. La explotación de los recursos americanos dinamizó el desarrollo económico y comercial de Europa, pues aportó una gran cantidad de materias primas que se procesaban en Europa, y metales preciosos que fueron atesorados por los estados europeos. El permanente incremento de las transacciones comerciales favoreció una 65 nueva forma de organización económica, centrada en el mercado. La producción para la auto subsistencia se redujo a los campesinos pobres de Europa América. En esta unidad, entonces, usted estudiará los cambios que se generaron en Europa a partir de la desintegración del orden feudal producido a partir de la crisis del siglo XVII, las ideas y los procesos revolucionarios que dieron lugar a la formación del capitalismo europeo y las características de este sistema económico. Transformaciones políticas, económicas y sociales en los Estados europeos Luego de la crisis del siglo XIV los europeos fueron protagonistas de una serie de transformaciones, que a lo largo de tres siglos terminaron con la sociedad feudal. Se consolidó el absolutismo monárquico en el orden político; la producción para el mercado en lo económico; y fue creciendo el poder de la burguesía conjuntamente con la vida urbana, en lo social. El siglo XVII fue testigo de una nueva crisis que afectó a toda Europa occidental ya América. Se detuvo el crecimiento demográfico, se contrajo la actividad comercial y disminuyó la producción agrícola. Hubo pestes y hambrunas que provocaron una gran agitación social y política. Como dijo el historiador Eric Hobsbawn: "hacia fines del siglo XVII, sucedió otro período de ajuste, fue la crisis del siglo XVII. Es la ruptura final de la sociedad feudal y el primer paso hacia el triunfo definitivo del capitalismo; virtualmente reproduce durante el siglo XVIII a través de la Revolución Industrial, en Gran Bretaña, y luego en Francia y en Estados Unidos". La crisis del siglo XVIII 1- Las nuevas ideas políticas, económicas y sociales en Francia e Inglaterra A pesar de que la burguesía no tomó el poder político en Francia, consolidó su poder económico. Durante el siglo XVIII, su protagonismo en la sociedad se expresó, entre otras cosas, en la difusión de ideas políticas, económicas y sociales que representaban sus intereses de clase. El movimiento intelectual impulsado por la burguesía se denominó Ilustración y su característica más sobresaliente fue la reivindicación de la razón como principal fuente de conocimiento y de organización de 66 la sociedad. Se oponían a los principios rectores de la Edad Media, a la que consideraban una era de oscuridad y sin razón. Las revoluciones burguesas: caracterización de la revolución industrial y de la revolución francesa El siglo XVIII es el siglo de las llamadas revoluciones burguesas. Comenzaremos por explicar qué entendemos por una revolución. En primer lugar es evidente que se trata de un proceso de cambios profundos. Sin embargo, cambios hubo en toda la historia de la humanidad y no siempre utilizamos la palabra "revolución" para definirlos. Una revolución implica un ciclo de transformaciones profundas, que suceden en un corto plazo de tiempo. Es decir que, una serie de procesos que vienen madurando lentamente, se aceleran en un determinado momento debido a la intervención de ciertos factores –aspectos tecnológicos, crisis sociales, golpes de Estado- que generan la aceleración del tiempo histórico. Esto fue lo que ocurrió en el último cuarto del siglo XVIII: una serie de procesos revolucionarios sacudió a la sociedad europea. Entre ellos, los fundamentales corresponden a la revolución industrial inglesa y la Revolución Francesa. Ambos movimientos transformaron la historia de la humanidad, el primero en los aspectos económicos y el segundo en los políticos. La revolución industrial fue una revolución productiva, que junto con la revolución agrícola, estuvo sostenida en avances tecnológicos que permitieron un enorme incremento en la producción rural y manufacturera. Con ella nació un nuevo modo de producir mercancías, que, si bien se originó en Inglaterra, en el siglo XIX se extendió por toda Europa, Estados Unidos y Japón. La Revolución Francesa fue una revolución política que terminó con el absolutismo monárquico. Con ella, el Estado dejó de ser concebido como patrimonio exclusivo del rey, para ser considerado patrimonio del pueblo. Inspirada en las ideas de la Ilustración, impuso la soberanía del pueblo y el liberalismo en Francia. La sociedad capitalista A lo largo de esta unidad, usted estudió los orígenes del capitalismo, los procesos revolucionarios que lo consagraron definitivamente y las relaciones sociales entre la burguesía y el proletariado características de este sistema. A lo largo del siglo XIX, el capitalismo se difundió y se consolidó en la mayor parte de los países europeos, Estados Unidos y Japón. Estos países afianzaron su papel de centro en el sistema 67 económico mundial. Las colonias, con excepción de Estados Unidos y Canadá, mantuvieron su lugar de periferia, aún después de haberse independizado políticamente de las metrópolis coloniales. Esto significa que, aunque desde el punto de vista político habían logrado su independencia formal a partir de la primera década del siglo XIX, siguieron dependiendo económicamente de los países centrales. Es decir que el capitalismo se transformó en un sistema económico mundial, conformado por un centro productor de manufacturas y tecnología, y una periferia productora de materias primas destinadas a ese centro. En las sociedades capitalistas centrales, si bien se mantuvo la producción rural, la mayor parte de la producción era realizada en las fábricas, que así se constituyeron en el principal escenario del conflicto entre la burguesía y la clase obrera. Ese conflicto se derivaba de la contradicción de intereses entre ambas clases, pues el enriquecimiento de la burguesía provenía de la explotación del trabajo de los obreros. Los trabajadores generaban excedentes de productos que los empresarios destinaban a la comercialización. La ganancia de la burguesía se generaba a partir de la comercialización de los excedentes producidos por los trabajadores. En las primeras etapas del capitalismo industrial, los burgueses procuraban pagar lo menos posible el trabajo obrero -generalmente por debajo de los niveles de subsistencia- a fin de ampliar sus márgenes de ganancia. |name= |value= }}

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